La buena esposa, Carlo Goldoni

La comedia tuvo una continuación en La buena esposa [Buona moglie], del mismo Goldoni, estrenada en 1748.

Bettina es ac­tualmente la mujer de Pasqualino, pero no es feliz porque éste, desviado del buen camino por Lelio, descuida a su mujer e hijo, prefiriendo a ellos las tabernas. En vano el sabio Pantalone (v.) trata de redimirle. Ottavio intenta enredar a Bettina con la ayuda de una alcahueta, Catte, mientras su criado Brighella (v.) le asiste en el arte de enriquecerse más o menos honestamen­te. Por fin, Ottavio acaba en la cárcel por deudas; Beatrice, su esposa, se refugia en la casa de Bettina, y Lelio fallece en una reyerta; una imprevista herencia saca del apuro a Ottavio, que decide tomar el buen camino, mientras lo propio hace Pasqualino, llamado a la realidad por tantos desgra­ciados acontecimientos. Goldoni aquí se busca a sí mismo: azares y personajes se agitan indecisos entre el drama y la farsa, mientras el ambiente es ora íntimo y fa­miliar, ora popular, sin encontrar de todos modos la fusión. Sin embargo, en compa­ración con la primera comedia se aprecia un adelanto; no solamente Bettina, dolorosa y patética, ha adquirido mayor relieve, sino que también todos los personajes resultan más seguros y bien delineados. Falta tan sólo aquella proporción, aquella armonía en que los elementos vivos aunque disper­sos de la comedia encontrarán más tarde en el teatro goldoniano calor de arte y dé vida.

U. Déttore

Mrcchakatika, Śūdraka

[El carrito de terraco­ta]. Drama hindú en diez actos atribuido al rey y poeta Śūdraka, de quien nada sa­bemos fuera de algunas particularidades biográficas, de carácter más legendario que histórico, recordadas en el prólogo del pro­pio drama, y sin duda añadidos después de la muerte del poeta, de la cual se hace mención en dicho prólogo. La fecha apro­ximada de su composición oscila entre los siglos IV y V.

Es una de las obras maestras del teatro hindú antiguo, y representante del género «prakarana» o drama burgués con asunto de invención pero tomado de la vida real, entre el vasto cuadro de las vicisitudes humanas. Sólo en 1914, con la publicación del Daridracārudatta (v. Cārudatta) o El pobre Cārudatta de Bhāsa, se pudo descubrir, nada menos, en este dra­ma, que consta de cuatro actos, la fuente, si no total, por lo menos de los cuatro pri­meros actos del Mrcchakatika. Las dos fi­guras predominantes del Mrcchakatika son el brahmán Cārudatta y la hetera Vasantasenā. El primero, de profesión mercader, nos es presentado al aparecer en escena como reducido a extrema miseria por efec­to de su excesiva liberalidad; la segunda es una hetera de alta condición social, ha­bituada al lujo y a las riquezas, que ha concebido un ardiente y tiernísimo amor por aquel brahmán, virtuoso aunque pobre. Pero Vasantasenā es cortejada y persegui­da por el cuñado del rey Pālaka, llamado Samsthānaka, tipo rudo, ignorante y gro­sero, el cual, después de muchas tentativas recurriendo a los halagos o a las amenazas consigue, en casual combinación, tener la anhelada presa en sus manos.

Y como Vasantasenā se le resiste, Samsthānaka la es­trangula, la recubre de un montón de hojas secas y queda seguro de haberla matado. Culpa del delito a Cārudatta, que, condu­cido a juicio ante el tribunal, es condenado a muerte. Pero mientras lo conducen al lu­gar del suplicio, poco antes de ajusticiarlo, comparece Vasantasenā acompañada de un monje budista que la ha descubierto desmayada en el sitio donde la abandonó Samsthānaka. Cārudatta está salvado. Es­talla entonces la sublevación popular que latía hacía ya tiempo; y el joven pastor Áryaka, antes preconizado rey, sube al tro­no ocupado hasta entonces por Pálaka. Vasantasenā obtiene el estado de mujer libre y se convierte en esposa legítima de Cārudatta. El título del drama está sacado de una escena del acto VI, en la cual Vasantasenā consuela al hijo de Cārudatta, de nombre Rohasena, que estaba llorando, y le llena de joyas un mísero carrito de barro cocido, con que juega, para que pueda comprar uno de oro, parecido a otro que él había visto, con infantil envidia, entre las manos de un compañero suyo. Este dra­ma, que no parece haber sido apreciado en lo que merecía por los retores indígenas, ha tenido una acogida muy favorable en Occidente. Sobresalen en él méritos artísticos de primer orden.

