Antínoo

En la Odisea ho­mérica, Antínoo destaca entre la turba de los pretendientes a la mano de Penélope (v.), que en el palacio de Ulises (v.), au­sente, despilfarran sus bienes, en espera de usurpar definitivamente su poder.

Los procos o pretendientes pertenecen a aque­lla aristocracia que, en ausencia del rey, gobiernan la ciudad de Ulises, y como ta­les no están presentados, a pesar de su conducta, bajo una luz totalmente desfa­vorable. En realidad son nobles. Y la Odi­sea, como la Ilíada, aspira a celebrar las gestas de la nobleza griega. Lo que sí se vitupera en el comportamiento de aquéllos es el hecho de que desacrediten su propia clase.

Así Antínoo, que es el más ilustre representante de los pretendientes, hombre apuesto y generosamente dotado de buenas cualidades, se muestra comedido y cortés en sus relaciones con Penélope y con Telémaco; su único pecado es la infidelidad para con su rey, y su único abuso consiste en su pretensión de que Penélope cese en sus subterfugios y acoja las peticiones de los aspirantes a la sucesión.

Contribuye a dar peso a esta acusación, por parte del poeta, el afán de que resulte proporciona­da a la venganza de Ulises. Pero la censura no rebasa los límites consentidos por la relevante posición social del personaje: An­tínoo es en todo momento un noble que descuella entre los procos como «la flor de la juventud de ítaca».

Es el primero en darse cuenta del cambio que experimenta el carácter de Telémaco cuando éste llega a su mayoría de edad, y es también el pri­mero que adivina los peligros que la nueva situación implica para los pretendientes (c. I); en la asamblea, es el único que re­futa astutamente las acusaciones de Telémaco para pasar a su vez a acusar a Pe­nèlope Ce. II); prepara la emboscada contra aquél (c. IV) y al fracasar ésta, propone que se le dé inmediatamente muerte (c. XVI).

Aunque el plan sea malvado, sus motivos, desde el punto de vista de los pretendientes, están justificados: Antínoo ha comprendido que Telémaco no está dis­puesto a seguir tolerando abusos. A la primera aparición del mendigo bajo cuyos andrajos se oculta Ulises, Antínoo es el único que instintivamente siente aversión por él, y le amenaza y le pega (c. XVII), y él es también quien propone el combate entre los dos mendigos Iro y Ulises (c. XVIII).

En el momento de la matanza de los pretendientes (c. XXII), Antínoo es el primero en caer con la garganta atravesada en el momento en que levantaba la copa para beber, y en su caída derriba la mesa. Antínoo es muy distinto de los demás pre­tendientes; mientras éstos, en conjunto, actúan como parásitos, él tiene un objetivo bien definido y posee los medios y conoce los caminos para lograrlo.

Sabe hablar y defenderse de las acusaciones que contra él se formulan, acusando a su vez; y es el único que está firmemente convencido de la necesidad de eliminar a Telémaco, y más tarde a Ulises bajo su disfraz. Penèlope afirma no sin buenas razones, que odia por igual a todos los procos, pero que a Antínoo le aborrece tanto como a la misma muerte (c. XVII).

F. Codino