Noches de Placer, Alonso de Castillo Solórzano

Colección de no­velas cortas de Alonso de Castillo Solórzano (1584-1648?). Noches de placer, reimpresas en Madrid (1906) por don Emi­lio Cotarelo, de la R.A.E., «es una de las obras más raras de Castillo Solórzano, y de ella — dice el señor Cotarelo — no hemos visto más que un ejemplar pro­cedente de la librería de Gayangos, que se custodia hoy en la Biblioteca Nacional.

Estampáronse las Noches de placer por pri­mera y única vez en Barcelona, por Sebas­tián de Cormellas, en 1631, en un tomo en octavo; y ofrecen la particularidad de que cada una de las doce novelas que com­prenden va dedicada a distinto sujeto, to­dos y cada uno caballeros de los principa­les de Valencia, donde a la sazón residía el autor».

La trama de esta obra es la siguiente, habitual a muchas obras de la misma época: en Barcelona, don Gastón Centellas, viudo con dos hermosas hijas, doña Laura y doña Andrea, al llegar la Navidad se propone festejar tan cristiana fies­ta. Doña Laura propone que las cuatro no­ches que comprenden las Fiestas Pascuales, Año Nuevo y Reyes, se reúnan todos y cuente cada uno una historia inventada por ellos y sazonada al principio y final con músicas y canciones. Cada noche, pues, un caballero y una dama relatan una his­toria.

Y así es como nacen las Noches de placer. Los títulos de las breves y muchas veces disparatadas historias, son éstos: «Las dos dichas sin pensar», «La cautela sin efec­to», «La ingratitud y el castigo», «El inobe­diente», «Atrevimiento y ventura», «El bien hacer no se pierde», «El pronóstico cum­plido», «La fuerza castigada», «El celoso hasta la muerte», «El ingrato Federico», «El honor recuperado», «El premio a la vir­tud».

Se leen, indudablemente, con gusto, pues el autor narra con agilidad y con gra­cia; y sin lugar a disputa se trata de un verdadero autor de «novelas cortas». Pero, como también advierte el señor Cotarelo, muchas de las acciones que refiere son ab­surdas y carecen de verosimilitud.

C. Conde

Noches de Invierno, Antonio de Eslava

Antonio de Eslava (siglo XVI), natural de Sangüesa, es autor de las Noches de invierno (Pamplona, 1609), colección de capítulos noveles­cos, en su mayoría derivados de fuentes italianas. Los más interesantes son la le­yenda carolingia «Berta la de los grandes pies», tomada de la compilación I Reali de Francia, que ya está en la Gran conquista de Ultramar, y la «Historia de Nicephoro y Dardano», probabilísima fuente de La Tem­pestad de Shakespeare.

El tipo de novela corta, que algunos críticos llaman «cortesa­na», y que mezcla elementos de la picaresca con datos de costumbres, reminiscencias ita­lianas y a veces pastoriles, tuvo gran boga durante todo el siglo XVII.

C. Conde

Noches Blancas, Fedor Dostoievski

[Belye noči]. Cuento de Fedor Dostoievski (Fëdor Michajlovič Dostoevskij, 1821-1881), publicado en 1848.

Es la segunda obra del gran escritor ruso que, en una carta, la definió como «novela sentimental». Pero dada la irrealidad de la trama, más que novela pudiera llamársela fantasía. Un joven, hipersensible y soñador, encuentra en la calle a una muchacha y se siente irresistiblemente atraído por ella.

Al principio, dicha atracción no sale de los límites de la simpatía que un solitario puede experimentar por una persona que le escucha con placer. Pasadas algunas no­ches, durante las cuales han estado conver­sando él y su amiga, el joven siente trans­formarse la simpatía en atracción de los sentidos. Se encarga de contestar a las cartas del prometido de la muchacha, un estudiante, ilusionándose con que ella le ame a él y no al otro. Pero cuando el no­vio vuelve, la muchacha se precipita en sus brazos, destruyendo de golpe la inexis­tente felicidad del iluso enamorado, quien, despertando de su sueño, vuelve a su so­ledad.

