Una Noche Borrascosa, Ion Luca Caragiale

[O noapte furtunoas] Comedia rumana en dos actos de Ion Luca Caragiale (1853-1912), representada en 1879.

Dumitrache, negociante de maderas en un arrabal de Bucarest, está obsesionado por los celos, ya que durante un espectáculo un joven no ha hecho otra cosa que mirar a su mujer, Veta, que es­taba en compañía de su cuñada Zita. Él no dice nada a su esposa, en cuya honesti­dad tiene plena confianza, pero confía sus penas a Chiriac, amigo suyo y amante se­creto de Veta. Éste se preocupa bastante temiendo perder a la mujer y arma una violenta escena de celos.

El joven sospe­choso, el periodista Rica Venturianu, que está enamorado de Zita, logra una entrevis­ta con ella, pero equivocándose de puerta va a parar a la casa de Veta y creyendo, en la obscuridad, hallarse frente a su amada, empieza una poética declaración, hasta que la luz le revela su error. Mientras huye, el celoso Dumitrache, que le ha reconoci­do, le persigue junto con Chiriac, pero al llegar Zita, Veta puede revelar los senti­mientos de los dos enamorados y conven­cer de su equivocación al amante y al marido, que además se alegra de conocer a Rica, que es autor de los artículos po­líticos que tanto admira.

La comedia, per­fectamente lograda como pintura de cos­tumbres y caracteres, representa la vida sentimental de la pequeña burguesía ru­mana de la segunda mitad del siglo XIX, con sus predilecciones literarias y con sus ideas políticas; es farsa y comedia a la vez, vida y caricatura de vida.

G. Lupi

Nocturnos, Claude Debussy

[Nocturnes]. Tres composiciones para orquesta, escritas por Claude Debussy (1862-1918), entre 1897 y 1898. El primero y el segundo («Nubes», «Fiestas») fueron estrenados en 1900; el ter­cero («Sirenas»), escrito para orquesta y coro femenino, en 1901.

Más aún que el Preludio a la siesta de un fauno (v.), esta obra es típicamente representativa del mo­mento impresionista del arte de Debussy. Y de neta inspiración impresionista son los motivos que sugirieron dicha música al compositor, aunque no exista ningún moti­vo que la inspirase. El mismo Debussy redactó la nota explicativa: «El título de Nocturnos tiene aquí un significado más general y más decorativo. No se trata por lo tanto de la forma usual de los «Noctur­nos», sino de cuanto dicha palabra contiene de impresiones y luces particulares. «Nubes» es el aspecto inmutable del cielo, con la marcha lenta y melancólica de las nubes, terminando en una gris agonía delicadamen­te teñida de blanco.

«Fiestas» es el movi­miento, el ritmo danzante de la atmósfera con brillos de luz inesperada, así como el episodio de un cortejo (deslumbrante y qui­mérico) que atraviesa la fiesta y se con­funde con ella; pero el fondo permanece, se obstina y es siempre la fiesta y su mes­colanza de música, de polvo luminoso que participa en un ritmo total. «Sirenas» es el mar y su ritmo innumerable: allí, entre los rayos plateados de la luna, se escucha, ríe y pasa el canto misterioso de las sirenas». Comparándola con la Siesta de un fauno la materia sonora de los Nocturnos tiene mayor consistencia, ya no aparece aquel estado de fluidez casi inasequible. Lo cual no desmiente, sin embargo, la referencia que se ha hecho al impresionismo, pues en sus valores más íntimos, los Nocturnos legi­timan una decidida aproximación de la mú­sica debussyana a dicha pintura : precisa­mente por una adherencia casi natural y física al tema, aunque éste quede más profundamente transfigurado.

