Anhelli

Nombre de un imaginario jo­ven polaco, que Juljusz Slowacki (1809- 1849) hace protagonista del poema que lle­va su mismo nombre (v.). Anhelli encierra en sí no pocos rasgos característicos del propio poeta: triste, soñador e indeciso, vive, como el autor, fuera de la realidad, con el ánimo proyectado hacia ideales que es incapaz de alcanzar.

Desde varios puntos de vista, y sobre todo desde el patriótico, su figura se enlaza con otros héroes de poe­mas del mismo autor: Lambro, Kordjan, Horzstyński, cuya meta suprema, ser úti­les a la patria, se convierte en él en una idea mesiánica de hombre-ángel, que se sacrifica por su martirizada nación.

Lleno de un inmenso amor por los hombres y de la sed de caridad, Anhelli encuentra en Chamán, rey y sacerdote del pueblo sibe­riano, que personifica la sabiduría humana y la experiencia de la vida — recuerdo no fortuito del Virgilio dantesco —, su maes­tro y su guía espiritual, que indicándole las fuentes del bien y las causas del mal, corrigiéndole y amonestándole, le acompaña a través de la tierra del dolor, la Siberia, dantesco infierno de los míseros polacos desterrados, atormentados y mal avenidos, diezmados por las enfermedades, el hambre y las luchas fratricidas.

Para Anhelli, Cha­mán surgía como una personificación de todo cuanto había de puro en el alma del pueblo, y por ello había pensado en con­vertirle en jefe espiritual de los polacos, pues le creía capaz de salvarlos de la per­dición y de la ruina y de hacerlos volver con el tiempo a una serena y pacífica con­vivencia en su propia patria. Pero Chamán, muere, víctima de los propios desterrados moribundos, en la orgía y en la locura a que la desesperación los ha arrojado, y muere también Ellenai, la dulce hermana que Chamán había confiado a Anhelli; y perece asimismo éste sin lograr siquiera aportar un rayo de luz a su desdichado pueblo.

E. Damiani