Belisario

El famoso general de Justiniano que pareció renovar las gestas de Alejandro (v.) y César (v.) llevando las armas de Bizancio de Oriente a Occidente, ha pasado a la literatura como ejemplo de inconstancia de la fortuna más que por sus triunfos militares.

Enormemente encumbra­do por éstos, llegó a perder varias veces el favor del emperador, quien, celoso de su fama, le sustituyó por Narsés en la direc­ción de la campaña de Italia, de donde había expulsado a los godos, y lo acusó dos veces como conspirador, hundiéndole desde el mando supremo del ejército hasta la miseria de la cárcel. Sobre estos datos históricos se cimentó muy pronto la famosa leyenda de Belisario calumniado ante el emperador, quien le habría hecho cegar y reducido a la condición de mendigo en­comendado a la piedad de los transeúntes con su famoso: «dad un óbolo a Belisario».

Es difícil precisar la época de aparición de la leyenda, hija, probablemente, de una confusión entre Belisario y Juan de Capadocia, alto dignatario de Justiniano tam­bién caído en desgracia. Juan Tzetzés (si­glo XII) es el primer autor bizantino que la menciona, aun cuando con explícitas reservas sobre su autenticidad. Luego, es­pecialmente por influencia del Volaterrano (Rafael Maffei de Volterra, 1451-1522), se difunde por el Occidente.

La historiografía eclesiástica divulgó la leyenda como moti­vo de edificación, viendo en la desgracia de Belisario el castigo divino a sus veja­ciones contra el papa Silverio, al que depuso y envió al destierro; los juristas, en cam­bio, la repudiaron por lo que tenía de ofen­sivo para Justiniano.

En la literatura esta leyenda aparece en tres composiciones de la época bizantina: 1. °, un anónimo en 556 versos sin rimar, posiblemente del siglo XII; 2. °, una obra del poeta rodio Ma­nuel Georgilla Limenite (siglo XV), en 840 versos también sin rima; y 3. °, otro anó­nimo (siglo XV) en 997 versos rimados. Las tres composiciones, de carácter político, aco­gen igualmente la leyenda en toda su am­plitud, exaltando al héroe inocente y des­graciado y acusando de ingratitud a Justi­niano, cuya decisión, no obstante, presentan como motivada por las calumnias y enga­ños de cortesanos envidiosos.

El poema de Georgilla, el más notable de los tres, tiene un carácter heroico y una patriótica ento­nación final únicos en la poesía bizantina popular. En el siglo XVII empieza la larga serie de dramas y melodramas que tendrán por motivo central la figura de Belisario. El primero y más importante es el drama del español Antonio Mira de Amescua (1574?-1644), aparecido en 1632, El ejemplo mayor de la desdicha, inspirado en la His­toria secreta (v.) de Procopio de Cesarea, publicada en 1623 por Alamanni, según el texto de un códice vaticano.

Siguiendo a Procopio, Mira de Amescua hace resaltar la desgracia del héroe motivada por el odio de la emperatriz Teodora, quien, como ven­ganza a las negativas de Belisario ante sus requerimientos amorosos, conspira con Nar­sés, y, mediante cartas de Belisario a otra mujer, procura su caída y la consiguiente condena a ser cegado. El drama de Mira de Amescua fue imitado por Rotrou, y a éste siguieron luego la primera obra de Goldoni: La gloriosa ceguera del gran Be­lisario, representada en Venecia en 1734, la célebre novela alegórica de Marmontcl (París, 1767), traducida a las principales lenguas europeas, la tragedia lírica de Sal­vador Cammarano, con música de Donizetti, representada en el teatro del Fénix, de Venecia, en 1836, y, finalmente, una novela de Mario Pratesi (Florencia, 1921). En la pintura, fue tema de dos cuadros famosos: el, de Louis David, expuesto en el Salón de París de 1781, y el de Fran­çois Gérard, presentado en el Salón de 1800.

R. Cantarella