Gonzalo de Berceo

Poeta castellano. Nacido en Berceo, pueblecito de la Rio ja, apro­ximadamente en 1195, y m. en el monas­terio de San Millán de la Cogolla en 1268? Gonzalo de Berceo es el más antiguo poeta en lengua castellana de nombre conocido y cuyos escritos han llegado hasta nosotros, puesto que si bien El Poema de mio Cid y El misterio de los Reyes Magos son anteriores a la obra de Berceo, sus autores nos son desconocidos.

Situado el monasterio de San Millán de la Cogolla en la linde del camino de Santiago de Compostela, en tiempos en que aquél era frecuentado por los peregri­nos de todos los países de Europa, es fácil suponerlo como un centro de cultura muy activo que atrajo a Gonzalo desde su in­fancia y en el que halló el ambiente culto y literario que él deseaba, y en donde vi­vió de por vida.

San Millán de la Cogolla estaba regentado por monjes de la orden de San Benito, lo cual ha inducido a algu­nos autores a pensar que Gonzalo de Berceo perte­neció a dicha orden religiosa cuando en rea­lidad fue siempre clérigo parroquial, aunque adscrito a los servicios del monasterio.

Fue nombrado diácono en 1220 y presbítero en 1237, y existe un documento que acredita que Gonzalo de Berceo aún vivía en 1264. Berceo, que como clérigo conocía el latín, pre­firió escribir en lengua vulgar a fin de contar al pueblo, en su propia lengua toda­vía balbuciente como instrumento literario, la vida y milagros de la Virgen y de los santos de su devoción.

Por esto Gonzalo de Berceo es considerado como el padre de la poesía castellana. La inspiración mística que carac­teriza su obra se expresa en un estilo muy asequible, de una llaneza popular que a veces raya en la rusticidad. Su versifica­ción tiene el encanto ingenuo de lo primi­tivo; Berceo es un dignísimo precursor de la poesía mística española que brillaría en el Siglo de Oro. Aunque en su sencillez y modestia de hombre religioso se califica a sí mismo de juglar, nuestro poeta escribió siempre en la métrica y estrofa llamados «mester de clerecía», o sea en el metro de cuaderna vía, monorrimo de cuatro ver­sos, que era el estilo de la poesía culta de la Edad Media en Castilla.

Su obra más antigua que ha llegado hasta nosotros es la Vida de Santo Domingo de Silos (1230, v.), a la que siguen la Estoria de sennor Sant Millán (1234, v.), el Sacrificio de la misa (1237, v.), escrita a raíz de haber recibido las órdenes, y El martyrio de Sant Laurengio (1252, v.).

A partir de esta obra, Berceo aborda los temas marianos con Los milagros de Nuestra Señora (v.), que es considerada como su obra capital. Se trata de un rami­llete de 25 milagros descritos con ingenui­dad y suma delicadeza, que van precedidos de una introducción poética, que al decir de muchos críticos, es lo mejor de Berceo Siguen los Loores de Nuestra Señora (v.), De los signos que aparecerán antes del Juicio (v.), duelo que fizo la Virgen María el día de la Pasión de su fijo Jesucristo (v.), tres traducciones de himnos litúrgicos y Vida de Santa Oria, llena de dulzura y al pare­cer la última que escribió.

Se ha dicho que Los milagros de Nuestra Señora fueron ins­pirados por sus homónimos del prior francés Gautier de Coincy, quien a su vez los había traducido del latín; pero parece com­probado que Berceo no conoció jamás la obra de Gantíer de Coincy, sino que él mismo se inspiró directamente en el texto latino como lo había hecho el clérigo francés.

Ercole Bentivoglio

Nació en 1506 y m. en 1573. Era hijo del señor de Bolonia, Aní­bal II. Refugiada su familia en Ferrara ante el avance de las tropas de Julio II, Bentivoglio per­maneció allí largos años; los dos últimos decenios de su vida los pasó en Venecia.

