Mecánica Hidrauliconeumática, Kaspar Schott

[Mechanica hydraulico-pneumatica]. Obra del físico y matemático alemán padre Kaspar Schott (1608-1666), publicada en Wurzburgo el año 1657. Como en todas sus de­más publicaciones, que son numerosísimas — Magia universalis naturae et artis (1657- 1659), Pantometrum Kircherianum (1660), Physica curiosa sive mirabilia naturae et artis (1662), etc. —, el docto jesuita se re­vela también aquí, más que nada, como in­teligente divulgador de los descubrimientos ajenos. Su obra, en efecto, sigue muy de cerca las investigaciones de Otto von Guericke, de quien fue amigo, y describe sus más importantes experimentos sobre la elas­ticidad del aire, los efectos del vacío, etc., ilustrándolos con 50 tablas. Schott se pro­puso también dar un compendio de todo cuanto se conocía en la Antigüedad acerca de la mecánica hidrauliconeumática, y su obra fue comparada en este aspecto con la Pneumática de Herón (v.); pero la parte viva y nueva de la obra se refiere a las ob­servaciones de Guericke, y cuanto en ellas se contiene se encuentra también en los Ex­perimentos nuevos (v.), por lo que la obra debe considerarse como trabajo común de Schott y de Guericke.

Mecánica Analítica, Giuseppe Luigi Lagrange

[Mécanique analytique]. Obra del matemático italiano Giuseppe Luigi Lagrange o Lagrangia (1736-1813), publicada en 1788. Tratado importantísimo en el que el autor se propone un nuevo método de investiga­ción: sintetizar la mayor parte de las propo­siciones en una sola fórmula y fijar de una vez para siempre las demostraciones necesa­rias. La dinámica es, de este modo, deducida de la estática, en una derivación matemática y lógica basada sobre principios fundamen­tales de las dos ramas. Por lo tanto, puesto que los diversos principios de la mecánica sólo expresan aspectos diversos de los mis­mos fenómenos, es obvio que ellos pueden ser deducidos unos de otros. Asimismo, La­grange pasa revista a los diversos enuncia­dos de la mecánica y a las fórmulas matemáticas que los expresan, hallando los puntos lógicos de relación entre ellos y ordenándolos de este modo en exposición orgánica. También se establece la nueva dirección para las investigaciones analíti­cas relativas a los fenómenos físicos, por lo cual es fácil dominar prácticamente del modo más sencillo todos los problemas que se puedan encontrar en este campo. Con este método estudia Lagrange, entre otros, el teorema de la fuerza viva, el de los tra­bajos virtuales y el principio de D’Alembert.

O. Bertoli

Mecánica, Herón de Alejandría

Obra científica en lengua griega del mate­mático Herón de Alejandría (siglos I-II d. de C.). El texto original se perdió, y que­dó de él sólo una traducción árabe, des­cubierta por Carra de Vaux, quien la pu­blicó en 1893 con el título de La Mecanique ou l’Elevateur de Héron d’Alexandrie. He­rón parte de los principios de la mecánica aristotélica contenidos en las Cuestiones mecánicas (v.) y de la ciencia de Arquímedes. Desarrolla la teoría de las cinco máquinas simples: palanca, tornillo, cuña, polea y plano inclinado, deduciéndola del estudio del movimiento de un cuerpo pe­sado sobre un plano inclinado, y la acom­paña de numerosos problemas prácticos. Es notable en el tercero de los tres libros la definición de la hélice cilíndrica y de sus propiedades, que Herón verosímilmente saca de una obra perdida de Apolonio Per- geo, mientras que la teoría de los centros de gravedad, según confesión del propio He­rón, está sacada de Arquímedes.

A. Uccello

Herodes y Mariene, Friedrich Hebbel

Siguió Herodes y Mariene [Herodes und Mariamne], drama en cinco actos de Friedrich Hebbel (1813-1863), escrito en 1848, el primero del período vienés, en que el poeta alcanzó la plenitud de su desarrollo artístico: por esto consideraba a esta obra como su obra maestra. Como en Judith (v.), a la cual este drama, incomparablemente espiritualizado, se aproxima por su fuerza poética, se enfrentan hombre y mujer, el brutal elemento masculino y el femenino, más noble, que aquí es el que moralmente triunfa. Pero por encima de este conflicto luchan entre sí dos edades: una ya decadente y llamada a la muerte con su moral de la fuerza despótica, representada por el tirano Herodes, y otra naciente, proyectada hacia el futuro, con sus ideales cristianos de noble dignidad humana, representada por Mariene.

