William Blake

Nació el 28 de noviembre de 1757 en Londres, donde m. el 21 de agos­to de 1827. Su padre era calcetero, y parece haber pertenecido a una secta de seguido­res de Swedenborg (v.). En 1771 Blake empezó a trabajar como aprendiz con el grabador James Bazire; en 1780 conoció al rígido y frío escultor neoclásico John Flaxman, de quien aprendió el gusto por la seguridad y la precisión de contornos en el dibujo.

Du­rante la primera época de su vida, que llega hasta su matrimonio (1782) con Catherine Boucher, la cual revelóse para él una espo­sa ideal, y la publicación de los Poetical Sketches (1783), inicióse en la poesía y las artes plásticas; estudió a los artistas grie­gos, a Rafael, a Durero y sobre todo a Mi­guel Ángel, al que, incapaz de asimilar en su potencia creadora y volumétrica, tradujo en términos lineales, con lo cual se apro­ximó inconscientemente al juego curvilíneo de los miniaturistas célticos.

Participaba también de su gran entusiasmo por el famoso escultor, el pintor suizo H. Fuseli (Füssli), que se estableció en Inglaterra en 1779, fue conservador de la Royal Academy e influyó indudablemente en Blake Éste, por otra parte, experimentó, además, la influen­cia del gótico, y copió los monumentos se­pulcrales de la abadía de Westminster y de otros templos antiguos.

Flaxman le intro­dujo en la tertulia de Mrs. Mathew, donde fueron también apreciadas sus cualidades de poeta. Componía ya versos desde 1768- 69, y, aun cuando no estudios regulares, sí había realizado amplias lecturas: Shakes­peare, Milton, la Biblia y Ossian.

Inspirá­base en el estilo de la época isabelina, y no ocultaba su desprecio por la afectación y los primores de los poetas barrocos. En 1783 fueron impresos, a expensas de Flaxman y del Rdo. Henry Mathew, los Poetical Sketches; pero la gestión de estos mecenas debió de resultar poco grata al autor, ya por las palabras de condescendiente protección an­tepuestas por Mathew o bien a causa del mismo vocablo sketches (al que Blake daba un sentido peyorativo) del título, acerca del cual no había sido consultado el poeta.

A éste, que ni tan sólo pudo revisar las prue­bas, le fue entregada toda la edición para que dispusiese de ella a su gusto; Blake limi­tóse a distribuir algunos ejemplares de la obra a varios amigos, y no habló ya más del libro.

La segunda etapa de su vida (1783- 1803) comprende la maduración de su arte poético y pictórico. En 1784 abrió un nego­cio de grabados, que mantuvo hasta la muer­te de su hermano Robert; luego trabajó para otros: primero con Thomas Butts, quien le ayudó generosamente y fue siempre amigo suyo, y, más tarde (1800), junto a William Hayly, noble que se jactaba de poeta y me­cenas y que asignó a Blake como residencia un «cottage» en Felpham, en el litoral de Sus- sex, donde nuestro autor pasó tres plácidos años y compuso algunos versos que figuran entre los más deliciosos y abstrusos de su producción. Desde 1793 a 1800 vivió en Lambeth, suburbio de Londres.

En su última época (1803-27), pasada en esta capital, re­veló en poesía una extravagancia creciente, seguida por veinte años de silencio casi ininterrumpido y un pleno afianzamiento como artista. En Londres cayó primeramen­te en manos de Richard Cromek, quien lo explotó.

Luego, tras la ruptura con éste, trabajó con John Linnell (1813), pintor de paisajes y el mejor de sus patronos; para él grabó Inventions on the Book of Job, su obra maestra, y algunas ilustraciones para la Divina Comedia. En los últimos años de su existencia se vio rodeado por un círculo de amigos y discípulos.

Estos acontecimien­tos externos no permiten reconstruir el ca­rácter extraordinario de Blake, muy irritable y capaz de dar tanta importancia a una cuestión privada como para llevarla a los libros donde el problema adquiría grandes proporciones; revolucionario en teoría (que­dó intensamente impresionado por las revo­luciones de América y Francia) y adversario de los soberanos y las leyes, manifestaba una índole violenta, incluso a través de su aspecto físico: de escasa talla, y con anchos hombros cuadrados y una gran cabeza auto­ritaria, poseía el tipo de los hombres de la Revolución francesa.

Por otra parte, era impresionable y sincero, poseía el entusias­mo y el sentido de la inocencia propios de un eterno muchacho o de un primitivo; juzgaba realidades materiales las creacio­nes de su viva imaginación: así, el aconte­cimiento más notable de su vida hubo de ser la visión de gran número de ángeles sobre un árbol; Blake contaba entonces diez años escasos, y, en adelante, tuvo coloquios con profetas y santos encamados. La lec­tura de textos de literatura mística y ocul­tista le afianzó en sus creencias sobre el valor de su experiencia de visionario.

Su idea cardinal llegó a ser la desconfianza absoluta en el testimonio de los sentidos; para Blake, éstos suponen barreras que se inter­ponen entre el alma y la verdadera sabi­duría y el goce de la eternidad. Al negar el mundo sensible no veía las cosas como aparecen, sino únicamente los tipos y las ideas eternas y más reales que aquellas mismas: no los corderos, sino el Cordero, ni los tigres, antes bien el Tigre.

Tales ar­quetipos se presentaban a sus ojos con un relieve particular, que dio lugar a la ma­nera exaltada de sus grabados. Como ar­tista, por tanto, Blake resulta un típico «manierista», en la línea de Fuseli: en él se realiza la disolución de las formas clásicas, y ello sin que se haya llegado todavía al nuevo equilibrio romántico. La mayor parte de los escritos de este autor fue publicada en una forma que él mismo inventó y empezó a emplear hacia 1788.

Con arreglo a este método de illuminated printing (impresión miniada), el texto y sus ilustraciones eran trasladados en sentido inverso encima de planchas de cobre con una sustancia no al­terable por la acción de los ácidos (una especie de barniz); luego éstas eran graba­das como un aguafuerte hasta que, por último, toda la ilustración adquiría relieve.

Después se obtenían con ello los grabados, que más tarde el artista iluminaba delica­damente a la acuarela, con lo cual cada una de las copias poseía una individualidad pro­pia. Hacia 1793, Blake introdujo una modifica­ción en el procedimiento original: el «wood­cutting on copper» (talla sobre cobre), em­pleado junto con el otro método en casi todas las obras impresas a partir de aquella fecha.

En tal sistema la plancha era recu­bierta al principio con un fondo; las partes que habían de ser grabadas, o sea los con­tornos del dibujo, eran sacadas con un ins­trumento puntiagudo; luego se quitaba el fondo en el espacio destinado al texto, que era llevado sobre el metal como en el otro procedimiento y, finalmente, se grababa todo el cobre mediante el ácido. Sólo en algunas de las obras de Blake se utilizó el mé­todo corriente de grabado.

La personalidad de nuestro autor resultaba demasiado ex­cepcional para que pudiera ser incluida en la tradición inglesa y hacer escuela (siquie­ra en pintura tuviese algún seguidor, como Samuel Palmer). Con todo, desde su reva­lidación en 1863 por obra de los prerrafaelistas, conoció una amplia fortuna póstuma. Como poeta, Las bodas del cielo y del infierno (v.) es su obra más divulgada. Revela una clara influencia de Swedenborg, y es una mezcla de visiones apocalípticas y de aforismos sibilinos.

M. Praz