Adán, el Juez

[Richter Adam]. Per­sonaje de la comedia El jarro roto (v.) de Heinrich von Kleist (1777-1811). El autor ha imaginado que el juez Adán, que a última hora de la tarde ha entrado furti­vamente en el aposento de una doncella, ha sido sorprendido por el novio de ésta en el momento mismo en que intentaba, con lisonjas y amenazas, obtener sus favores, y en su huida ha roto un precioso ja­rrón, arrojándose después por la ventana sin ser reconocido, pero perdiendo en el percance la peluca, que queda colgada de una enredadera.

En el proceso que sigue, durante el cual, en una interminable es­cena, en presencia de un consejero del tri­bunal se desarrolla la excepcional aventu­ra de un juez que insiste, intentando sos­tener su acusación de mil maneras, en arrojar sobre otro una culpa que no es más que suya, poco a poco la verdad se abre camino.

Así la comicidad de este personaje, que intenta en vano esconder su propio tormento interior, deriva por com­pleto del contraste, constantemente vivo, entre las mentiras, los engaños, las astu­cias, los subterfugios y las escapatorias del juez culpable y la serie continua de testi­monios y de circunstancias que de un modo cada vez más evidente revelan su culpa­bilidad.

Esta comicidad sube de punto cuan­do, una vez descubierta la verdad aún no confesada, el interés y la curiosidad se con­centran en conocer los detalles de aquella aventura digna de un cuento de Boccaccio. El consejero pregunta al juez: «¿Cómo os habéis hecho este chichón en la frente?» «¡Ah!, ¿habéis caído de la cama?» «¡Lás­tima que hayáis perdido la peluca!» «¡Y tenéis el rostro lleno de arañazos!» «Ara­ñazos de mujer, ¿verdad?» «¿Frecuentabais también la casa de esta muchacha?» Tor­turado de este modo, el juez no halla otro medio de salvación que la huida.

Y — por una ventana que ha quedado abierta — po­demos seguirle mientras se aleja desatina­do como si huyera de la rueda de la tor­tura o de la horca.

R. Bostacchiari