El Nacimiento de Galván, Sobrino de Artús

[De ortu Walwani nepotis Arthuri]. Novela latina del siglo XII, de Roberto de Torigny, abate del monte San Miguel.

Galván (v.), uno de los principa­les caballeros de la Tabla Redonda, nacido de los amores de Ana, hermana del rey Artús (v.), con Loth, rey de Noruega, es confiado, para salvar el honor de la muchacha, a unos mercaderes, junto con un cofre lleno de riquezas y cartas selladas que contienen el secreto de su nacimiento. Un pescador lo rapta y le educa, y sólo en el momento de su muerte, en Roma, confiesa la verdad al papa Sulpicio y en­trega las cartas. A los quince años, Galván, armado caballero por el emperador, empieza la serie de sus aventuras. Realiza varias hazañas, entre otras la liberación de Jerusalén del sitio de los persas; se dirige luego a la Corte de Artús, donde salva a una doncella del asedio de un rey pagano, conquista gloria imperecedera y, en medio del entusiasmo general, Artús le reconoce como sobrino suyo.

Rica en episodios cu­riosos e interesantes, la novela es la única obra dedicada exclusivamente a Galván en­tre las que poseemos, aunque también apa­rezca en muchas novelas del Ciclo bre­tón (v.).

C. Cremonesi

El Nacimiento de Dionisos

En­sayo de reconstrucción de la antigua tra­gedia griega, anterior a Esquilo, por el escritor dominicano Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), publicado en 1916. Este ensayo se ajusta a la forma que empleó el poeta Frínico y cuyas características son el predominio absoluto del coro y la in­tervención de un solo actor en cada epi­sodio. El autor mismo explica que «no se ha omitido ninguna de las partes esenciales de la tragedia griega»; el «parodos», la en­trada del coro; los «episodios», que contie­nen la acción (forma primitiva de nues­tros «actos»); los «stasima» (cantos del coro que separan los «episodios») y el «éxodo» o final.

A. González Palacios

Nabucco o Nabucodonosor, Giuseppe Verdi

Es la ter­cera ópera de Giuseppe Verdi (1813-1901), estrenada en la Scala en 1842 con libreto de Temistocles Solera (1817-1878). Consta de obertura y dieciséis escenas en cuatro partes, tituladas: «Jerusalén» [«Gerusalemme»], «El impío» [«L’empio»], «La profe­cía» [«La profezia»] y «El ídolo roto» [«L’ídolo infranto»]. La obertura está cons­tituida con motivos de la obra.

Reunido en el templo de Salomón con el gran pontífice Zacarías, el pueblo de Jerusalén escucha el anuncio de las victorias de Nabucodonosor (v.), rey de Babilonia. Ismael anuncia la llegada de Nabuco como inminente, Zaca­rías consuela a los afligidos y enciende su esperanza. Esta introducción es dramática­mente notable por el cambio de actitud del pueblo, gimiente primero y luego animoso y decidido.

Como Fenena, hija de Nabuco, está en Jerusalén, Zacarías la confía a Is­mael como rehén. Fenena salvó un día la vida a Ismael; ahora Ismael quiere mos­trarle su reconocimiento. Entretanto, irrum­pe un escuadrón de babilonios vestidos de hebreos, junto con Abigail, a la que se cree hija de Nabuco, cuando, según luego se descubrirá, no es sino una esclava. Lle­gada con la espada en la mano, Abigail se olvida de la situación y hace una escena de celos a Ismael, del que está enamorada. La entrada de Abigail es violenta y dra­mática, típicamente verdiana. Pero el ter­ceto que sigue, apenas tiene sentido.

Na­buco entra en el templo; Zacarías le sale al encuentro, amenazando con matar a Fenena si da un paso más. Entonces Ismael libra a Fenena, que se pone a salvo junto a su padre. Grande, sonoro, plenísimo con­certante; todos cantan la misma melodía. Recitativo, cavatinas y «cabaletas» expre­san no tanto sentimientos, como los ím­petus de la voluntad, los agitados movimientos de la conciencia, con algunos re­flejos sentimentales.

El momento culminan­te, escénico y dramático, es aquel en que Nabuco sé corona y se opone a Fenena y Abigail. «Dal caso mió la prendí», expre­sado con un «gesto sonoro» orquestal. Representación del «terror general», mudo tu­multo en los pechos, silencio entre gritos reprimidos. El enfurecimiento del orgulloso Nabucodonosor está expresado con un cres­cendo coral, orquestal y solístico admirable por su variedad y efectismo. Después, caído el rayo sobre su cabeza, la situación se invierte.

Al vuelo del orgullo, sucede la caída en la humildad, la debilidad. El epi­sodio político familiar de Abigail y Nabu­co (la firma de la condena de los hebreos, la revelación de que Abigail es una esclava, el cautiverio imprevisto de Nabuco y la condena de Fenena), es un tanto superfi­cial, menos el «andante» de Nabuco «Or, di qual onta aggravasi». Al fin del acto, la adición del «coro de los esclavos hebreos sobre las riberas del Eufrates» es una de las más grandes piezas líricas de Verdi, can­to lleno de dolor y de humildad, que tras­ciende la situación melodramática, Nabuco prisionero ve desde la ventana a Fenena en prisión, ruega, cobra fuerza, recupera el mando y se dispone a libertarla con los soldados.

