Nacido en Ferrara el 17 de octubre de 1577 y m. en Roma el 7 de septiembre de 1644. Formóse en la corte de los Este, y cursó estudios jurídicos en Padua.
Luego, en Roma, abrazó el estado eclesiástico y desempeñó varios cargos pontificios. En el agitado ambiente de las luchas entre españoles y holandeses inició, como nuncio en Flandes, su brillante carrera diplomática.
Ocupó más tarde la nunciatura de Francia, y, elevado a cardenal por Pío V en 1621, fue nombrado jefe supremo de la Inquisición; en calidad de tal firmó la condena de Galileo, cosa de la cual trató de disculparse posteriormente.
A la muerte de Urbano VIII parecía destinado a ascender al trono pontificio; sin embargo, enfermó gravemente durante el cónclave y dejó de existir. Su obra de historiador y político presenta singular importancia. Sus dos Relaciones de la época de sus nunciaturas (1629, v.) ofrecen un cuadro muy claro de la intensa vida política europea de entonces; las Memorie (1648), redactadas en los últimos años de su existencia y publicadas con carácter póstumo, describen y enjuician detallada y profundamente acontecimientos y personajes.
Más retórica es la historia De la guerra de Flandes (v.), exposición de las luchas religiosas del período 1569-1609, en la que revela, empero, una atenta y sensible observación de hombres y cosas en la contienda entre un mundo viejo y otro nuevo. Este mismo carácter de actor y espectador a la vez de tantos y tan variados episodios confiere también un notable interés a sus Cartas diplomáticas (v.)
N. Rellini Lerz

