Aladino

Protagonista de una célebre novela árabe, que fue incluida en la libre traducción dieciochesca de Las mil y una noches (v.), por A. Galland (1646-1715), pero cuyo texto no fue encontrado en las ediciones orientales de la obra. Por ello se pensó que Galland la había inventado, hasta que a fines del siglo XIX el texto árabe, que había permanecido al margen de las redacciones principales de Las mil y una noches, fue descubierto y publicado.

Aladino es un muchacho chino, del cual intenta servirse un mago para procurarse la posesión de una lámpara maravillosa, frotando la cual comparecen unos genios dispuestos a cumplir cualquier orden que el poseedor de la lámpara les de Aladino, que al principio lo ignoraba, acaba por concebir sospechas y negarse a entregar la lámpara al mago, encerrándose con ella en el subterráneo en que había penetrado.

Pero una vez ha descubierto el mágico po­der de aquel objeto, no sólo sale de allí y se enriquece fabulosamente por obra de los genios que acuden al reclamo del ta­lismán, sino que obtiene también la mano de la hija del rey. El mago comparece nuevamente para perturbar la felicidad de Aladino, obteniendo que la esposa de éste, que lo ignora todo, le entregue la lám­para, considerándola una antigualla; luego, súbitamente, hace desaparecer a la esposa y al palacio en que habita, trasladándolos a Egipto.

Aladino parte en su búsqueda, y gracias a un anillo mágico los encuentra: se desembaraza del mago, reconquista la lámpara y regresan todos a vivir a China felices y contentos. No se puede hablar de un carácter de Aladino, y sin embargo este muchacho se ha convertido en una repre­sentación del hombre afortunado y en un símbolo optimista de una vida humana a la que nada falta, ni siquiera un poco de aventura.

Su exotismo forma parte de su propia naturaleza: los árabes lo imagina­ron chino y los europeos, árabe. En rea­lidad no es de ningún país y es de todos: es el hombre cuya verdad es distinta de la nuestra y que puede obtener todo cuanto nuestro deseo quisiera en los momentos en que se abandona a la ambición perezosa.

Ideológicamente Aladino es el exponente más típico del «máximo efecto con el míni­mo esfuerzo»: ésta es en el fondo la fórmu­la de la civilización mecánica que en él se inspiró en todo excepto en la fantasía.

F. Giannessi