Inició sus actividades literarias con algunos sonetos de carácter platónico, y luego dedi­cóse a la comedia. A 1546 pertenecen las Sátiras (v.), que oscilan entre una ironía templada y acentos de tono elegiaco; esta obra y algunos Capitoli en los que alaba el queso, el vino, la fiebre cuartana, etc., son documentos interesantes sobre las cos­tumbres y la cultura del siglo XVI.

C. Falconi

Ugo Benzi de Siena

Nació en Siena en 1360 y m. en Ferrara en 1439. Hijo de una fami­lia entre cuyos miembros figuraron ilustres médicos, fue el más insigne de todos ellos.

Enseñó en Pavía y Placencia, y también, posiblemente, en Florencia, Bolonia, Siena y Perugia. En 1423 se hallaba junto al mar­qués de Este, en Ferrara, donde permane­ció hasta su muerte.

Este discutido médico escribió obras que, sin embargo, no ejer­cieron una gran influencia posterior: un texto de higiene en lengua vulgar (v. Tra­tado de la salud), comentarios sobre Hipó­crates y Galeno en latín y consejos, en esta misma lengua, acerca de todas las enferme­dades. El conjunto de su producción fue publicado en Venecia en 1518.

A. Pazzini

Guido Bentivoglio

Nacido en Ferrara el 17 de octubre de 1577 y m. en Roma el 7 de septiembre de 1644. Formóse en la corte de los Este, y cursó estudios jurídicos en Padua.

Luego, en Roma, abrazó el estado eclesiástico y desempeñó varios cargos pon­tificios. En el agitado ambiente de las luchas entre españoles y holandeses inició, como nuncio en Flandes, su brillante carrera di­plomática.

Ocupó más tarde la nunciatura de Francia, y, elevado a cardenal por Pío V en 1621, fue nombrado jefe supremo de la Inquisición; en calidad de tal firmó la con­dena de Galileo, cosa de la cual trató de disculparse posteriormente.

A la muerte de Urbano VIII parecía destinado a ascender al trono pontificio; sin embargo, enfermó gravemente durante el cónclave y dejó de exis­tir. Su obra de historiador y político pre­senta singular importancia. Sus dos Rela­ciones de la época de sus nunciaturas (1629, v.) ofrecen un cuadro muy claro de la in­tensa vida política europea de entonces; las Memorie (1648), redactadas en los últimos años de su existencia y publicadas con ca­rácter póstumo, describen y enjuician de­tallada y profundamente acontecimientos y personajes.

Más retórica es la historia De la guerra de Flandes (v.), exposición de las luchas religiosas del período 1569-1609, en la que revela, empero, una atenta y sensi­ble observación de hombres y cosas en la contienda entre un mundo viejo y otro nuevo. Este mismo carácter de actor y es­pectador a la vez de tantos y tan variados episodios confiere también un notable inte­rés a sus Cartas diplomáticas (v.)

N. Rellini Lerz

Benoît de Saint-More

Vivió a media­dos del siglo XII, y siquiera ocupe un lugar notable en la literatura francesa medieval como autor de una de las primeras narra­ciones de tema clásico de la época, Le ro­man de Troie (1165) [v. Relatos sobre Tro­ya], es muy poco lo que se conoce de su vida, e incluso los datos que de él poseemos resultan algo inciertos.

Nació, posiblemente, en Sainte-Maure, en Turena; pero vivió en la corte de Leonor de Aquitania, casada — tras su divorcio de Luis VII de Francia — con Enrique Plantagenet. A ella parece re­ferirse precisamente la alusión encomiástica a una «rica señora» que figura en el Ro­man de Troie.

Para complacer a Enrique II, de cuya protección disfrutó, o, mejor, por su mismo encargo, compuso la Chronique des Ducs de Normandie; esta larga obra (43.000 versos) queda interrumpida en En­rique I, y, así, no nos habla — cosa que hubiera podido resultar muy interesante — de un período posterior ni de los aconteci­mientos contemporáneos.

C. Crehonesi