Personaje de varios romances del Romancero del Cid (v. Romancero), de donde pasó a las Mocedades del Cid de Guillén de Castro (1565-1638), y de allá al Cid (v.) de Pierre Corneille (1606- 1684).
Diego Laínez se inscribe en la épica española por su clara e inconfundible fisonomía en la que se simboliza uno de los aspectos fundamentales de la raza. Vasallo devoto de su rey, es el representante de una aristocracia que cifra en el privilegio del honor todo el sentido de la vida. Su culto del honor castellano raya en la exageración, y cuando el soberbio conde Lozano (en algunos romances, por un incidente de caza, y en otros, seguidos por Castro, por una disputa de Corte) insulta sus canas, siente la ofensa no por la injuria sufrida, sino porque ve en ella la violación de un orden natural que sólo la venganza puede restablecer.
De esta venganza él es el sacerdote, que sacrifica a su ídolo todo otro sentimiento, hasta el punto de mostrarse insensible al propio dolor de su hijo, el Cid, el cual, enamorado de Jimena (v.)> hija del conde, vacila por un momento en la cruel alternativa entre el amor y el honor: «Aquí ofensa y allí espada», le dice el anciano en tono justiciero, pero una vez lavada la ofensa en sangre, su odio se derrumba: en su alma penetra entonces una humanidad senil y temblorosa que le hace temer por su hijo perseguido y le infunde indulgencia y comprensión incluso para el dolor de sus enemigos. C. Capasso

