Árpád

Príncipe guerrero que, elevado a la jefatura de las distintas tribus magia­res por medio del pacto de la sangre, dio una patria a su pueblo. Ya en vida, su fi­gura fue aureolada por la leyenda a causa de su indomable valor y de la grandeza de sus empresas, que hicieron de él, a los ojos de sus contemporáneos, el prototipo del «príncipe prudente» «nacido para dominar».

Por ello es natural que Árpád haya pasado a ser uno de los héroes predilectos de la épica húngara. Como conquistador de su patria presenta a Árpád el poema de su nombre (v.), en hexámetros, de Endre Pázmándi Gorváth (1778-1838), publicado en 1831, que en doce cantos narra la marcha de los húngaros, conducidos por aquel cau­dillo, desde su lejano país de origen hasta Panonia. El héroe es celebrado como «nues­tro padre Árpád» por Mihály Vörösmarty (1800-1855), en la Fuga de Zalán (v.), que, como el poema antes citado, evoca los tiem­pos heroicos de la conquista.

Símbolo de la raza que en él ve encarnadas sus más altas virtudes, Árpád combate y vence no en vistas a una soberbia afirmación de su personalidad, sino por un ideal patriótico que le convierte casi en el fundador de una religión. De acuerdo con ello, aun sus cualidades militares palidecen frente a su buen juicio y previsión.

G. Hankiss