Cedric

Es el protagonista de El peque­ño lord Fauntleroy (v.), novela para niños de la escritora angloamericana Francés Elisa Hodgson Burnett (1849-1924).

Ha servido de modelo a generaciones enteras de mu­chachos, que veían en el pequeño lord la convergencia de todas las virtudes progre­sistas y conservadoras, el héroe joven que logra siempre triunfar sin perder jamás el afecto ni la simpatía de los jóvenes ni de los viejos, de los ricos ni de los pobres, de los buenos ni de los malos, de los in­gleses ni de los norteamericanos.

La obra fue escrita en la época, hoy remotísima, en que el matrimonio con una americana era considerado por los ingleses como «una desdicha social», mientras la joven América democrática consideraba a la aristocracia inglesa como un bárbaro residuo del feu­dalismo de la Edad Media. En efecto, na­cido del matrimonio de un noble inglés con una virtuosa joven norteamericana, Cedric se cría fuera de la rígida tradición aristocrática inglesa y se convierte en el muchacho americano modelo.

Pero al mo­rir su padre entra en posesión del título de lord Fauntleroy, de un espectacular cas­tillo con su correspondiente parque, caba­llerizas y criados de librea y también con un terrible abuelo inglés, cuya sola visión hace temblar de miedo. Pero Cedric, con sus infinitas virtudes, acaba ganándose el corazón de todo el mundo, incluso el del anciano cascarrabias, que bajo su aspecto feroz revela un corazón $e oro y colma de afecto y de regalos a su nieto y a la ma­dre de éste. Cedric es el representante de una raza, la raza anglosajona, que se re­conoce a sí misma llena de virtudes de las que le erige en símbolo.

Es una invita­ción y un himno a la amistad angloame­ricana: quiere demostrar a los ingleses que la juventud del Nuevo Mundo, por moderna y democrática que sea — el pequeño lord suele detenerse a hablar por la calle con un limpiabotas o con un tendero —, sabe ser exquisita, refinada, noble y fascinado­ra; y a los americanos, que bajo las ma­neras conservadoras y aristocráticas de los ingleses late a menudo un corazón sensible y delicado, que no rehúye el contacto de toda alma noble.

V. Ottolenghi