Hebbel había aprendido tam­bién en aquel tiempo a apreciar la subli­midad de la mujer y del matrimonio en su esposa Cristina Enghaus, la primera actriz que encarnó en la escena a Mariene. También aquí el argumento está tomado de Flavio Josefo, que presenta el derrumba­miento del mundo oriental en contacto con el mundo romano. Herodes, rodeado de ene­migos, es cada vez más desconfiado y cruel; por temor, no infundado, de ser traicionado, ha mandado dar muerte a su cuñado Aristóbulo, de la estirpe de los Ma- cabeos; su más feroz enemiga, su suegra Alejandra, le ha acusado ante Marco An­tonio, que le manda llamar para justificar­se. Sólo su esposa, la bella macabea Ma­riene, le es incondicionalmente fiel; pero él desconfía hasta de ella y, en la duda de que después de su muerte pueda dar su mano a otro, le hace jurar que en caso de que él muera se suicidará. Mariene se nie­ga a este juramento, considerándolo con­trario a su dignidad y a la confianza que merece. Pero se entera con horror que He­rodes ha dado ya órdenes al verdugo, para el caso de que no regrese. Pero Herodes regresa, después de haber sido bien reci­bido por Marco Antonio; éste, antes de combatir contra Octavio en Accio, vuelve a llamarle, y Mariene es feliz, esperando que esta, vez superará la prueba.

Pero He­rodes interpreta en mala parte su alegría, y por celos la pone bajo la espada de un confidente, Soeme, el cual, cuando se di­funde por Jerusalén la noticia de que después de la derrota de Accio, Herodes ha muerto, confiesa a Mariene la orden recibida. Ella entonces decide vengarse y da una fiesta, en la que en medio del asom­bro de todos se muestra tal como Herodes sospechaba que era. Herodes vuelve du­rante la fiesta y manda condenar a muerte a su mujer. Mariene no se defiende, pero antes de morir revela al romano Tito que ha hecho voluntariamente a su suegra el juramento que en un tiempo le pidió He­rodes; pero le hace jurar que no se lo dirá a Herodes hasta después que esté muerta. Cuando Herodes lo sabe, se aferra más desesperadamente que nunca a su co­rona, pero también por ésta tiene que te­mer, pues comparecen los Reyes Magos, que guiados por la estrella se dirigen a Belén a adorar al «rey de reyes» recién nacido. Herodes ordena la matanza de los inocentes en Belén, pero «Moisés se salvó a pesar del Faraón». Y se anuncia la era nueva. El drama, en pentápodos yámbicos, no podía tener, dado su argumento, un gran éxito teatral, pero es rico en escenas vigorosas de contenido y forma. [Trad. es­pañola de Ramón María Tenreiro (Madrid, 1923)].

C. Baseggio-E. Rosenfeld

El Mayorazgo Noradell, Carlos Bosch de la Trinxeria

[L’hereu Noradell]. Novela del escritor rosellonés Carlos Bosch de la Trinxeria (1831-1897), publicada en 1889. El subtítulo, «estudi de familia catalana», ya indica la intención del novelista. En el pueblo ampurdanés de Masarach radica el antiguo linaje de los Noradell, en cuya casa solariega viven el anciano don Jaume Noradell, que muere a poco de empezar la narración, su hijo Mar- sal con su esposa Teresa y su hija Mercé. Un grupo de propietarios y campesinos de la comarca convence a Marsal para que presente su candidatura de diputado a Cor­tes para evitar el triunfo del candidato gubernamental. Naturalmente, Marsal gana las elecciones y tiene que afincarse en Madrid, donde da y asiste a numerosas fiestas de sociedad. Así va mermando su capital, has­ta que acaba arruinándose cuando la filoxe­ra arrasa sus ricos viñedos. Entonces tiene que vender o hipotecar sus propiedades, siendo su principal acreedor don Pau Maresch, cuyo hijo Lluís está enamorado de Mercé. Y finalmente puede celebrarse el matrimonio, y así continúa en su esplendor la casa de los Noradell. Novela típicamen­te costumbrista, en la que el interés se centra más en las descripciones del paisaje o de las faenas del campo que en los ca­racteres de los personajes.

A. Manent