Los Milagros de la Virgen, Gastón Paris y Ulysse Robert

[Mirácles de Nostre Dame par personnages]. Una parte notable de los materiales em­pleados por el teatro edificante francés de la Edad Media proviene de la copiosa no­velística, latina y vulgar, en prosa y en verso, que exalta a la Virgen benigna, que se conmueve ante una fervorosa plegaria aun en el caso del más negro pecador y que está siempre dispuesta a poner remedio a las más difíciles situaciones.

No puede asombrarnos, puesto que esta literatura mariana, ante la cual a menudo sentimos la tentación de preguntarnos si el fin piadoso y la intervención divina no son más que un pretexto para mostrar despreocupada­mente toda la gama de motivaciones, debi­lidades, vicios y virtudes del corazón hu­mano, da la impresión no tanto de epope­ya sagrada como de una inmensa comedia terrenal. Del siglo XIII nos ha llegado so­lamente un ejemplo de reducción teatral de esta extraña novelística profanorreligiosa: El milagro de Teófilo (v. Teófilo) de Rutebeuf; el siglo XIV, en cambio, nos ha dejado, entre otras cosas, una colección or­gánica de cuarenta milagros de la Virgen escenografiados en versos octosílabos por distintos y desconocidos autores de la se­gunda mitad del siglo y coleccionados en un mismo manuscrito que, según parece, fue el repertorio de una asociación poética parisiense.

La colección, después de varias publicaciones parciales, ha sido totalmente impresa por Gastón Paris y Ulysse Robert [Miracles de Nostre Dame par personnages, París, 1876-1893]. Todos los temas en ella tratados los conocemos ya por otras ver­siones; la mayor parte se encuentran en las colecciones narrativas de los milagros de la Virgen, como, por ejemplo, para re­cordar solamente las más famosas en len­gua vulgar, las de Gautier de Coincy (Mi­lagros de la Santa Virgen, v.) y de Alfon­so X de Castilla (Milagros de Nuestra Se­ñora, v.); otros son adaptaciones de leyen­das hagiográficas o históricas, de temas folklóricos, o de relatos épicos y caballe­rescos. Entre los argumentos encontramos el del niño entregado al diablo; la abadesa encinta; el obispo asesinado por el arce­diano, codicioso de sucederle; la reina de Portugal que da muerte al senescal y a su prima; Salomé, que, incrédula en lo tocante a la concepción virginal de María, pierde las manos por quererse enterar de ello y las recobra en cuanto se arrepiente; San Juan Crisóstomo, injustamente calum­niado; la monja que huye del convento con un galán y vuelve arrepentida después de treinta años de vida conyugal; el papa que ha vendido la dispensa de un voto a San Pedro; la conversión y las tentaciones de San Guillermo llamado del desierto; Ma­ría, que regala a un obispo un frasquito de oro lleno de leche de su pecho.

Es, como se ve por esta parcial enumeración, un mundo crudamente realista, en que la Ma­dre de Dios, invocada, baja todas las veces con su séquito de ángeles para arreglar un orden moral del que evidentemente no re­sulta motivo de escándalo por la mezcla extravagante e irrespetuosa según el pa­recer de los modernos, de divinidad y ab­yección, visiones celestes y episodios de farsa, devota entrega y cándida irreveren­cia. Por lo que se refiere al valor artístico, no hay que exigir demasiado a la rudimen­taria dramaticidad de estos Milagros, que, por otra parte, son desiguales desde este punto de vista, como son desiguales en las proporciones, y ofrecen a veces méritos de agilidad, vigor y calor emotivo; nos inte­resan vivamente más bien como precioso documento de una mentalidad singular y como ingenuo reflejo de la sociedad y de las costumbres de una época llena de sin­cera y fácil credulidad.

S. Pellegrini

Los Milagros de la Santa Virgen, Gautier de Coincy

[Les miracles de la Sainte Vierge]. Obra del benedictino francés Gautier de Coincy (1177-1236), en donde aparecen ver­sificadas 75 de las más conocidas leyendas marianas. Gautier extrae su material de las numerosas colecciones de milagros y le­yendas medievales, que muchas veces se limita a traducir al pie de la letra; pero el mismo hecho de reducir una materia tan heterogénea a un título común pone de relieve una intención que no es solamente de edificación religiosa.

