Ugo Betti

Nacido en Camerino el 4 de fe­brero de 1892 y m. en Roma el 9 de junio de 1953. Caído prisionero durante la pri­mera guerra mundial, compuso en el cauti­verio sus primeras poesías.

En 1941 obtuvo el premio de teatro de la Academia de Ita­lia, y, tras la última guerra, pasó a la Biblioteca del Ministerio de Justicia, donde pudo entregarse con mayor libertad a su labor literaria. Había iniciado su actividad teatral en 1927, con el drama El ama.

Algu­nas obras escénicas son otros tantos pretex­tos para enjuiciar al hombre y a la socie­dad y también para indagar en la más ín­tima naturaleza del hombre; ello se revela de una manera particularmente intensa en Derrumbe en la estación Norte (1936).

Si­guieron luego varias comedias menos pro­blemáticas y más serenas, y, después, dra­mas como El cazador de ánades (1940) y El diluvio (1943), que le llevaron a Corrup­ción en el Palacio de Justicia (1949), en la que el principal culpable adquiere la con­ciencia de la expiación precisamente cuan­do se ve absuelto.

Otros dramas, cual Espi­ritismo en la vieja casa (1950), Delito en la isla de las cabras (1950) y El jugador (1951), revelan una tendencia cada vez mayor a la expresión absoluta, que, según ciertos críticos, alcanzó el autor en las obras dramá­ticas póstumas Tierra quemada y La fugi­tiva.

Betti dedicóse también a la narrativa y a la poesía, pero destacó singularmente en el drama lírico-simbolista, cuyo punto de partida es el teatro de Pirandello. Betti sigue siendo un dramaturgo de gran importancia dentro de la actual crisis expresiva italiana, y su teatro es conocido en todo el mundo (v. Teatro).