Las Mecánicas, Galileo Galilei

[Meccaniche]. Obra de Galileo Galilei (1564-1642), compuesta, según Viviani, en 1593, perteneciente al primer período paduano en que el gran científico comenzó a elaborar con independencia, organicidad y método cien­tífico las teorías mecánicas que habían de tener más tarde su exposición definitiva en los Discursos y demostraciones matemáticas (v.). La obra, traducida al francés y publicada en París en 1634, por el padre Mersenne, y después en su texto original, en Rávena, en 1649, debió de ser compues­ta para uso de los alumnos privados de Galileo, y contiene una exposición del fun­cionamiento de las máquinas simples y de la utilidad que podrá obtenerse de ellas.

En una primera parte determina la fun­ción de la máquina en relación con el que puede llamarse principio de uniformidad de la naturaleza, presupuesto tanto del sa­ber científico como de la técnica. Aquí puede advertirse una crítica a la idea, que se repite también en los Problemas mecánicos pseudoaristotélicos de una milagrosa excepcionalidad en los resultados de las máquinas. Una segunda parte está dedicada a las «definiciones» de los conceptos fun­damentales interpretativos, donde ya vemos la resolución de conceptos de la experien­cia empírica, toscos y confusos, en los cientificometódicos. Entre estos conceptos es fundamental el de «momento», que es «el ímpetu de ir hacia abajo, compuesto de gravedad, posición y de todo aquello por lo que pueda ser ocasionada tal propen­sión», donde el confuso concepto tradicio­nal de la pesantez, en el que se fundían la experiencia empírica y la teoría metafísica, se disuelve en un sistema de relaciones fun­cionales.

Ese concepto es la universalización del principio de Arquímedes de la palanca — pesos conmensurables están en  equili­brio cuando están en razón inversa de su distancia del punto de apoyo — y a él se refiere el principio esencial de la teoría de las máquinas galileanas, esto es, que lo que se gana respecto a la resistencia se pierde en velocidad, de manera que jamás se puede «superar ni, en cierto modo, en­gañar a la naturaleza». La parte más ex­tensa de la obrita contiene una serie de investigaciones acerca de las máquinas sim­ples, en que el material ya elaborado por sus predecesores, como Del Monte y Stevino, es ordenado, reduciendo la teoría de las diversas máquinas a la fundamental de la palanca y generalizando los principios, como el de los trabajos virtuales. Sigue un breve capítulo acerca de la fuerza de la percusión. La obra, modelo en su época de sistematización y claridad, es importante para determinar el desarrollo del pensa­miento científico galileano.

A. Banfi

 

El Mecanismo de la Herencia Mendeliana, Thomas Hunt Morgan

[On the mecanism of the Mendelian heredity]. Obra del biólogo nor­teamericano Thomas Hunt Morgan (1866- 1945), escrita en colaboración con sus dis­cípulos C. B. Bridges, A. H. Sturtevant y H. Muller, y publicada en 1915.

Están re­sumidos en este libro sus principales des­cubrimientos, que sirvieron para difundir los primeros conocimientos acerca de la constitución del substrato material de la herencia. La obra tuvo grandísima difusión, porque sus autores, reduciendo al mínimo la complicada nomenclatura técnica, con­siguieron hacer accesible una teoría que, precisamente por ser poco comprendida, tuvo numerosos contrarios, y fue acogida en muchos países con gran retraso. El des­cubrimiento fundamental de los autores consiste en haber establecido que los ca­racteres hereditarios son casi totalmente determinados por unidades corpusculares (llamadas «genes») colocadas en fila, en puntos fijos de los «cromosomas», los cuales son a su vez orgánulos situados en el nú­cleo de las células de los tejidos de toda especie de vivientes.

Basándose en esta doc­trina, resulta, por ejemplo, que el carácter «ojos azules» en la especie humana es de­bida a la presencia de un «gene» especial situado en un punto preciso del núcleo de cada célula. La teoría de los genes alinea­dos (hoy atribuida sobre todo a Morgan y universalmente admitida) procede de las leyes de Mendel, cuya validez general de­muestra. Al igual de otras muchísimas pu­blicaciones de genética moderna, la obra se refiere principalmente a los experimentos efectuados con la mosca de las fermenta­ciones («Drosophila melanogaster»), la cual, gracias a los genetistas americanos, se ha hecho de uso general en la experimentación biológica, tanto como el conejillo de Indias y el ratón.

C. Barigozzi

La Medalla, John Dryden

[The Medal]. Poema sa­tírico de John Dryden (1631-1700), publi­cado en 1682. El título del poema procede de la medalla con la leyenda «Laetamur» acuñada por los «whig», cuando el jurado del Middlesex rechazó la moción de alta traición contra el conde de Shaftesbury (1612-1683). Dryden aprovechó la ocasión para un feroz ataque contra Shaftesbury, y una sátira de la demagogia. El ataque de Dryden tuvo continuación en otros versos polémicos (v. Mac Flecknoe).

M. Praz

De la Mecánica Ondulatoria a la Teoría del Núcleo, Louis de Broglie

[De la mécanique ondulatoire a la théorie du noyau]. El propósito de esta obra, en tres volúme­nes (aparecidos respectivamente en 1943, 1945 y 1946), de Louis de Broglie (n. 1892), es dar una exposición de las teorías des­arrolladas, en los últimos años, sobre el núcleo del átomo y demostrar cómo estas teorías forman una prolongación natural del desarrollo de la mecánica ondulatoria.