Gautier, en efecto, se separa de sus predecesores (Ugo Farsito, Hermán de Valenciennes, Gilberto de Nogent, Elinando, etc.) no solamente por la elaboración literaria que en el siglo XIII había concluido la fase formativa del gé­nero, sino también por un nuevo interés poético y un candor de emoción que en­cuentra en él una expresión más fuerte que en las colecciones de «ejemplos» medieva­les. En éstas, el milagro servía para amo­nestar al olvidadizo y para edificar al fiel; Gautier, en cambio, despoja la fe de todo símbolo racional y se entrega al milagro con el alma estupefacta de un verdadero juglar de la Virgen: y cuanto más porten­toso es el hecho, tanto más vigorosa es su fe. Ve en la Virgen como un mundo de misericordia y de piedad donde no hay pecado que no reciba su perdón; su inter­vención providencial llega siempre a des­enredar las situaciones más desesperadas para las almas que se extravían, como cuan­do toma el lugar de la monja que huye del convento (v. Sor Beatriz), o cuando resucita al niño muerto entre los brazos de la infanticida que está a punto de ser que­mada, etc.

Por este aspecto maravilloso y espectacular, el legendario de Gautier gozó de una gran popularidad y, además de ser imitado y traducido a todos los idiomas, llegó a convertirse en una de las más acre­ditadas fuentes del teatro religioso, ofre­ciendo motivos a numerosos «milagros» y «pasiones» medievales. Los 30.000 versos que componen la obra, en la monotonía del discurso narrativo y en la repetición me­cánica de las mismas situaciones, raramen­te alcanzan verdadera belleza lírica; pero quedan la encantadora delicadeza de la ins­piración del poeta y el asombro religioso que brota de su corazón.

C. Capasso

Los Milagros del Anticristo, Selma Lagerlöf

[Antikrists mirakler]. Novela de la escrito­ra sueca Selma Lagerlöf (1858-1940), publi­cada en 1897. En Diamante, pequeña aldea siciliana que recuerda Taormina, roban de la iglesia la verdadera imagen del Niño Jesús y la sustituyen por la falsa del Anti­cristo: así todos los milagros de dicha ima­gen sólo procuran bienestar material.

En torno a dicho motivo se desarrolla la sen­cilla trama. Micaela, hija de un noble arruinado, se casa con un anciano y rico señor del lugar. Gaetano, joven y pobre, está fascinado por la belleza de la joven, que en su marco de riquezas le parece aún más hermosa. Cuando Gaetano se atreve a confesar su amor a Micaela, ella le rechaza y él, para olvidarla, huye a Inglaterra, donde conoce las doctrinas socialistas, se entusiasma y se convierte en seguidor de las mismas. Al volver al país, su fama de socialista hace que las autoridades le consi­deren peligroso y, por prudencia, lo en­carcelen. Mientras Gaetano está en la cár­cel, le llega la noticia de que Micaela ha fallecido; pero es un error, puesto que quien ha muerto es su marido, y cuando el joven, al quedar libre, es recibido jubilosamente por sus paisanos, encuentra a Micaela y, con la inesperada felicidad, se desmaya. La mujer, conmovida, olvida todo respeto humano y va a su lado; desde este momen­to empieza la felicidad para los protago­nistas.

Micaela encarna, el tipo preferido por la autora: es una criatura en la que los impulsos generosos del alma dominan siempre a la fría reflexión; y en la aven­tura de las dos imágenes del Cristo y del Anticristo, que sirve de fondo a la historia, está señalado el contraste entre el socialis­mo materialista y un posible socialismo re­ligioso. Pero el interés del libro radica so­bre todo en la descripción pintoresca del pueblecillo siciliano, en su sensibilidad por lo que hay de ingenuo y pueril en el alma popular, respecto a lo extraordinario y «mi­lagroso».

