Los Negocios son los Negocios, Giovanni Verga

[Les affaires sont les affaires]. Comedia en tres actos del escritor francés Octavo Mirbeau (1850-1917), estrenada y publicada en 1903.

Es una de las obras más notables del teatro naturalista, porque reproduce en toda su acritud psicológica la típica figura del hombre de negocios que olvida familia y amistades por sus intereses inmediatos. Isidore Lechat, incluso después de haber acu­mulado una gran fortuna, continúa con sus manejos de comerciante poco escrupuloso y, al ser nombrado director de un perió­dico, experimenta la ambición de ser ele­gido diputado.

Mientras, surge un puro idi­lio entre su hija Germaine y el joven quí­mico Lucien Garraud, empleado de Isidore; éste quisiera casar a la muchacha con él marqués de Porcellet, noble arruinado a quien desprecia, pero cuyo título envidia. Mas, en un diálogo dramático con el marqués, Germaine rechaza desdeñosamente un matrimonio que sólo satisfaría la ambición del padre; el negociante deshereda a su hija y la arroja de casa. Pronto una nueva desgracia cae sobre su vida: su hijo, vi­cioso y jugador, perece en un accidente de automóvil.

Apenas conocida la noticia, dos ingenieros dependientes suyos se presentan a Isidore para pedirle una firma en un documento. Pero el cauto financiero, inclu­so sumido en el dolor y el remordimiento, que empiezan a destrozarlo, no deja de examinar a fondo el documento y hace aña­dir un párrafo de garantía, mientras la esposa se desmaya a la llegada del cadáver del hijo. La caricatura amplia y cruda se extiende en constante ironía: el personaje, dominado por la fiebre de los intereses, ol­vida los asuntos del corazón.

La comedia muestra, con signo más artísticamente ro­busto y feliz que en sus demás obras, la acritud con que Mirbeau observa a la so­ciedad contemporánea, a la que condena con una mueca amarga de desprecio.

C. Cordié

El Negro del «Narcissus», Joseph Conrad

[The Nigger of the «Narcissus»]. Novela del es­critor inglés de origen polaco Joseph Conrad (Teodor Jozef Konrad Korzeniowski, 1857-1924), aparecida por entregas en la «New Review» de Henley en 1897, y en volumen al año siguiente; la edición in­glesa lleva por título The Nigger of the «Narcissus», a Tale of the Forecastle, y la americana el título Hijos del mar [Children of the Sea].

Es una de las mejores novelas de Conrad, quizás aquella en que se fun­den de modo más equilibrado sus cualidades románticas con una sencillez épica. La no­vela desarrolla una experiencia autobio­gráfica del Conrad marinero. El velero «Nar­cissus» zarpa de Bombay hacia Inglaterra. Al reunirse la nueva tripulación sobre el puente, se presenta en último lugar un ne­gro alto, que tose continuamente, James Wait, recién enrolado.

Empieza la larga tra­vesía. La presencia de aquel negro enfermi­zo extiende una sensación de inquietud so­bre el ánimo de todos. Entre la tripulación destacan el decano de los marineros, Single- ton, de prudencia bíblica; el rebelde e inútil Donkin, que atiza las discordias, y el cocinero, lleno de manías religiosas. Sobre todos ellos destaca el segundo, Baker, ofi­cial diligente, enamorado de la nave, pero sin cualidades brillantes y sin apoyos, con­vencido de que nunca llegará a capitán; y el comandante, Allistoun, tranquilo, ponde­rado, capaz al mismo tiempo de reflexión y de energía, quizá la figura ideal de ca­pitán de navío.

Pero la presencia del ne­gro se cierne como un halo funesto y enig­mático en torno a la nave. Es maestro en el arte de hacerse compadecer y emplea su enfermedad para abusar de los demás ma­rineros y humillarlos. Todos le sirven, le miman, aun odiándolo en su corazón. Qui­sieran desembarazarse de él, pero al mismo tiempo se sienten fascinados por la ame­naza de muerte que parece pesar sobre el hombre. Estalla una tempestad; varios ma­rineros exponen sus vidas por sacar al en­fermo de la cabina donde se hubiera aho­gado.

Pero ni una palabra de gratitud surge de sus labios. Cuando por fin el negro se decide a morir, el fúnebre hechizo queda roto, y la tripulación — que poco antes, al tomar su defensa contra las reprimendas del capitán, ha rozado el motín — parece despertarse aliviada y aturdida; la vida de a bordo vuelve a ser normal y el navío, pasados unos días, llega felizmente a Lon­dres. El arte de Conrad se supera al crear una especie de espejismo en torno a sus creaciones, que parecen, de ese modo, tener doble vida y doble significado, y participar al mismo tiempo de la existencia terrena y de un mundo en el que reinan fuerzas os­curas.

El encanto y el hallazgo de El negro del «Narcissus» está precisamente en la at­mósfera que la presencia de aquel badu­laque con su tos crea en la nave. Todos experimentan el peso y la condena de in­esperadas responsabilidades y, aunque la enfermedad del negro sea real y le con­duzca a la muerte, se experimentan a bordo la sensación de ser víctimas de un hechizo siniestro. Pudiera decirse que el navío está hechizado; es la novela de la mala suerte, elevada a clima poético y sobrenatural. Aparte de ello, el libro contiene algunas de las mejores escenas de vida marinera de Conrad. [Trad. de Ricardo Baeza (Bar­celona, 1932)].

