Babbitt

Protagonista de la novela de este nombre (v.), de Sinclair Lewis (1885- 1951). Agente de compraventa de fincas en la  típica ciudad de Zenith, en el «Middle West», prosaico, próspero y satisfecho, Babbitt es la cifra y compendio de las mane­ras, costumbres, hábitos, opiniones y senti­mientos del «hombre de negocios americano medio».

Su nombre ha venido a designar en todo el mundo aquella especie de la cual él es a un tiempo expresión y carica­tura. Lo que se define y pone en berlina no es propiamente un personaje, sino un repertorio de ritos y formalidades del cual un cuerpo humano, dotado de nombre pro­pio, Babbitt, pero de ninguna identidad íntima, es el ejecutor mecánico. Babbitt es, pues, un «tipo» americano no por lo que es en sí, sino por lo que «no» es, apar­te de los convencionales ritos a que se ciñe.

Su voluntad es pasiva; su espíritu es incapaz de engendrar ninguna idea ori­ginal ni ningún sentimiento que no forme parte de un repertorio previo; su cuerpo no puede realizar el más sencillo de los actos si no se ajusta a unos movimientos rigurosamente calculados como los pasos de un «ballet»; su lengua no puede pronunciar más que palabras ya reducidas a la cada­vérica rigidez de los esquemas preestable­cidos.

Babbitt es un suelo estéril, una tierra desolada recorrida únicamente por los fan­tasmas indistintos de una condición huma­na anterior, cuyo gemido desconsolado, co­mo el gemido de los murciélagos en una casa abandonada, crea una atmósfera de vagos temores y de obsesionante malestar alrededor del paso de las ideas iniciales al escuálido sistema de formas y fórmulas «prefabricadas».

El drama de la vida de Babbitt empieza cuando, al oír y advertir el grito de esos atávicos espectros, intenta «convertirse en sí mismo»; continúa con su descubrimiento de que, si se le arranca de los módulos y fórmulas y del universo de objetos mecánicos en que unos y otras se encarnan, él en realidad no es nada, es in­capaz de comunicarse en cuanto ser hu­mano con los demás seres humanos; y acaba con su penosa celebración de aquello que una vez aceptó porque era un hecho y que ahora acepta porque no puede hacer otra cosa.

Por ello la estructura de este drama es europea: en realidad, es una variación americana sobre el mito de la «huida y re­greso», más conocido en los siglos recien­tes como evolución pseudocristiana del proceso que va de la ciega aceptación a la negativa y finalmente a la reconcilia­ción.

Pero el personaje sin identidad lla­mado Babbitt, en apariencia héroe típico de una novela de forma tradicional, puso a disposición de la literatura americana, casi sin que su creador se diese cuenta de ello, una nueva visión de un nuevo modo de vida humana en un mundo nuevo. Más tarde, John dos Passos habría de despojar esta visión de sus últimos elementos de es­tructura dramática europea, y crear para una «condition humaine» hasta entonces in­concebible su extraña y terrible poesía (v. U.S.A.).

S. Geist