Parece que desde el puente de la Concordia el músico observara el desfile gris de las nubes y, en el Bois de Boulogne, una fiesta popular con intervención de la Guardia Republica­na. El tercero, por el contrario, con su vaga referencia pictórica al mar, anticipa en más de un aspecto los esbozos sinfónicos de El Mar (v.) aparecidos en 1905. Con los Noc­turnos se precisa un carácter fundamental de la música de Debussy que lo colorea todo de modo casi uniforme: una melanco­lía ya leve, ya grave, un sentido reflexivo y cuidado, una especie de interrogación suspendida sobre la vida y que será la atmósfera en la que vivirán las criaturas de Pelléas y Mélisande (v.). Una melanco­lía que no se trunca ni en Fêtes, donde la alegría y luminosidad de una ilumina­ción nocturna está vista con la mirada can­sada y casi ajena de quien permanece fue­ra contemplándola encerrado en sí mismo, sin tomar parte en ella.

Es un complejo de estados de ánimo que, en cierto sentido, están iluminados por estas palabras del mismo Debussy: «¿No buscan todos el ol­vido en el arte y no es el olvido un as­pecto particular de la mentira? Nuestra finalidad es mantener al mundo en sus ilu­siones y no arrancar bruscamente a los hombres de sus sueños para mostrarles la cruda realidad». Estado de ánimo que en el músico se disfrazaba de sutil y atenuada ironía.

A. Mantelli

Debussy violó todas las fórmulas conven­cionales, sustituyéndolas por otras nuevas, no menos hermosas y mucho más adecuadas para expresar las fugitivas sensaciones y las delicadas emociones que le gustaba re­tratar. Fue el incomparable pintor del mis­terio, del silencio y de lo infinito, de la nube pasajera y del estremecimiento de la ola iluminada por el sol: medias tintas que nadie, antes de él, fue capaz de sugerir. Su capacidad expresiva no es menor por el hecho de ser contenida e intolerante con cualquier exceso y cualquier énfasis: su fuerza no es superficial. (H. Pruniéres)

Nocturnos, Giuseppe Martucci

[Notturni]. Breve serie de composiciones para piano es­critas en varias épocas de su vida por Giuseppe Martucci (1856-1909) y contenidas en el op. 70, 31, 44 y 25.

Son seis pequeños cuadros de clara inspiración romántica, re­lacionándose el gusto de Martucci con el de los compositores alemanes del XIX, y de un modo particular con Schumann. El n.° 4, op. 31, titulado «Dulce recuerdo» es una página particularmente sentida, y su con­tenido melódico está en conexión con el tema señalado por el título. Pero el mejor Nocturno es el op. 70, n.° 1, en «sol bemol», que el mismo Martucci transcribió más tar­de para orquesta, poniendo de manifiesto su rica y brillante paleta instrumental. La frase principal, sumisa, sugestiva, se con­vierte en angustiada súplica de bondadosa insistencia.

Comienza ampliamente, casi bus­cando la expresión que mejor pueda res­ponder al íntimo sentimiento del músico, se repite siempre sumisa, después se anima y, tras una breve meditación, continúa am­plia y apasionada para más tarde volverse ligera y disiparse en un soplo. En esta página Martucci, superando el eclecticismo de su inspiración, alcanza una real emoción interior como raramente se encuentra en los románticos menores.

N. Del Mestre

Nocturnos Para Piano, Gabriel Fauré

A di­ferencia de las Barcarolas (v.), que tienden a evocar atmósferas irreales y mágicas, los Nocturnos del músico francés Gabriel Fauré (1845-1924) poseen una expresividad más inmediata y concreta, pese a la delicadeza de la trama armónica y melódica.

Los Noc­turnos, compuestos al mismo tiempo que las Barcarolas, son también en número de trece: el primer grupo de tres fue compues­to en 1883 y el último en 1922. Los primeros Nocturnos manifiestan una notable variedad de actitudes; la expresión es siempre sobria y contenida, el acento apasionado nunca roza la retórica. El sexto y el séptimo, lle­nos de pura emoción con la que contrasta una rara perfección de arquitectura, repre­sentan en la producción pianística francesa dos joyas de alto valor.

