Chéri

Protagonista de la novela del mismo nombre (v. Querido) de Colette (1873-1954) y de su continuación La fin de Chéri. Bello animal al estilo de 1900, «jo­ven insignificante, rico y sin corazón», el ocioso Chéri es la encarnación del mu­chacho amante de una mujer madura, Lea, que siente por él un generoso amor teñido de abnegación maternal.

Lea es una mujer de caracteres casi varoniles, que se ha li­berado de su femineidad gracias al extre­mado valor con que la asume. En cambio Chéri está anclado a su infancia por las que hoy llamaríamos «pervivencias infantiles», y lo que busca en Lea, juntamente con la plenitud sensual, es el paraíso perdido del seno materno. Sobre ella «ejercita sus uñas de niño malcriado», mientras ella le ama con absoluto desinterés. «Lo contempló tan profundamente, con un tan perfecto olvido de todo cuanto no era él, que ni siquiera pensó en besarle».

Chéri se convierte, pues, en la cosa, la presa, la creación de su «Nounoune» (obsérvese la raíz freudiana de esta designación) y poco a poco va cre­ciendo y envejeciendo en esa seguridad y en esa huida de la virilidad auténtica: «Contigo puedo seguir teniendo doce años durante medio siglo». Chéri nació «entre las bellas otoñales, entre los masajes eléc­tricos y las cremas grasas». Pero muchos años después la guerra vendrá a arrancarle de este encanto: éste será el argumento de El fin de Chéri.

En esta obra le vemos vol­ver en sí, pero al mismo tiempo perder su peculiar hechizo y su lánguida molicie, que constituían todo su interés. Para intentar salvarle de la guerra, se le casa según la tradición de la buena sociedad, o sea eli­giéndole una esposa. Lea consiente en este matrimonio, ya que para ella ha llegado el momento de envejecer y dejar que Chéri vuele con sus propias alas.

Pero la noche de bodas, punto culminante de la novela, Chéri huye de los brazos de su esposa, que le hiela con su misma juventud, para ir por última vez a buscar en su «Nounou­ne» el extático y maravilloso placer de la infancia. Chéri es una novela construida a base de una sucesión de escenas tratadas en profundidad, analizadas hasta la médula, según las formas psicológicas y naturalistas del siglo XIX.

Tal vez jamás en la litera­tura un hombre ha sido contemplado con una mirada tan franca y penetrante por una mujer dotada de una extraordinaria inteligencia amorosa al par que de la más implacable lucidez. En rigor podría decirse que Chéri es a la vez el triunfo y el úl­timo destello de Lea, y que ésta es el desquite de la mujer artísticamente inolvidable y convertida en un personaje eterno.

N. D’Agostino