Vassa Železnova, Máximo Gorki

Drama de Máximo Gorki (Maksim Gor’kij, pseud. de Aleksej Peškov, 1869-1936), publicado en 1910. Es una de las obras teatrales más conocidas del escritor y corresponde al último período de su producción literaria típicamente de te­sis social.

Vassa Železnova es una madre bastante extraña de una familia no menos extraña. El marido dejó a Vassa, al morir, la difícil tarea de regir su hacienda en co­propiedad con su hermano Prosper. Éste quiere retirar su parte del capital de la empresa, pero la hermana intenta, pri­mero, hacer que le envenene una criada, y luego azuza contra él a uno de sus hijos, Pavel, cuya mujer se entiende con Prosper, y éste, en un acceso de furor, muere de un ataque apoplético. A Vassa le ayuda en sus criminales planes su hija Ana, ya casada, y que vuelve a la familia para tener su parte en la herencia. La madre lleva a buen fin todas sus intrigas: Prosper ha muerto; Pavel, tartamudo y neurasté­nico, que con sus celos ha provocado la muerte de Prosper, por consejo de su madre se hace fraile. Ana está completamente so­metida a Vassa, y el tercer hijo, Simeón, no percibirá ni un céntimo porque durante este tiempo el testamento del padre ha sido falsificado.

La terrible personalidad de Vas­sa, que ha urdido esta trama para consti­tuirse en dueña absoluta de toda la riqueza familiar, reunida por ella y su marido con tanta fatiga, y la existencia de sus propios hijos, que le parecen ineptos para vivir sin su guía, oscila entre lo fuerte y lo mons­truoso, desembocando, a veces, en lo ri­dículo. Gorki quiso trazar aquí el cuadro de la corrupción de una familia burguesa; el intento decididamente social tiende a res­tar verismo y valores dramáticos a una creación que en su clima y contextura casi shakesperianos hubiera podido elevarse a más alto nivel.

G. Kraisky

Vatek, Cuento Árabe, William Beckford

[Vatek, aun Arabian Tale]. Cuento de William Beckford (1759- 1844), escrito en su primera redacción en francés, así publicado en 1784 y editado en inglés en 1786.

Se dice que Beckford es­cribió en tres días y dos noches esta imi­tación de los cuentos orientales, hecha sobre el modelo de los cuentos filosóficos de Voltaire. Adopta en parte detalles auto­biográficos. El califa Vatek, nieto de Harun- el Raschid, se consagra al servicio de Eblis, el espíritu del mal, para ser omni­potente gracias a él. Se pone en camino hacia la ciudad arrasada de Istakar, donde se le promete la visión de los tesoros de los monarcas preadamitas. Durante el via­je se enamora de Nuronihar, la bella hija de uno de sus emires, que le acompaña. Aunque se le disuade del empeño de pasar la cadena de montes que forma el confín del imperio infernal de Eblis, Vatek va más allá, es admitido al palacio subterrá­neo de Eblis, y desde este momento el cuento continúa en un crescendo de so­brenatural y de horrible, hasta llegar a la condena irrevocable del califa y de su acompañamiento, que pierden «el más pre­cioso don del cielo, la esperanza».

Beckford añadió luego a Vatek tres Episodios [Episodes] que no se imprimieron hasta 1929. La narración, más notable por lo extraño de la fantasía que por los méritos del estilo, tuvo gran éxito: Byron lo llamó su Bi­blia, y en tiempos más recientes lo admi­ró también Stéphane Mallarmé (1842-1898).

M. Praz

El Vaso Etrusco, Prosper Mérimée

[Le vase étrusque]. Narración de Prosper Mérimée (1803-1870), publicada en 1830. Auguste de Saint-Clair ama a la señora de Coursy con un amor ferviente y dichoso, oculto e ignorado de todos. Y piensa casarse con ella, ya que es viuda. En una alegre reunión se habla de las falsas virtudes, y entre las mujeres de apariencia honesta alguien pronuncia el nombre de la señora de Coursy, que, vi­viendo aún el marido, había tenido por amante a un pisaverde y perfecto imbécil, un tal Massigny ahora muerto. Saint-Clair recuerda que la citada señora tiene en mu­cha estima un vaso etrusco, regalado preci­samente por Massigny, y esto le parece confirmar la acusación, que de otro modo le habría parecido absurda. Sufre, siente tener que despreciar a esta mujer, pero no sabe separarse de ella. Encuentra el modo de desafiar a los que han dado tan ofensiva noticia, y sólo entonces queda un poco tranquilo.