Es todo un mundo de personajes el que se nos presenta en es­cena, numeroso y multiforme como el de un drama de Shakespeare. Su interés dra­mático es mantenido vivo por su doble tra­ma: la privada, de índole eroticosentimental, y la pública, de carácter político. La elevación poética de varias escenas, la pro­funda penetración y representación de las pasiones que agitan el ánimo humano, el arte con que son representados y pintados los diversos caracteres de sus muchos personajes, hacen del Mrcchakatika una de las grandes creaciones del teatro mundial. Era natural que un drama así suscitase vasta resonancia en Europa, donde lo ha­llamos traducido a varias lenguas impor­tantes (italiano, alemán, francés, inglés, ho­landés, sueco, danés, ruso) y adaptado a la escena en refundiciones (especialmente ale­manas y francesas), las cuales, sin embar­go, después de una fortuna más o menos efímera, han sido superadas y olvidadas. Trad. italiana de M. Kerbaker, Il carretto d’argilci (Arpiño, 1908).

M. Vallauri

La Moza Honrada, Carlo Goldoni

[La putta onorata]. Comedia en tres actos en dialecto veneciano, de Carlo Goldoni (1707-1793), representada en 1748. Es la primera come­dia popular de Goldoni que, aunque per­maneciendo vinculada a una trama nove­lesca, es rica en vivaz frescura. El marqués Ottavio, no pudiendo conseguir a Bettina, joven y honrada muchacha del pueblo, tra­ta de casarla con Pasqualino, al que creen hijo del gondolero Menego. Pero a esto se opone Pantalone (v.), honesto protector de Bettina. Entonces Ottavio aconseja a Pasqualino que persuada a su novia a que vaya a su casa, casándose más tarde con ella, y puesto que Bettina no consiente, el marqués la manda raptar. Beatrice, espo­sa de Ottavio, descubre por casualidad el lugar donde tienen oculta a Bettina y la li­bera, desenmascarando a su marido. Mien­tras, se descubre que Pasqualino no es hijo de Menego sino de Pantalone, quien permite la boda y concilia a Ottavio con Beatrice después de solemnes promesas de una vida mejor por parte del noble vividor. Las máscaras siguen dominando en esta comedia y, con ellas, tipos que, como el usurero Scanna, desaparecerán del teatro goldoniano; la solución de la trama sigue confiada a reconocimientos; sin embargo,. alrededor de la aventura se agita con energía ple­beya un pequeño mundo de mujeres del pueblo y pescadores que es su verdadero protagonista y la justifica anunciando ma­yores realizaciones.

U. Déttore

Carece de la divina melancolía que es el ideal del poeta cómico y le alza por encima de su mundo, como si fuera su mismo ser, que acaricia con la mirada y no lo abando­na mientras no lo haya acabado completa­mente. (De Sanctis)

Sobre el Movimiento de los Graves, Evangelista Torricelli

[De motu gravium naturaliter descendentium et proyectorum libri duo, in quibus ingenium naturae circa parabolicam lineam ludentis per motum ostenditur et universa proiectorum doctrina unius descriptione semicirculi absolvitur].