A. Ahnfelt

En el rudo mundo de las supersticiones populares meridionales, que es tan grave y duro en Verga, esta escandinava ha in­suflado un encanto poético que le da una ligereza huidiza y familiar de ensueño. (Tilgher)

De los Milagros, Pietro Pomponazzi

Tratado filosófico latino de Pietro Pomponazzi (1462-1525), publicado en 1567 y propiamente titulado Libro de las causas de los milagrosos efec­tos de la naturaleza, o sea de los encantamientos [De naturalium efectuum admirandorum causis, sive de incantationibus liber].

Luchando contra la concepción particular­mente cristiana de la inmortalidad del al­ma y planteando la antítesis entre el libre albedrío y el determinismo del acaecer, el autor examina si también en el mundo ex­terior puede haber una intervención de Dios directa y personal. Pero, por el hecho mismo de que nada arbitrario puede acae­cer en el orden natural de las cosas, re­afirma un sentido resueltamente averroísta contra Alejandro de Afrodisia y los, co­mentadores de Aristóteles que, aun después de la Escolástica, volvían a encerrarse en mitos y abstracciones: la intervención de Dios en las cosas de la naturaleza no es debida a un acto de voluntad personal y heterogénea, sino a la función de una ley universal de la naturaleza. Por esto no existen milagros en sentido propio y verdadero, sino realizaciones de un orden na­tural no bien conocido por los hombres. To­do entra en el orden de las cosas; y por esto hay que concluir, como hacen los ver­daderos racionalistas que no desprecian la inteligencia humana y sus posibilidades de pensamiento, que el orden del mundo es la cosa más milagrosa que puede existir.

Monstruosidad sería que en el orden cons­tituido de las cosas algo de ellas se saliese de su función específica y se aislase en una realidad infecunda. El tratado de Pompo­nazzi es notable por la tentativa de inter­pretar los mismos fenómenos naturales, no bien aclarados por la ciencia del Renaci­miento, en la órbita del conocimiento hu­mano, y según un riguroso naturalismo.

C. Cordié

Los Milagros, Jorge Florencio, San Gregorio de Tours

[Septem libri miraculorum]. Obra hagiográfica de Jorge Florencio, San Gregorio de Tours (538-594), que comprende diversos escritos reunidos por él poco antes de su muerte, con propósitos de edificación.

Cuatro libros, los únicos que tienen conexión entre sí, están dedicados a San Martín («De virtutibus S. Martini»), obispo y protector de Tours: fueron com­puestos entre 574 y 593 y cuentan los mila­gros obrados por San Martín después de su muerte, en su mayoría mediante objetos y cosas relacionados con su tumba, como la tierra que la cubre, que es, según Gre­gorio, el mejor de los talismanes. Para evitar repeticiones, Gregorio no trata de lo que ya había sido dicho en la Vida de San Martín (v.) de Sulpicio Severo, y en la de Paulino de Perigueux. Además de los «Milagros de San Martín» están compren­didos en esta obra los «Milagros de San Julián», patrono del autor, en un libro compuesto entre 581 y 587: es narrado en ellos el martirio del santo, y luego los mi­lagros obrados después de su muerte. Ofre­ce particular interés otro libro acerca de «La Gloria de los mártires» («De Gloria Martyrum»), compuesto hacia 590 y que narra algunos milagros de Cristo, de la Virgen y de los Apóstoles.

Algunos de estos milagros, como el del judío que hace san­grar el leño de la Cruz, fueron conocidísimos en la Edad Media. El último libro, en fin, «La Gloria de los confesores» («De Gloria confessorum») no es sino una conti­nuación de aquél y cuenta los milagros de mártires, en su mayoría nativos de la Galia. Con su narración, Gregorio quiere ofrecer a los hombres una enseñanza mo­ral; cada cual, afirma él, puede merecerla corona del martirio, si, armado de la cruz, combate el pecado. El ardor sincero que exhala toda la obra, escrita en ese estilo, abundante en innovaciones léxicas y sintácticas, característico de Gregorio, hace agradable su lectura, y la carencia de una preparación retórica más profunda, que él mismo deplora, hace que la fresca originalidad del autor quede de relieve.

E. Pasini