Abigail, al morir, se arrepiente. Además de las arias, es de notar en esta obra la participación de la orquesta y del coro en la representación del drama, que es también un drama del pueblo. La partitura ha sido objeto de un gran cuidado por el artista; su sentimiento le infunde vida y la dispone para el logro de sus fi­nes. Se afirman, con admirable fuerza y con nobles medios, los sentimientos que serán luego constantes en la dramaturgia de Verdi: la perennidad del dolor, la va­nidad de la perfidia y de las ambiciones injustas.

A. Della Corte

Nacido en el Destierro, George Gissing

[Born in earile]. Novela inglesa de George Gissing (1857-1903), publicada en 1892. Puede ser considerada como la obra maestra de este autor: profundísimo estudio psicológico que nos representa a un individuo de notable ingenio, pero de modesto origen, empeñado en elevarse en la escala social, en borrar las huellas de su procedencia, y destinado a permanecer excluido y repudiado de la sociedad a que aspira.

Godwin Peak, hijo de familia pobre, va a Londres para em­prender estudios científicos, frecuenta am­bientes de ideas racionalistas, se hace se­guidor de Darwin y de Huxley y escribe artículos en periódicos ateos. En un viaje, encuentra a un compañero de escuela que le invita a su casa. Conoce allí a la her­mana de su amigo, Sidwell, se enamora y quiere casarse con ella. Pero aunque su amigo comparte sus ideas, la familia es ortodoxa y conservadora. Para conseguir su deseo, Godwin renuncia entonces a sus con­vicciones y trata de hacerse grato al padre de la muchacha.

Todo parece secundar sus planes, Sidwell le corresponde y él está incluso dispuesto a tomar las órdenes, cuan­do los chismorreos de una amiga revelan bruscamente su pasado. Los acontecimientos se precipitan: en un último coloquio, él trata de explicar a Sidwell que su cam­bio es debido a su gran amor por ella, y se separa de la muchacha para llevar una vida errabunda y morir finalmente en el extranjero, desconocido de todos.

La no­vela, como todas las obras de Gissing, es profundamente pesimista; el autor, en tan­to que trata de demostrar la inutilidad de aspiraciones inalcanzables, ataca a fondo a la sociedad inglesa, Ostentadora rígida de una fe que no posee. Igual que en Reardom de la Calle de los muertos de hambre (v.), también Gissing ha puesto en este hé­roe mucho de sí mismo; igual que él, God­win es realista, misántropo, pesimista y cae víctima de una sociedad hipócrita y tirana.

A. Castelli

Nabucodonosor, Giovanni Battista Niccolini

[Nabucco]. Tragedia en cinco actos, en verso, de Giovanni Battista Niccolini (1782-1861), compuesta en 1815 y publicada en Londres en 1819. La censura prohibió durante largo tiempo su representación: todavía en 1845 tuvo que ser representada en la clandestinidad.

El protagonista es el padre del Nabucodonosor bíblico, inspirador de otras obras. Las po­cas noticias que de él tenemos permitieron a Niccolini evocar simbólicamente sus ha­zañas para aludir a los últimos momentos de la epopeya napoleónica. Según la clave dada por el mismo autor, Nabuco es, en efecto, Napoleón, su madre Vasti es Leti­cia, su mujer Ámiti es María Luisa, el gran sacerdote Mitranes es Pío VII, y así suce­sivamente.

Nabuco lucha contra Darío: su sueño es un ideal de imperio asiático, en­tendido como la más alta expresión de las posibilidades humanas. Pero es traicionado y vencido cerca del río Araxes (batalla de Leipzig). Retrocede, reúne a sus sátrapas para un último esfuerzo, y trata de llegar a un acuerdo con el gran sacerdote Mitra­nes, prisionero suyo; pero éste rechaza toda conciliación, ya que Nabuco no quiere re­conocer el poder concedido por Dios como superior al suyo, conquistado por las ar­mas, y los sátrapas,, afligidos por la muerte de sus hijos en la guerra, durante la re­unión (última reunión del cuerpo legisla­tivo) dan muestras de vacilación, mientras el valiente guerrero Arsaces (Carnot) opone a los ideales de Nabuco los derechos huma­nos de los pueblos. Sin embargo, Nabuco sigue combatiendo y, traicionado por su general Araspes (Marmont), es vencido una vez más.

Los enemigos entran en Babel (París) y Nabuco se echa en el Eufrates encomendando la venganza a su hijo. Se ex­presa aquí líricamente, con energía alfierana, el contraste entre un sueño imperial y un ideal de libre humanidad representa­dos por Nabuco y Arsaces: el primero me­rece admiración, el segundo arrastra el consentimiento. «En mí se odia al héroe, no al tirano», grita Nabuco; y Arsaces co­menta: «Este hombre no es tan grande cuanto yo quisiera, ni tan vil como se es­pera de un rey». Y estas dos posiciones quedan cada una de ellas justificada en sí misma, reunidas en ese único sentido lírico que concilia los opuestos y en el que se complacía el romanticismo clasicista de Niccolini.

U. Déttore

El fuego de su palabra, no templada en el arte sino en la acción, se apagó y es ceniza. (F. Flora)