En el primer volumen, Louis de Broglie recuerda las nociones elementales de la me­cánica ondulatoria, necesarias para poder abordar el estudio de las fuerzas nucleares y de la estabilidad de los núcleos. Tras un repaso de algunos puntos fundamentales del estado actual de los conocimientos sobre el núcleo y su constitución, una exposición de la hipótesis de Heisenberg sobre las fuer­zas nucleares, demostrando su insuficiencia en lo concerniente a las fuerzas protón- neutrón, y la exposición de la hipótesis de Majorana sobre las mismas cuestiones, el autor traza un boceto de la teoría de las fuerzas nucleares y da la representación analítica de las interacciones nucleares. El segundo volumen aborda la teoría de los campos nucleares; del mismo modo se desarrolla a continuación el estudio de los espectros continuos «beta». Se encuentra aquí la hipótesis de Fermi a este respecto, después de haber sido recordadas las hi­pótesis del neutrino y la teoría del elec­trón magnético de Dirac.

Louis de Broglie demuestra que la hipótesis de Fermi se ha transformado gracias a los trabajos de Yukawa y al descubrimiento experimental del mesón. El final del volumen está de­dicado a la teoría de los campos mesónicos en las formas más recientes. La teoría quántica de las colisiones y sus aplicaciones a la teoría del núcleo constituyen el objeto principal del tercer volumen. Los más im­portantes puntos tratados son los siguien­tes: difusión de una partícula por un áto­mo, choque elástico e inelástico de un elec­trón contra un átomo, difusión de las ondas por los «huecos de potencial». La in­suficiencia del esquema de los huecos de potencial, en lo que respecta al choque de un neutrón contra un núcleo pesado, lleva a Broglie a exponer la teoría de Bohr y las fórmulas del tipo «dispersión» (Breit y Wigner) que se refieren a ello. Estudia después el paso de las partículas a través de las barreras de potencial (teoría de la radioactividad a de Gamow). Finalmente, concluye señalando las indicaciones sobre las tentativas hechas para aplicar las con­sideraciones termodinámicas a los fenóme­nos nucleares y sobre la disminución de velocidad de las partículas cargadas al atra­vesar la materia.

Mecánica, Gustav Robert Kirchhoff

[Mechanik]. Obra del físico alemán Gustav Robert Kirchhoff (1824-1887), publicada en Leip­zig en 1874. Es notable por su manera, en parte original, de tratar la mecánica, y especialmente los principios de la dinámica, para los cuales Kirchhoff adoptó el cri­terio de exposición propuesto por el filó­sofo e historiador de la ciencia E. Mach: hacer de la dinámica una pura y sencilla «descripción» de los fenómenos de movi­miento, sin presunciones de interpretacio­nes causales.

Varios estudios particulares, que constituyen el objeto de sus Lecciones de matemática física [Vorlesungen über mathematische Physik], publicadas póstumas (Leipzig, 1894, 4 vols.)—especialmen­te los referentes a la conductibilidad eléc­trica de algunos conductores, sobre la distribución de la carga por «influencia» en cuerpos esféricos, sobre la ley de Ohm, sobre el magnetismo inducido, la conduc­tibilidad térmica y la termodinámica de las soluciones y vaporizaciones —, revelan claramente que Kirchhoff tenía singular ap­titud para plantear en forma matemática los problemas de la física. Tienen particu­lar importancia sus leyes (llamadas precisamente de Kirchhoff) relativas a la dis­tribución de la corriente que se subdivide pasando por varios conductores. (Si diver­sos conductores convergen en un punto P «nodo» — la suma algebraica de las in­tensidades de las corrientes que concurren en P o se alejan de ella es nula. En un polígono cerrado de hilos conductores «red» — la suma algebraica de los pro­ductos de las varias resistencias por la in­tensidad es igual a la suma de las fuerzas electromotrices). También es importante su ley sobre el poder emisor del cuerpo negro (la relación entre poder emisivo y poder absorbente respecto a una radiación de una longitud dada de onda, es constante para todos los cuerpos puestos a una misma temperatura).

No tienen menos importan­cia sus célebres investigaciones de espec­troscopia (no olvidemos que Kirchhoff, junto con Bunsen, fue el inventor de la espectroscopia). Él fue quien observó el fenómeno fundamental de la «inversión del espectro» (un gas o un vapor «absorbe» aquellas radiaciones que es capaz de emitir si se pone en incandescencia), fenómeno que había de tener tan amplia aplicación en la astrofísica, permitiendo identificar elementos y compuestos que se hallan en cuerpos celestes. Así, por ejemplo, los bien conocidos rayos negros (de Wollaston y Fraunhofer) que aparecen en el espectro solar, corresponden a radiaciones absorbi­das por estratos gaseosos que circundan la fotosfera del sol, y denuncian así la pre­sencia de elementos bien determinados en aquellos estratos gaseosos — en último aná­lisis — en el mismo sol. Recordaremos, fi­nalmente, que siempre en colaboración con Bunsen (1861) y valiéndose del análisis es­pectral, Kirchhoff identificó dos nuevos ele­mentos: el cesio (llamado así por las dos bellas rayas luminosas en la zona azul turquí del espectro) y el rubidio.

U. Forti