Ana

[Anna]. Personaje de la Eneida (v.) de Virgilio. Es la hermana de Dido (v.), a la vez que — como las nodrizas en la tragedia griega — su confidente, que le da ánimos en su amor por Eneas (v.), in­terviene cerca de éste para que demore su partida y finalmente ayuda a su hermana a preparar la pira, ignorando los propósi­tos suicidas de aquélla.

Ana es la «una- nima soror», la hermana afectuosa y abne­gada que recoge el último suspiro de Dido y lamenta no haber merecido el honor de morir junto con ella; sólo vagamente su figura recuerda a la de Calcíope, hermana de Medea (v.) en Las argonáuticas (v.) de Apolonio de Rodas.

El nombre de Ana es semítico, pero, en la versión púnica de la leyenda de Dido que ha llegado hasta nos­otros, ese personaje no aparece; en cambio hablaba de ella Nevio, y Varrón—según atestigua Servio — le atribuía a ella, y no a Dido, el suicidio por amor a Eneas. Es posible que en la leyenda primitiva Ana sea otro nombre de Dido, que luego dio lugar al desdoblamiento de este personaje, o puede ser también que Varrón hubiera buscado una fusión entre las dos ver­siones relativas al suicidio de la reina de Cartago.

En la tradición postvirgiliana Ana aparece ordinariamente al lado de Dido: Ovidio (Fastos, 3, 545 y ss.) la identifica con la diosa itálica Ana Perenna y re­fiere que después de la muerte de Dido, Ana, obligada por Jarba, nuevo señor de Cartago, a huir de esta ciudad, se refugió en Malta; desde allí, para no caer en ma­nos de Pigmalión, pasa a las costas del Lacio donde es calurosamente acogida por Eneas, pero no tarda en suscitar los celos y el odio mortal de Lavinia (en este detalle se ha querido ver reflejada la versión varroniana que hacía de Ana la amante de Eneas).

Advertida del peligro por la som­bra de Dido que se le aparece en sueños, Ana huye del Lacio y desaparece finalmente en las aguas del Numicio transformándose en ninfa fluvial. Esta leyenda ovidiana, cuya fuente se ignora, es recogida también por Silio Itálico.

A. Ronconi