Nombre de un personaje indio cuya historia se narra en el Mahābhārata (v.). Cirakārin, cuyo nombre significa «el que obra lentamente», encarna el tipo de quien antes de pasar a la acción se entretiene reflexionando y examinando por todos lados el acto que intenta llevar a cabo.
Como tipo se contrapone a toda impulsividad y a toda ciega irreflexión. El relato ejemplar que hallamos en el Mahābhārata tiende a exaltar la sensatez del joven Cirakārin, el cual, por orden de su padre Gautama, debería dar muerte a su madre, que se ha mancillado con una culpa. Cirakārin medita largamente sobre la alternativa entre cometer tan grave delito o desobedecer a su padre. Y mientras reflexiona sin resolverse a obrar, he aquí que llega el padre que, pasado el arrebato de ira que le indujo a su inhumana orden, se alegra de que Cirakārin no la haya llevado a cabo.
Es dramático el soliloquio en el cual el joven compara uno con otro el afecto por su padre y el que siente por su madre, y delicadísimas las frases con que se repite a sí mismo la significación profunda, tierna e insustituible que la madre tiene para todo hombre: «La madre es la que da la vida al cuerpo de los hombres y consuela a todo afligido; cuando se tiene madre, se tiene protección; cuando no, ésta falta. No sufre dolor ni siente el peso de los años aquel que, aunque carezca de todo, al volver a su casa puede gritar: ¡Madre!… El hombre sólo envejece, sólo es infeliz, sólo ve muerto el mundo a su alrededor, cuando ha perdido a su madre…».
La vacilación de Cirakārin no es, pues, una duda a lo Hamlet sino ponderada prudencia: no busca una verdad que instintivamente posee, sino sólo se preocupa de adecuar su acción a los principios éticos fundamentales ya de antemano arraigados en su alma.
M. Vallauri