Antes de batirse se entera de que la señora es inocente, y que ella se burló de la declaración de Massigny: ahora rom­perá el vaso que tanto ha hecho sufrir a Auguste. Corre alegre al duelo, en que queda muerto. La mujer, desconsolada, muere pocos años después. Es una historia mundana, conducida con finísimo gusto; un drama que se desenvuelve secretamente en­tre los pasatiempos elegantes de la socie­dad. Interés particular tiene la figura de Saint-Clair, reservado hasta parecer insen­sible, habiendo aprendido a ocultar, como una debilidad, haciéndola así más viva y dolorosa, su tierna sensibilidad que había suscitado las injurias de sus jóvenes ami­gos. Es el retrato de Mérimée, el secreto de su alma, y la explicación de su arte atento, comedido, cuya reprimida emoción hace vibrar las ricas páginas de este libro.

V. Lugli

De la Variedad Originaria del Género Humano, Johann Friedrich Blumenbach

[De generis humani varietate nativa]. Esta obra de Johann Friedrich Blumenbach (Í752-1841) fue conside­rada como el fundamento de la antropolo­gía moderna, aunque la preponderancia de motivos tradicionales de procedencia linneana sobre el concepto de especies y razas y su origen, disminuye algo su interés.

El escrito, publicado en 1775, fue el resultado de la gran controversia surgida entonces acerca del origen de la especie humana, si de una o varias parejas iniciales. Blumen­bach hace profesión de «monogenismo», y está convencido del origen del género hu­mano por un acto único creativo, que dio origen a la primera pareja humana. En efecto, aunque distingue cinco razas, en­cuentra una serie completa de relaciones entre una y otra, que le permite recons­truir un complejo único. La parte más im­portante de la obra de Blumenbach es la clasificación de las razas humanas, que tuvo gran aceptación y aún hoy forma parte de los conocimientos populares.

Según ésta se distinguen: 1) la raza blanca o caucásica; 2) la raza amarilla o mongólica; 3) la raza negra o etiópica; 4) la raza cobriza o ameri­cana; 5) la raza malasia, de color indefi­nido entre el moreno y el amarillento. Para hacer esta clasificación, Blumenbach tuvo en cuenta todos los elementos anatómicos, como los psicológicos y culturales, y reunió la primera colección de cráneos pertene­cientes a diversas razas. Al estudio del crá­neo dedicó observaciones tan cuidadosas, que legó su propio nombre a la nomencla­tura osteológica.

C. Barigozzi

La Varsoviana, Stanislaw Wyspiański

[Warszawianka]. Drama en un acto del escritor polaco Stanislaw Wyspiański (1869-1907), estrenado en 1898. La insurrección polaca de 1831 cede frente a las poderosas fuerzas rusas: estamos en el 25 de febrero, en plena batalla de Grochów, en la trágica jornada de Olszyna.

En una villa cerca de Varsovia, el general Chlopicki ha establecido su cuartel general. Están con él numerosos patriotas y militares ansiosos de noticias sobre la batalla que está en su punto crucial. En torno a las jóvenes amas de la casa, María y Ana, un grupo de amigos canta la poesía de Delavigne dedi­cada a los insurrectos de 1831, «La varsovia­na». Al oír la triste melodía, mientras llega de lejos el tronar del cañón, se desarrolla la tragedia de ambos protagonistas, Chlo­picki y María. Chlopicki ha dejado que el inepto príncipe Radziwill asumiese el man­do y no cree en la victoria. María está in­quieta por su novio, ayudante del general, al que ella ha impulsado a realizar una peligrosa misión.

El estribillo del himno («Surge Polonia y rompe las cadenas/hoy conseguirás el triunfo o la muerte») acen­túa la atmósfera de desesperación, y la an­gustia es general. Cuando llega de Olszyna el único superviviente de la división Zymirsky con un galón que el novio de María le ha rogado que le entregue, Chlopicki no se atreve a dárselo. Pero la muchacha tiene un presentimiento en la atmósfera irreal de aquella mañana: de improviso, la suerte de su amado y la de la patria se convierten en la misma cosa para ella, que anuncia el triste fin de la insurrección. Bajo las ven­tanas pasan los soldados que van al com­bate cantando «La varsoviana». En el drama interior de Chlopicki el poeta recoge su juicio sobre aquel momento histórico: los jefes de la insurrección lo habían elegido para jefe y dictador, y él, aun no creyendo en la victoria, había aceptado; en esta falta de fe residía el germen de la derrota.

Pero la idea fundamental de la obra es, sobre todo, la condena de la incapacidad para la acción de las generaciones románticas. La varsoviana es una síntesis feliz de un mo­mento histórico, rico en emociones, creado por Wyspiański en una atmósfera maeterlinckiana, alimentada por el carácter de sue­ño emanado de la melodía; precisamente en aquel período se proponía Wyspiański la creación de un drama musical polaco.

M. B. Begey