P. G. Conti

El arte de Conrad es lo contrario del arte descriptivo, sobre todo del de Balzac; no coloca la realidad ante el hombre, sino al hombre ante la realidad. (Fernandez)

Necesidad de Grandeza, Charles-Ferdinand Ramuz

[Besoin de Grandeur]. Obra del escritor suizo Charles-Ferdinand Ramuz (1878-1947), publicada en 1935. Partiendo de algunas consideraciones sociales, que se refieren a un grupito étni­co de la Suiza romanche, el autor asciende a los problemas eternos del corazón huma­no.

Cuando afirma que las tradiciones pa­san y vuelven, mientras la naturaleza dura y permanece; cuando observa que las tra­diciones dividen a los hombres mientras lo elemental los hermana; cuando, en la bús­queda de dichos valores primordiales, hace el elogio del campesino, que vive en los orígenes de la vida, para oponerlo al ciu­dadano, que se aleja de la gran enseñanza de la naturaleza, explica los postulados de su naturalismo integral que es quizá la clave de su potencia artística.

Pero en la naturaleza descubre muy pronto el alter­narse de un despiadado juego de luces y de sombras, de vida y de muerte, sobre el que se basa el problema del bien y del mal y que no justificaría por sí solo la creencia en un Dios, en una fuerza benigna que supera al hombre. Por eso lo que define no es un naturalismo panteísta, que en­cuentra a Dios en la naturaleza, sino un naturalismo trágico que en la naturaleza descubre la fuente del gran enigma del ser. Y, llegado a dicha fuente, Ramuz da en el núcleo de la gran pregunta, afirmando su respeto por este misterio del ser, su fe en el ser y en su permanencia.

La continua necesidad de grandeza que lo impulsa no puede satisfacerse sin la participación en un absoluto. Y así el libro desemboca en una fe espiritualista que, aunque no quede encuadrada en un dogma religioso, afirma sin embargo la gran verdad cristiana de la comunión del ser con todos los demás seres vivientes.

En esta comunión el hombre pue­de encontrar la medida de sí mismo y cap­tar el sentido de esa grandeza cualitativa que puede hacer superior incluso a un pueblo pequeño. Así, del examen de los problemas sociales llega, como en el libro que lo precede, Estatura del hombre, a un orden superior, metafísico y espiritual.

V. Lupo

Nebulosa, Joaquim Manoel de Macedo

[A Nebulosa]. Poema del escritor, novelista y dramaturgo brasi­leño Joaquim Manoel de Macedo (1820- 1882), publicado en 1850.

Recoge una le­yenda muy difundida en Brasil, de una maga de eterna juventud, especie de Calipso atlántida que por envolverse en una densa niebla cuando el incauto amante pudiera descubrir sus engaños, es llamada por el pueblo «la Nebulosa». La eterna juventud de la maga simboliza para Macedo la eter­na primavera de su Brasil, que junto con la voluntad de vivir da al hombre la caducidad de las fuerzas para seguir disfru­tando de la vida.

El amante de la Nebulosa es un Navegante, un europeo que ha des­cubierto y navegado mucho, sin llegar nun­ca al término de sus penosas fatigas, a me­nos que se renueve y beba el filtro de la eterna juventud y de la inmortalidad entre los brazos de la maga, que lo pierde irre­mediablemente. El poemita tiene fragmen­tos de verdadera belleza, especialmente cuando la sensibilidad del poeta encuentra en la naturaleza momentos de elevación lírica, pero en conjunto el tono discursivo refleja el gusto por la prosa que se ad­vierte en toda la obra poética de Macedo, recordado más bien como creador del gé­nero narrativo en el Brasil.

U. Gallo

Nazarín, Benito Pérez Galdós

Novela del gran escritor es­pañol Benito Pérez Galdós (1843-1920), pu­blicada en 1895. En una casona plagada de vecindario zarrapastroso, vive miserable y tranquilamente un cura muy pobre, don Nazario Zaharín, al que roban unos y ali­mentan otros, pues ejerce su ministerio sin pensar para nada en sí mismo.

Una de las feroces tarascas que más se burlan de él, Ándara, después de reñir con otra de su calaña y malherirla (ella cree que la ha matado) busca cobijo en el cuartucho de Nazarín; don Nazario, que la cura y deja que se oculte allí hasta que la Chan­faina, jefa del caserón-posada de tantos ma­leantes y desdichados, descubre «por el olor» a la Ándara y exige que se vaya de allí, pues la policía, que ha averiguado su escondrijo, va a ir a detenerla.

Mientras Nazarín sale a la calle, la Ándara pega fuego a la habitación para que la policía no localice «su olor»; el fuego arrasa el edificio dejando sin hogar a muchos desven­turados. Nazarín busca refugio a su vez y, por fin, adopta una resolución heroica: la de abandonar su hábito sacerdotal para irse por los caminos como un mendigo, practicando el bien con su palabra y con sus cristianos hechos.

Al pasar por un po­blacho encuentra a Ándara, que se obstina en seguirle impulsada por un irrefrenable deseo de perfección, y después de unos he­chos benéficos en un hogar muy humilde, otra pobre mujer, Beatriz, se les une: ya son dos las pecadoras arrepentidas y con volcánico afán de virtud. Pero ello, al paso por pueblos y gentes, provoca incidentes ruidosos que llegan hasta la brutal agre­sión contra los tres, singularmente contra Nazarín, al que calumnian porque no le entienden.

El apostolado de éste convierte a un ladrón, el Sacrílego, que se siente arrebatado por súbito amor al paciente y resignado cura. Acaba esta novela con el internamiento del maltratado apóstol en un hospital carcelario, mientras Ándara y el Sacrilego dan con sus huesos en la cárcel después de haber sido llevados todos «en cuerda» por la Guardia civil. La segunda parte de la acción se desarrolla en la no­vela Halma (v.).

C. Conde