Nocturnos Para Piano, Gabriel Fauré

A di­ferencia de las Barcarolas (v.), que tienden a evocar atmósferas irreales y mágicas, los Nocturnos del músico francés Gabriel Fauré (1845-1924) poseen una expresividad más inmediata y concreta, pese a la delicadeza de la trama armónica y melódica.

Los Noc­turnos, compuestos al mismo tiempo que las Barcarolas, son también en número de trece: el primer grupo de tres fue compues­to en 1883 y el último en 1922. Los primeros Nocturnos manifiestan una notable variedad de actitudes; la expresión es siempre sobria y contenida, el acento apasionado nunca roza la retórica. El sexto y el séptimo, lle­nos de pura emoción con la que contrasta una rara perfección de arquitectura, repre­sentan en la producción pianística francesa dos joyas de alto valor.

Lo mismo puede decirse del noveno Nocturno, de caracteres todavía más desnudos y esenciales. El len­guaje armónico de Fauré resulta personalísimo, aunque en apariencia sea menos «nuevo» que el de Debussy o Ravel. En la valoración de los medios técnicos de Fauré no es la novedad del vocabulario lo que cuenta, sino la originalísima y refinada sin­taxis. Según una, aguda expresión de Alfred Cortot, es precisamente la «secreta elo­cuencia» del lenguaje armónico de este compositor en continuo crecimiento de in­tensidad, con la progresiva eliminación de todo adorno superfluo, uno de los elementos que mayormente concurren a conferir a su música un carácter de auténtica originali­dad.

El décimo Nocturno presenta con el noveno analogías de inspiración y de fac­tura: también está construido con un gra­dual crescendo expresivo que culmina en una intensa peroración en tono mayor. El undécimo es noblemente elegiaco; el duo­décimo alterna episodios en tono mayor con otros en tono menor, en sucesión gra­ve y austera. El decimotercero, en fin, es considerado por Koechlin como una evoca­ción del pasado por parte del músico casi octogenario, en el que armonizan impulsos con nostalgias, el recuerdo de la juventud en contraste con la resignación de la ve­jez: composición magistralmente construida y profundamente- conmovedora.

L. Córtese

[Fauré] es el idioma musical del maña­na; veinte años antes de Debussy sugirió la sintaxis de un nuevo siglo… [Sus compo­siciones] son modelos de puro lirismo y de alada fantasía para las que es difícil en­contrar un término de comparación. (A. Coeurov)

Creó un estilo completamente moderno, lógico, perfectamente expresado, que nunca llega a un compromiso con las modas pa­sajeras, tendido en continua búsqueda de la mayor sencillez. (E. Vuillermoz)