Carmesina

Es éste el nombre de la hija del emperador de Constantinopla, y enamorada de Tirante el Blanco (v.) en la novela catalana medieval que lleva este nombre (v.).

El caballero, enviado a bus­car para salvar al Imperio del peligro de los turcos, es presentado en la corte al Emperador, a la Emperatriz y a la Infanta Carmesina. Nace el amor súbito entre el caballero y la Infanta, que el autor, siguien­do la «descriptio puellae», nos presenta en plenitud de belleza, de gracia y de dis­creción y más angélica que humana; la naturaleza se excedió en ella: sus cabellos brillaban como el oro, divididos en dos ma­ravillosas trenzas; sus cejas eran arquea­das; sus ojos relucientes como estrellas o piedras preciosas, pero a la vez templados por la dulzura de su mirar; su nariz deli­cada; el color de su rostro como el de las rosas mezcladas con lirios; los dientes pe­queños y prietos parecían de cristal; las manos finas con los dedos suaves y afila­dos.

Tiene lugar entre los dos un delicado intercambio de frases corteses y de confi­dencias; entretanto, en la intimidad, Ti­rante se deshace en lamentos de amor por ella. Antes de embarcar para Chipre, y a ruegos de ella que quiere saber de quién está enamorado, el caballero le declara su amor dándole un espejo y diciéndole que en él verá el rostro de la dama objeto de su pena y de su amor. Tienen lugar a con­tinuación las interminables gestas de Ti­rante contra los turcos y otros enemigos (en una de ellas le ayuda Carmesina con un ejército de doncellas). Tirante — como Curial — combate llevando puesta ‘la ca­misa de Carmesina.

El amor entre el ca­ballero y la Princesa va creciendo; de ellos se enamoran respectivamente doncellas y caballeros, pero ambos permanecen fieles. A su alrededor, la Viuda Reposada, nodri­za de Carmesina, que se ha enamorado de Tirante, trama mentiras y engaños para entorpecer los amores, mientras la doncella Plaerdemavida favorece y facilita los en­cuentros nocturnos de los amantes. Tras la derrota definitiva de los turcos, tiene lugar el matrimonio entre Carmesina y Tirante, pero éste muere y sobre su féretro muere también la Princesa. Como la misma novela, la figura de Carmesina presenta dualidad de aspectos.

Dámaso Alonso ha sido quien ha ponderado justamente el realismo y la vitalidad de esta gran novela y de sus personajes, lo que tienen de modernidad, de actualidad. Por esto al referirse a Carmesi­na ha dicho: «La Princesa, tal una ‘demi- vierge’ de principios del siglo XX, de pro­funda sensualidad reprimida». La forma de hablar de Carmesina, los diálogos, las ele­gías vienen expresados en un estilo corte­sano y retórico característico de las obras amorosas medievales, pero, en cambio, sus acciones, al igual que muchos ambientes de la novela, aparecen anotados con precisión tan extraordinaria (p. ej., el momento de la elegía ante el cuerpo de Tirante, el epi­sodio del ratón, etc.) que permite hablar de un auténtico realismo en la plasmación y configuración del personaje. Carmesina habla todavía como una dama del amor cortés, pero se comporta como una mujer moderna.