César

Verdaderamente, el poema de Lucano gozó de amplia difusión en las escuelas medievales (recuérdese que Lucano es uno de los cinco poetas de la «bella escuela» del «noble castillo» del Limbo), y fue uno de los textos en que se estudiaba «retórica» e «historia»; y como todos los textos en que se funda la cultura clerical, ocupa un importante lugar en la literatura «cortés» en lengua vulgar, especialmente en Fran­cia.

Una parte de la Farsalia fue refun­dida con algunas modificaciones en «franco- italiano» por Niccoló da Verona en el si­glo XIV, como un siglo antes había sido convertida en novela en prosa por Jean de Tuin, y esta novela hubo después de ser nuevamente versificada por Jacot de Forest.

Casi hacia la misma época, el conte­nido de la Farsalia, compaginándolo con relatos derivados de Salustio, de César y de Suetonio, entra a formar parte de la gran compilación histórica titulada Faits des Romains, que en las refundiciones o versiones italianas se convierte en Hechos de César (v.), ya que César figura en el centro del relato. En las compilaciones his­tóricas y en las interpretaciones novelescas, César aparece como un héroe del mundo caballeresco (v. Alejandro Magno): obra y habla como un «paladín» o como «un caballero errante».

Y, de acuerdo con el gusto «cortés», en la novela de Jacot se concede una particular importancia a la historia de los amores de César y Cleopatra (v.), del mismo modo que en la novela francesa de Eneas (v.) se da especial re­lieve a la historia de los amores de éste con Dido (v.) y con Lavinia (v.). César es «amante», ante todo, en la novela de Jacot y como todos los héroes de la novela cor­tés, ya sea clásica, ya artúrica, vence y combate por amor.

En los textos de inten­ción histórica, en cambio, aparece en pri­mer plano la figura del César guerrero, conquistador del mundo. Ésta es la ima­gen que Dante precisa en su verso escul­tural: «Cesare armato dagli occhi grifagni» (César armado de rapaces ojos); y se re­conoce también en los versos que comen­tan el retrato pintado de César en los frescos, atribuidos a Giotto, de los «famosos antiguos», en una sala del Castelnuovo de Nápoles: «Yo fui el osado César emperador que quiso ser señor de todo el país; y mi alma fue de tanto valor que siempre quise ser primero en toda empresa… y poseí un corazón tan valeroso que nunca temí el poder de nadie ni jamás tuve miedo a la muerte ni temí jamás ningún gran revés, antes me impulsaba a volver a gozar… pero todo mi poder murió en un día».

A. Viscardi