Carlota

[LotteJ. Personaje de Las cui­tas del joven Werther (v.) de Johann Wolf- gang Goethe (1749-1832), únicamente hacia el final parece acabar de diseñarse su figu­ra. Junto a Werther (v.), ora todo pasión, ora presa de profundo abatimiento y del infinito sufrimiento universal, Carlota pro­diga su alegre buen sentido.

Bella e inte­ligente, difunde a su alrededor la alegría de vivir que reside en su carácter, en su juventud y en la vida campestre que re­cuerda los idilios de Arcadia. La muerte prematura de su madre amplía su respon­sabilidad de hermana mayor en una fa­milia numerosa, pero no consigue alterar su serenidad ni abrumarla bajo el peso de menesteres vulgares.

La gratitud paterna, el reconocimiento de sus familiares y el afecto sincero dé Alberto alegran su exis­tencia ordenada y tranquila. Su carácter y condición aparecen maravillosamente esbo­zados en la escena en que Werther la con­templa cuando, entre los suyos, antes de irse al baile, reparte el pan a los pequeños con tanta gracia en el gesto como en la intención. Lo que, acaso ya desde el prin­cipio, da origen a un cierto sentimiento de temor es su un tanto exagerada irreflexión» tras la que se esconde una gran sensibili­dad.

Y aun cuando Carlota se defienda contra el sentimentalismo de las novelas de la época, es vencida súbitamente por la fuerza de la verdadera poesía de la oda klopstockiana y la destructiva simplicidad del amor de Werther. Si bien al principio había creído poder disfrutar serenamente del doble afecto del amigo y del esposo, muy pronto comprende la imposibilidad de la amistad y la atracción irresistible hacia el hombre genial y desgraciado, por lo cual se ve obligada a tomar una decisión y ale­jar a éste de sí.

Pero en esta renuncia le aparece revelada claramente la profundi­dad de sus sentimientos, y cuando Werther, ya determinado al suicidio, busca a Car­lota en el preciso momento en que ésta lo anhela con toda la fuerza de su corazón, la lectura de Ossián, la visión de los héroes que, deplorando la vida, conversan en el nebuloso reino de las sombras, y, final­mente, el presagio de la muerte del ama­do, acaban por vencer toda resistencia y ambos se estrechan en un fatal abrazo.

Con tristeza y turbación, Carlota se separa de Werther para no volver jamás a verle. Temblorosa y taciturna, entregará las pis­tolas de Alberto al enviado del infeliz con el trágico presentimiento de la catástrofe. Y, partícipe del íntimo pesar de una época, cuando la noticia del fin de Werther la empuje al umbral de la muerte, alcanzará la grandeza y la triste humanidad del pro­tagonista inmortal.

M. Benedikter