Las Mujeres de Amigos, George Courteline

[Les femmes d’amis]. Relatos de George Courteline (George Moineaux, 1860-1929), publicados en 1888.

La colección es bastante desigual; si bien se afirman en ella las cualidades ya conocidas del escritor — su brillante diá­logo, su lengua amena y llena de color—, se resiente en su conjunto de ciertos mo­tivos y tonos del Maupassant inferior, el de algunos cuentos de ambiente mundano, que no siempre está a su habitual altura. Algunos de los cuentos son rápidos esbozos de figuras femeninas poco profundizadas y carentes de verdadero relieve, o que inte­resan más a la patología que al arte; tal la de Henriette, que en el fondo no es más que un tipo de histérica, irritable y quisquillosa.

Ha de considerarse aparte, en esta obra, bien lejana en su conjunto y por su valor a otras del mismo autor, el cuento «El hijo», cuya situación, aparentemente paradójica, y sin embargo angustiosamente humana de un muchacho de dieciocho años, que pide al amante de su madre que vuelva de nuevo a ella, desolada y deshecha des­pués que él la abandonó, está representada con un vigor digno del inolvidable autor de Boubouroche (v.).

E. ámpola

Sobre las Mujeres, Denis Diderot

[Sur les femmes]. Breve escrito de Denis Diderot (1713-1784), aparecido en 1772 en la Correspondencia (v.) de Melchior Grimm, y que se ha hecho merecidamente famoso por su genial agu­deza y extraordinaria agilidad de estilo.

Resumiendo un libro del académico A.-L. Thomas (Éssais sur les femmes), Diderot aprovecha la ocasión para concentrar en una quincena de páginas densas y chispean­tes la materia de un tratado propiamente dicho. Con un imponente aparato de citas y alusiones históricas, de referencias al arte y a la literatura, a sus recuerdos persona­les y a la experiencia tradicional, pasa re­vista a los caracteres típicos de la natura­leza femenina en sus manifestaciones sobre­salientes, habla sucesiva y simultáneamente como un fisiólogo, un naturalista, un árido moralista y un poeta enamorado.

Después de haber dibujado, con eficacia impresio­nante, un completo cuadro fisiopsicológico, hace seguir una impetuosa y compasiva di­sertación sobre las condiciones sociales de la mujer en su época, en la que encontra­mos el eco de muchas ideas y teorías agi­tadas entonces corrientemente; al mismo tiempo, reconocemos en cada línea una justeza de toque y un mesurado rigor en el mismo calor de la declamación, que son los méritos más evidentes del genio de Di­derot. La originalidad de este raro escritor brilla aquí con viveza tan milagrosa, que puede decirse que bastan estas pocas pá­ginas, junto con las de la Conversación de D’Alembert y Diderot (v.), para dar idea de su arte y de su ingenio.

M. Bonfantini

Las Mujeres Curiosas, Carlo Goldoni

[Le donne curióse]. Comedia en tres actos de Carlo Goldoni (1707-1793), estrenada en 1753. El asunto parece inspirado en un aconteci­miento político contemporáneo. Cierto es que Goldoni tuvo presentes los círculos, políticos o intelectuales, que se pusieron de moda en aquella época: Pantalone (v.) ha alquilado una casita en la que reúne al­gunos amigos para charlar, cenar y tratar de negocios.

De tal círculo quedan exclui­das las mujeres, esposas, hijas y novias, las cuales, llenas de curiosidad, consiguen que Brighella (v.), criado de Pantalone, las introduzca a hurtadillas. Logran apagar así su curiosidad y aclarar las sospechas, de forma que el asunto termina con la con­cordia general. Un poco novelesca en el motivo y no muy feliz, esta comedia está animada, no obstante, por el juego de las mujeres, en que se repite un tema muy caro a Goldoni.

U. Déttore

Las Mujeres Celosas, Carlo Goldoni

[Le donne gelose]. Comedia en tres actos de Carlo Goldoni (1707-1793), estrenada en 1752. El verdadero protagonista de la comedia es el comadreo femenino, tan grato a Goldoni, animado, con mayor intensidad que otras veces, por los celos.

Giulia y Tonina sien­ten celos de la viuda Lugrezia, mujer as­tuta y divertida, viendo en ella un peligro para sus respectivos maridos Boldo y To­dero. Es Carnaval y el juego y las masca­radas hacen perder un poco la cabeza a to­dos: Boldo pide dinero prestado a Todero y éste lo hace a Lugrezia, dejando como prenda los objetos recibidos de Boldo. Ello da lugar a confusiones, sospechas y celos, mientras sobre el fondo van pasando las máscaras carnavalescas.

Finalmente, el jue­go, que había causado tantos males, viene a remediarlos todos con una victoria colec­tiva y, en torno a una mesa bien prepara­da, se acallan los rencores. En el empeño de hallar los tonos y el justo equilibrio de los personajes y de los movimientos, en este género que creará obras maestras como Los disturbios de Chioggia y El abanico (v.), Goldoni se entrega aquí a un verismo insó­lito en su teatro.

Este mundo popular es ávido y ruin; el carnaval nos despierta antes los apetitos que la jocosidad, de for­ma que la comedia, hecha para terminar en un juego, pasa de la mezquindad a la carcajada sin que añore una sonrisa.

U. Déttore

La Mujer en el Siglo XVIII, Edmond y Jules Goncourt

[La femme au XVIII siècle]. Obra de los her­manos Edmond (1822-1896) y Jules (1830- 1870) de Goncourt, publicada en 1862. En la búsqueda de documentos sociales que ca­ractericen una época, el siglo XVIII ofrece a los dos escritores la más amplia base de investigaciones y reflexiones : pues dicho siglo es el que originó su época y la elevó y formó dentro de sí.

Sus concepciones y sus tendencias se agitan aún en el si­glo XIX: de él deriva la edad moderna. Por eso, en este siglo, «francés por exce­lencia», antes descuidado por los historia­dores y mal comprendido en sus valores espirituales, los Goncourt han captado fá­cilmente algunas de las constantes que re­gulan la vida moderna, con una precisión científica que une el sentimiento de un ar­tista a la escrupulosidad de un investiga­dor o de un sociólogo. Los capítulos con­sagrados a la mujer constituyen partes di­ferentes unidas entre sí por el mismo inte­rés; siendo estudiada desde el nacimiento, hasta su entrada en el convento o el ma­trimonio.

La sociedad, los salones, las con­fidencias amorosas, los engaños y las re­laciones, el amor y la voluptuosidad, todo está pintado en un vasto cuadro que abarca desde la aristocracia y la burguesía a la mujer del pueblo e incluso a las mozas de placer; la influencia de las mujeres en el pensamiento y en las costumbres está examinada con viveza aunque con cierta monotonía; en conjunto está captada la función de la mujer en la sociedad del si­glo XVIII. Es un documento significativo de una época en que la mujer encarna el valor del siglo y, al mismo tiempo, la crisis de la nueva sociedad en formación; las Relaciones diplomáticas (v.) están en la misma situación respecto a la moral amoro­sa de la Francia del siglo XVIII, que el Príncipe (v.) de la moral política de la Italia del Renacimiento.

Continuación direc­ta del objeto de esta obra son las Actrices del siglo XVIII [Les actrices du XVIII siè­cle], Sofía Arnould [Sophie Amould], y los ensayos dedicados por Edmond de Goncourt a Mme. Saint-Huberty, a Mlle. Clairon y a la Guimard, ricos en anécdotas y carac­terísticas descripciones de las costumbres de la sociedad de aquel tiempo.

C. Cordié