Chanfalla

Protagonista del Retablo de las maravillas, uno de los más perfectos Entremeses (v.) de Miguel de Cervantes Saavedra (1547-1616). El saltimbanqui Chan- falla es uno de aquellos simpáticos «pica­ros» de que se sirve Cervantes para poner en ridículo a la sociedad conservadora, a sus leyes y a sus convenciones.

Habiendo llegado a un pueblo con su mujer Chirinos y su criadito Rabelín organiza un espec­táculo en casa del corregidor, con asisten­cia de las autoridades y de sus familias. En su mágico teatrillo, inventado por el sabio Tontonelo, hará ver las más maravi­llosas representaciones a quien no sea cris­tiano nuevo o bastardo.

Recientes todavía los rigores de la Inquisición y de la ex­pulsión de judíos y moriscos, naturalmente todos los asistentes se alaban de ser «cris­tianos viejos», y todos afirman ver a San­són que derriba el templo, al toro enfure­cido que da muerte al mozo de Salamanca, a un sinfín de ratones que descienden en línea recta de los del Arca de Noé, el agua milagrosa de la fuente del Jordán que em­bellece a todas las mujeres y rejuvenece a todos los hombres, leones, osos y final­mente a Salomé en sus danzas.

Sólo el gobernador, a pesar de que también dice verlo, está acongojado por la duda de ser bastardo entre tantos hijos legítimos. Así y todo, es uno de los que más se enojan contra el furriel que, llegando de impro­viso a requerir alojamiento para las tro­pas, no está prevenido y por consiguiente no ve nada en el maravilloso retablo. Y todos, contentos de poder echar sobre otro su secreta afrenta, arrecian en sus ataques al pobre furriel calificándole gratuitamente de «unus ex illis», esto es, bastardo o con­vertido, y aplauden la maravilla del reta­blo y el arte de su autor, que se marcha prometiendo un nuevo espectáculo para el día siguiente.

F. Díaz-Plaja