Brer Rabbit

[El Hermano Conejo]. Héroe de la fauna literaria americana, crea­do por Joel Chandler Harris (1848-1908) para las columnas de un periódico del Sur y desarrollado ulteriormente (1880-1906) en los seis volúmenes de El tío Remus (v.). Es el personaje principal de los cuentos de animales «para niños» narrados en dialecto por el tío Remus, sabio anciano negro de las plantaciones.

Descendiente de los pro­digiosos y sobrenaturales conejos del folk­lore negroafricano e indoamericano, ha sido adaptado por el autor al paisaje de América; y en estas fábulas, que corres­ponden al Román de Renart (v.) y a los Fabliaux (v.) europeos (y a menudo están inspiradas en la literatura europea de este género), aparece como el más hábil, ma­licioso y sorprendente habitante de un mun­do de animales humanos.

Su vida depende de su astucia, porque el mundo en que vive es despiadado, todavía sin moral, y su única ley es la de la supervivencia. Sólo con la agilidad y el engaño puede defen­derse contra la superioridad física de Brer Fox (la Hermana Zorra), Brer Wolf (el Hermano Lobo), Brer Bear (el Her­mano Oso) y el Hombre. Es, al mismo tiem­po, incorregiblemente juguetón; su curio­sidad infantil le lleva a «meter las narices» en todas partes, cual si quisiera crearse dificultades; y no deja de aprovechar to­das las ocasiones para jugar malas tretas a sus peligrosos vecinos.

Como Mickey Mouse, el Ratón Mickey (v.), su más fa­moso descendiente, posee una maña a toda prueba, que emplea en graciosas venganzas contra los animales por quienes se ha visto vejado, o en la creación de situaciones di­fíciles de las que sólo aguzando más y más su ingenio puede escapar, o bien lle­vando a cabo actos gratuitos de divertida malicia. Y «casi siempre sale magnífica­mente librado», dice el tío Remus.

Precisa­mente a través de Brer Rabbit, la bestia — externamente animal no sujeto a prin­cipios morales e interiormente hombre que vive desprovisto de ellos — se convierte en Estados Unidos en un importante medio de expresión. Ninguno de los animales creados después de él — Mickey Mouse, Donald, Dumbo, etc. — revela tan crudamente los impulsos ocultos e inmorales de la mente humana que la sociedad civilizada prefiere ignorar; y ninguno mejor que él consigue presentar, bajo el aspecto de inocente pasa­tiempo infantil, el «canibalismo» de la vida humana que es uno de los persistentes mo­tivos simbólicos de la literatura norteame­ricana.

S. Geist