Tratado de mecánica de Evangelista Torricelli (1608- 1647), que comenta y amplía el tercer diálogo de los Discursos y demostraciones ma­temáticas en torno a dos nuevas ciencias (v.). Fue presentado, todavía manuscrito, por Benedetto Castelli (1577-1644) a Gali­leo, en 1641. Tres años más tarde era in­cluido por Torricelli en sus Obras geomé­tricas (v.) (Florencia, 1644), junto con otros escritos. Fue reeditado en la colección de las obras de Torricelli a cargo de G. Loria y G. Vassura (vol. II, Bolonia, 1919, pági­nas 101-232). Torricelli atribuye expresa­mente a Galileo (cfr. ed. cit., 1644, pág. 154) el mérito de haber encontrado la fórmula fundamental del cálculo integral, que une la integral con la derivada. En Galileo di­cha fórmula está enunciada como una rela­ción entre espacio y velocidad, en la re­presentación geométrica del movimiento de un punto. Además de los estudios sobre ba­lística, hay que recordar el teorema sobre el flujo de un líquido por un orificio prac­ticado en la pared del recipiente que lo contiene. «La velocidad con que el líquido grave fluye de un pequeño orificio, es la misma que adquiere un peso cayendo (en el vacío) desde el nivel superior del líquido al del orificio»; ello fue deducido por To­rricelli aplicando el principio galileano so­bre el ímpetu. Se encuentra también en este tratado el principio llamado de Torricelli, según el cual un sistema de dos o más cuerpos está en equilibrio mientras una circunstancia cualquiera no modifica la po­sición de su centro de gravedad común.

A. Procissi

Movimientos Estelares, William Campbell

[Stellar Motions]. Obra del astrónomo norteamericano William Campbell (1862-1938), publicada en 1913. Comprende un curso de lecciones dado por Campbell sobre dicho tema en la Uni­versidad de Yale, en los Estados Unidos. El libro está dividido en ocho capítulos.

Em­pieza por describir los métodos espectroscópicos para la medición de la velocidad radial de los cuerpos celestes. Después de la introducción del análisis espectral y de la fotografía en el estudio de la astrofísica, Vogel había probado, en 1871, la posibili­dad de medir, mediante el principio de Doppler, la velocidad radial de las estrellas, es decir, la composición de su movimiento en dirección al rayo visual dirigido desde la Tierra al astro en observación. Dichas velocidades se miden con las fotografías de los espectros estelares y han abierto un rico campo de investigación en el que Campbell, director del Observatorio de Lick en el Monte Hamilton en California, fue uno de los investigadores más competen­tes. Las velocidades radiales de las estre­llas, que con las medidas con el espectró­grafo resultan en seguida de kilómetros por segundo, ofrecen quizás el mejor método para determinar la escala en que está cons­truido el sistema solar y, en primer lugar, la distancia astronómica Sol-Tierra; y si este método se combina luego con los mo­vimientos propios de las estrellas, deter­minados con otros métodos, nos da la es­cala del sistema estelar.

Por fin, con las velocidades radiales puede estudiarse la evolución de los sistemas de estrellas dobles, descubrir las que no pueden separarse vi­sualmente e investigar en general la evo­lución de las estrellas. Campbell trata pre­cisamente de los, métodos espectroscópicos para la medida de las velocidades radiales de los cuerpos celestes, cómo se miden so­bre sus espectros de diversos tipos, de los desplazamientos de las rayas de Fraunhofer, es decir, las rayas oscuras o lúcidas que se observan en los mismos espectros, y cómo de dichos desplazamientos se pasa a la velocidad gracias a la visual. Como sea que los movimientos de las estrellas son sistemáticos, puede deducirse que el Sol, con todo su sistema, está también en movi­miento con cierta velocidad y dirección. En el capítulo quinto, que trata en particu­lar de este problema, Campbell refiere los resultados de sus investigaciones sobre el movimiento solar deducido de más de mil velocidades radiales, que resulta en notable acuerdo con los deducidos antes y después de él mediante métodos análogos o méto­dos completamente distintos.

En la segunda parte del volumen, Campbell discute las relaciones entre velocidades radiales, tipos espectrales y distancias de las estrellas pa­sando luego a los sistemas de estrellas do­bles visuales y espectroscópicas; de estas últimas da una selección de todas las des­cubiertas hasta entonces. Termina el volu­men con el estudio espectroscópico de las variables de diversos tipos. La obra de Campbell es importante por ser de las primeras que exponen los métodos y los resultados obtenidos con el análisis espec­tral, que tantos progresos ha aportado para el conocimiento de los movimientos este­lares y de la estructura del universo.

G. Abetti