Dostoievski describe con conmovida fuerza el vacío que rodea a su héroe, in­capaz de adaptarse a la realidad y desti­nado a sumirse en el aislamiento. El estilo, sencillo y al mismo tiempo sólido y sensi­ble, recoge todas las vibraciones de la an­gustia interior que aflige al autor y a sus personajes. [Trad. castellana, junto con otras novelas cortas, de A. Nadal, Madrid, 1932].

G. Kraisky

Las Noches de Fondi, Isolde Kurz

[Die Nächte von Fondi]. Cuento de Isolde Kurz (1853- 1944), publicado en 1922. De los versos latinos e italianos de Molza, de las historias de Paolo Giovio y de Ridolfi, la escritora alemana ha sacado los rasgos de esta paté­tica historia de amor.

Hipólito de Médicis ama y es correspondido por la mujer más hermosa de Italia, Julia Gonzaga, viuda de un riquísimo Colenna con quien fue des­posada sin amor a los trece años. Pero las bodas les están prohibidas: Hipólito es cardenal, además ambiciosísimo y dispuesto a derribar de la señoría de Florencia a su primo Alejandro. La riqueza de Julia está vinculada a su viudedad. Pura y virtuosa, Julia resiste al ardiente amor del joven y ambos sufren de la renuncia. Hasta que, en vísperas de partir a una cruzada con­tra los berberiscos, Hipólito muere enve­nenado por su primo, que sospecha de él, y sólo la proximidad de Julia, que acude a asistirle, transformará en resignación fi­nal su indignación contra la muerte que trunca todos sus sueños.

La obra no pre­senta demasiada originalidad: retrata la Italia del siglo XVI que ya había ofrecido argumento a otros novelistas alemanes, so­bre todo al suizo C. F. Meyer. Pero la es­critora ha recurrido directamente y con cuidado a las fuentes históricas; las fi­guras de ambos amantes se mueven con bastante humanidad y son conmovedoras sobre el fondo de la campiña comprendida entre Roma y Terracina, que la señoría de los Colonna sembró de castillos y burgos, y el cuento transcurre entre cuadros deco­rativos e interesantes.

En el centro del li­bro están el asalto de Fondi por obra de los corsarios de Khair-Eddin, el Barbarro- ja de los mares, y la fuga de Julia del cas­tillo por él sitiado, su huida por entre los bosques y quebradas de las montañas y su salvación final, fielmente entresacadas de las crónicas de la época.

B. Allason

Noches Áticas, Aulo Gelio

[Noctes Atticae}. En veinte libros, en parte mutilados, Aulo Gelio (130-175 d. de C.) recopiló, para su uso y el de sus hijos, el fruto de sus inves­tigaciones, lecturas, anotaciones, y les puso este título porque había estudiado larga­mente en Atenas y, durante las largas ve­ladas invernales, había empezado a com­poner la obra, deliberadamente desordenada y fragmentaria.

No quiso dar a sus veinte libros un plan más ceñido y que abarcase por completo el informe material. Confesa­ba haber mantenido el orden casual de sus lecturas y conversaciones, pues no se fia­ba de su memoria y cuanto leía o escu­chaba lo ponía por escrito. Son numerosos los temas tratados: además de la literatu­ra, la lógica, la geometría, el derecho, en­contramos noticias astronómicas y meteorológicas, de medicina, geografía, historia na­tural y de modo particular historia política. El interés de Gelio se dirigió a la litera­tura, revelando un gusto arcaizante que le hacía preferir, entre los griegos, a los es­critores de la edad antigua y, entre los latinos, a los de la época republicana.

Pero era hombre de ingenio mediocre y le inte­resaban infinitas y mínimas curiosidades de léxico, gramaticales, literarias, anticuarlas, jurídicas, religiosas, cada una de ellas por sí misma y sin ningún plan orgánico ni unitario. Con todo ello y por todo ello, su obra, especialmente por las noticias que nos da y los pasajes que cita de autores poco conocidos, desconocidos o perdidos, es preciosísima para nosotros. F. Della Corte

Espíritu sagaz y fino, pero escritor su­mido en un limo pegajoso. (Huysmans)