Ascanio

Dos son los héroes de este nombre mencionados por Homero: el uno es el jefe de los frigios (Ilíada, v., II, 862 y ss.) y el otro de los nisios (ibíd., XIII, 790 y ss.); sólo la tradición posthomérica habla de un Ascanio hijo de Eneas (v.), que luego fue señor de Troya reconstruida (Helénico), o huyó a Occidente juntamente con su padre (Estesícoro).

En Virgilio, que sigue naturalmente esta última versión, As­canio es hijo de Creusa y se nos presenta bajo el aspecto de un gallardo muchacho, protegido por Venus, y experto cazador y jinete. Al partir de Troya es objeto de un prodigio (una lengua de fuego le rodea la cabeza sin causarle daño alguno), que Anquises (v.) interpreta como de buen augurio (Eneida, v., II, 680 y ss.); en Sicilia se distingue en los juegos que se celebran en honor de su abuelo; en el Lacio, hiere en una cacería, por voluntad de Juno, a un ciervo de Tirro, pastor del rey, con lo cual provoca una batalla entre los troyanos y los pastores latinos; en la guerra con los rútulos da muerte de un flechazo a Numano, yerno de Turno (v.).

Por su valor merece las alabanzas de Apolo, que saluda en él a un descendiente de los dioses y al fundador de una estirpe divina, pero al mismo tiempo le aconseja que se retire del combate. Sus aventuras después de la muerte de Eneas fueron narradas con cier­tas variantes por Catón, Livio, Dionisio de Halicarnaso, Servio y otros.

Según estas fuentes, Ascanio reanudó la guerra con Me- cencio, en otro tiempo aliado de Turno, y le dio muerte en duelo; fundó luego Alba- longa y señoreó en el Lacio, al par que cedía la ciudad de Laurolavinio a su ma­drastra Lavinia, a la que en otros tiempos persiguiera (v. Lavinia). Al morir Ascanio sin hijos, le sucedió Silvio, hijo de Lavinia y de Eneas, que, según Catón, llevó también el nombre de Ascanio.

Livio (I, 3) ignora este desdoblamiento y admite un solo As­canio, aunque no sabe precisar si se trata de un hijo o de un hijastro de Lavinia; en todo caso, lo da como padre de Silvio, con lo cual difiere de Catón, según el cual As­canio murió sin descendientes directos. También Virgilio alude a las últimas vici­situdes de Ascanio, en forma de una predicción que pone en boca de Júpiter (Enei­da, I, 267 y ss.): gobernará treinta años, trasladará el reino a Alba y tomará el so­brenombre de Julo, que Virgilio toma de «Ilus», para convertirlo en el epónimo de la «gens Julia», a mayor gloria de Augusto (cfr. VI, 789 y Ovidio, Fastos, v., IV, 3.940); según Servio, Catón hacía derivar del grie­go el nombre de Julo, considerándolo alu­sivo al bozo que recubría sus mejillas.

Se­gún otros, Julo no debe identificarse con Ascanio, sino que fue un segundo hijo que Eneas tuvo con Lavinia; Festo hace de él un nieto pretendiente al trono de Asca­nio, pero vencido por Silvio. En la Eneida, Ascanio significa la adolescencia valerosa, como otros varios personajes juveniles por quienes Virgilio manifiesta una caracterís­tica simpatía; es también un alma sensible inclinada a las confidencias, a los tiernos afectos y a los impulsos generosos, que une a la precoz experiencia del dolor la in­genua confianza propia de un niño.

A. Ronconi