Aladino

En el drama Aladino (v.) de Adam Oehlenschláger (1779-1850), el héroe se con­vierte en el símbolo del puro genio tal como se concebía en la edad romántica, expresión inmediata de lo divino, más allá de toda lógica y de toda regla.

Será preci­samente él, «a cuyo encuentro va incom­prensiblemente la fortuna, incluso mientras duerme», quien hallará la lámpara mara­villosa que pondrá a su disposición todos los tesoros del mundo; él será el afortu­nado poseedor del mágico anillo (la fan­tasía) que le conducirá a donde quiera.

El premio le corresponderá a él y no a Noureddin, personificación del crítico, estéril y pedante, en eterna oposición al hombre de genio: así los Cuernos de Oro (v.) no serán descubiertos por áridos hombres de ciencia, sino por una ingenua pareja de enamorados. La alegría de Aladino ante la lámpara maravillosa es la del joven Adam Oehlenschláger, que, al recibir de Steffens la revelación del mundo romántico, sintió por primera vez, al entrar en contacto con él, la fuerza de su propio talento.

Mas para conservar la lámpara es necesaria la lucha: sólo después de la consciente acep­tación de ésta y después de haber vencido dificultades de todo género, Aladino podrá llamarla verdaderamente suya y hacer com­partir su fortuna a los demás.

Este segun­do momento ético, que convierte a la obra casi en un «Bildungsroman», ha sido gene­ralmente menos observada, hasta el punto de que se ha visto sobre todo en Aladino al irreflexivo e inconsciente hijo de la Naturaleza a quien todo se le entrega sin mérito alguno por su parte. Así G. Bran­des pudo hacer de Aladino, «el genio ocio­so», la figura central de la vida literaria, política y nacional danesa y recordarlo a propósito de Andersen y de Thorvaldsen.

Para él, Aladino es el pueblo danés con toda su feliz irreflexión y su bienaventu­rada inconsciencia anterior a la catástrofe de 1864; para nosotros es la figura más bella y más poética de la «edad de oro» de la literatura danesa, en la que se en­carna la dicha de componer poemas libre­mente y sin trabas, que fue una de las conquistas que el romanticismo logró sobre el racionalismo de la época que le había precedido.

A. Manghi