Lo mismo puede decirse del noveno Nocturno, de caracteres todavía más desnudos y esenciales. El len­guaje armónico de Fauré resulta personalísimo, aunque en apariencia sea menos «nuevo» que el de Debussy o Ravel. En la valoración de los medios técnicos de Fauré no es la novedad del vocabulario lo que cuenta, sino la originalísima y refinada sin­taxis. Según una, aguda expresión de Alfred Cortot, es precisamente la «secreta elo­cuencia» del lenguaje armónico de este compositor en continuo crecimiento de in­tensidad, con la progresiva eliminación de todo adorno superfluo, uno de los elementos que mayormente concurren a conferir a su música un carácter de auténtica originali­dad.

El décimo Nocturno presenta con el noveno analogías de inspiración y de fac­tura: también está construido con un gra­dual crescendo expresivo que culmina en una intensa peroración en tono mayor. El undécimo es noblemente elegiaco; el duo­décimo alterna episodios en tono mayor con otros en tono menor, en sucesión gra­ve y austera. El decimotercero, en fin, es considerado por Koechlin como una evoca­ción del pasado por parte del músico casi octogenario, en el que armonizan impulsos con nostalgias, el recuerdo de la juventud en contraste con la resignación de la ve­jez: composición magistralmente construida y profundamente- conmovedora.

L. Córtese

[Fauré] es el idioma musical del maña­na; veinte años antes de Debussy sugirió la sintaxis de un nuevo siglo… [Sus compo­siciones] son modelos de puro lirismo y de alada fantasía para las que es difícil en­contrar un término de comparación. (A. Coeurov)

Creó un estilo completamente moderno, lógico, perfectamente expresado, que nunca llega a un compromiso con las modas pa­sajeras, tendido en continua búsqueda de la mayor sencillez. (E. Vuillermoz)

Nocturno de Primavera, Josep Pla

[Nocturn de Primavera]. Novela del narrador, perio­dista y biógrafo catalán Josep Pla (n. 1897), publicada en 1953.

La acción transcurre en la imaginaria población de Vilaplana, cen­tro de confluencia de la comarca, debido a su típico mercado semanal. Don Tomás Poch, banquero de la localidad, con motivo del noviazgo oficial de su hija María Te­resa, da una fiesta particular a la que con­curren las personas más caracterizadas del lugar. El juez suplente Prats; el farmacéu­tico Pibernat, el notario Corcoll, el regis­trador Masdevall, el presbítero Regordosa, el señor Comes (representante de la Taba­calera), Gener, procurador de los tribuna­les; Masset, erudito local; el tendero Pagés, el periodista Gratacós, etc.

A medida que los invitados entran en la fiesta, Pía nos cuenta la vida y milagros de cada re­cién llegado. Con frecuencia el autor aban­dona la anécdota o la descripción propios del género novelístico para darnos, en for­ma de breves ensayos, una visión certera de la vida, costumbres, mentalidad y re­acciones de los habitantes de Vilaplana que son como el arquetipo de las gentes que habitan cualquier urbe catalana de la mis­ma categoría que aquélla, cuyo núcleo cen­tral lo constituye la pequeña burguesía de­dicada al comercio.

Pla conoce estos am­bientes directamente porque los ha vivido; de ahí que la maestría de sus notas de sociólogo perspicaz, mezcladas con la tra­ma superficial de la novela, tengan un alto valor para los historiadores. El argumento es, pues, un pretexto para brindamos unas agudas observaciones sobre una de nues­tras clases sociales más, arraigadas. La fies­ta se prolonga hasta la madrugada y acaba súbitamente al aparecer, desaliñado y re­tador, don Jesús, hermano del señor Poch. Su presencia aterroriza a las señoras y la mayoría de los invitados abandona la casa en el preciso momento en que los prometi­dos llegaban triunfalmente y tarde, como es costumbre.

El humor de Pla se trasluce hasta en los nombres de sus personajes, como el de mosén Cadireta, viejo amigo del presbítero Regordosa, el notario Corcoll, etc. Anécdotas sabrosísimas y un diálogo vivaz completan las características de Noc­turno de primavera.

A. Manent