Beltov

Protagonista de la novela ¿De quién es la culpa? (v.) del gran escritor ruso Alejandro Herzen (Aleksandr Ivanoič Herzen, 1812-1870). En la historia de las corrientes espirituales de la litera­tura rusa se le considera como un ejemplo del tipo del hombre inútil, cuyo modelo más característico es el Rudin (v.) de Turguenev.

Toda la historia de su amor, que constituye el núcleo de la novela, atestigua su incapacidad para la acción; pero, además, ayudan a la comprensión del perso­naje los detalles de su formación espiritual, basada en un carácter rico en valores in­telectuales y nobles aspiraciones morales. Educado por un pedagogo ginebrino, Beltov debería llegar a ser un hombre «ideal» de la talla del Emilio (v.) de Rousseau; en realidad, no obstante, resulta un alma in­quieta, que busca, sin éxito, la realización de sueños y proyectos irrealizables, con lo cual arrastra también a la infelicidad a otros seres.

El escritor, naturalmente, in­tenta explicar las razones de la existencia de este tipo, sacado de la realidad, y acusa a la educación extranjera; pero es evidente que la raíz más profunda de la esterilidad de espíritus tan ricos y dotados como Bel­tov y Rudin hay que buscarla sobre todo en el carácter de la cultura rusa, como, por otra parte, el mismo Herzen manifiesta en diversos momentos cuyo resumen sería el siguiente: «Una verdadera cultura se for­ma únicamente con la labor que se trans­mite a través de muchas generaciones, es el resultado de una obra secular; en Rusia, por el contrario, las personas de talento tienen que empezarlo todo desde el prin­cipio, deben buscar a tientas el camino y la vocación propios, y en esta búsqueda, acompañada de insoslayables errores, se consumen fuerzas vitales, se agotan las ener­gías, y el hombre, en vez de acostumbrarse a desplegar una actividad útil, se habitúa a vivir la vida en una múltiple inactividad».

Así, Beltov es una víctima de esta particu­lar situación de la sociedad, en la que Her­zen, hombre político y pensador social antes que literato, insiste con renovado interés, más de lo que pueda hacerlo Turguenev con sus héroes.

E. Lo Gatto