El Notario de Peleske, József Gaal

[A peleskei notarius]. Comedia del autor húngaro József Gaal (1811-1860), representada en el Teatro Nacional de Pest con gran éxito en 1838. Durante muchos años fue la comedia más popular de Hungría. Tanto los personajes como el argumento están sacados del Viaje a Buda de un notario de aldea (v.) de Gvadányi.

Pero mientras en éste el notario es una figura cómica sólo en la primera parte del relato y se convierte más tarde en portavoz de las ideas magiares contra las modas alemanas, en la comedia de Gaal es constantemente ridículo, como un pro­vinciano ingenuo que no comprende la vida de la ciudad, hasta el punto que en el Tea­tro Nacional interrumpe la representación de Otelo al querer salvar la vida de Desdémona (v.). Desde 1937 la comedia es re­presentada en la refundición de Sándor Galamb (n. 1886), que mezcla de nuevo en la fábula cómica los puntos de vista na­cionales de Gvadányi.

M. Benedek

Notas Autobiográficas, Giuseppe Mazzini

[Note autobiografiche]. Escritas por Giuseppe Mazzini (1805-1872) para el editor Daelli desde 1861 a 1865, se refieren al período que va de 1821 a 1853 y nos describen los mo­mentos más importantes de la existencia del gran agitador.

En 1821 el espectáculo de los prófugos piamonteses despierta en su joven alma el primer pensamiento con­creto de la posibilidad y necesidad de ha­cer algo para su patria. Más tarde, para satisfacer su deseo de acción, entra en la Carbonaria, a pesar de despreciar su vacío simbolismo, para desarrollar una vigorosa propaganda entre los elementos jóvenes e infundir nueva savia en el viejo organis­mo.

Va a ver a Guerrazzi, y su impresión no es del todo favorable; le parece que el liornés es hombre de espíritu espoleado más por su fantasía que por su fe.. Una de las páginas más bellas, sincera y emocio­nada, es la que describe la «tempestad de la duda» que Mazzini sufrió durante el pe­ríodo de su destierro en Suiza, después de la desgraciada tentativa de 1834, cuando, fracasadas las esperanzas de acción, se for­mó a su alrededor un vacío de descon­fianza y hasta los amigos le reprocharon su fe como una ambición egoísta.

Se infil­tró entonces en su alma el escepticismo, y le pareció que los muertos iban a resurgir para echarle en cara su inútil sacri­ficio; y_ hasta le pareció una mera ilusión su sueño de una Italia independiente y unida. Sin embargo, de esta tempestad in­terior la fe de Mazzini salió fortalecida y más consciente de su valor efectivo.

En Inglaterra, después de días de miseria, en­cuentra hospitalidad cerca de algunas re­vistas literarias y empieza a buscar los es­critos dispersos de Foscolo, cuidando con amor de su memoria. En la capital inglesa, fundando escuelas para los jóvenes emigra­dos italianos, inicia esa obra de regenera­ción de la clase obrera que es una de las bases de su doctrina, según la cual sólo en el pueblo se encuentra la fuerza inicial para el levantamiento moral de la huma­nidad.

Mientras tanto se iba extendiendo en la península la propaganda de la «Joven Italia»; a los pocos años del episodio de los Bandiera, estallan las insurrecciones de 1848 y 1849. Mazzini corre a Italia: la Re­pública proclamada el 3 de febrero en Roma era la iniciativa que iba buscando. «Roma era el sueño de mis jóvenes años, la idea madre en el concepto de mi mente. Para mí, Roma era el templo de la Humanidad».

Cerrada la breve y gloriosa página de la Península, al apóstol no le queda más que volver a su destierro: Lausana, París y Londres. Sin embargo, a pesar de la suerte contraria, no ceja, y la propaganda y las conspiraciones siguen siendo su vida. Con el recuerdo del levantamiento milanés del 6 de febrero de 1853, fracasado por falta de jefes, pero marcado por el martirio, termi­nan estas preciosas notas autobiográficas que tocan los puntos más importantes de la actividad de Mazzini y de la lucha política de aquellos años.

Por su feliz equilibrio en­tre el ardor del contenido y la modestia de la forma, estas Notas autobiográficas son literariamente uno de los escritos más apreciables de Mazzini.

G. Alliney

Nostromo. Cuento de la Costa, Joseph Conrad

[Nostromo: a Tale of the Seaboard]. Novela de Joseph Conrad (Teodor Józef Konrad Korzeniowsky, 1857-1924), publicada en el año 1904.

Nostromo es Gian Battista Fidanza, un italiano que ha ido a buscar fortu­na a Sulaco, ciudad costera de Costa- guana, y allí se ha ganado una gran fama de valentía entre los descargadores del muelle. Es orgullosamente ambicioso: ne­cesita aquel clima de admiración que con sus proezas ha sabido crearse en torno, y aparece ante el pueblo como una figura de leyenda.

Costaguana es una pequeña república sudamericana, continuamente agi­tada por revoluciones; Sulaco y la mina de Santo Tomé, a cuya plata aspiran los re­beldes, corren un serio peligro. Una gran cantidad de plata está en los subterráneos de la Aduana y hay que ponerla a salvo de la avidez de los enemigos; Nostromo es encargado de sacarla de la ciudad.

Le ayu­da en dicha empresa Martín Decoud, un joven periodista de inteligencia brillante y escéptica, que se ha vuelto patriota por amor hacia Antonia Avellanos, hija del promotor de la resistencia en Sulaco. Trans­portada la plata a un islote desierto, Nos­tromo vuelve y deja solo a Decoud, cuya cabeza corre peligro si los rebeldes entran en la ciudad.

Pero Decoud no sabe resis­tir la soledad y, a los diez días, desespe­rado, se aleja en barca llevando consigo cuatro lingotes del tesoro destinados a ha­cer pesado su propio cadáver y llevarlo al fondo, puesto que está decidido a sui­cidarse. Nostromo, llegado a tierra, es re­cibido como un resucitado; le creían aho­gado con el tesoro, del cual, por otra parte, nadie se preocupa.

Los rebeldes han des­aparecido, y hay que pensar en otras co­sas. Nostromo ve que la empresa más des­esperada de su vida se transforma en un asunto trivial a los ojos de quienes se han aprovechado de él sin tener en cuenta su orgullo. Vuelto al islote, no encuentra a Decoud y descubre en cambio que faltan cuatro lingotes en el tesoro; es indudable que el periodista los ha robado, y él no podrá restituir el tesoro intacto.

Como todos están convencidos de que el tesoro se ha hundido, Nostromo sabrá aprovecharse de ello: ésa es su venganza contra el mundo, cuya indiferencia ha decepcionado su or­gullo. Pero el pensamiento del tesoro pesa como una sombra sobre su vida y destruye su impasible serenidad. También en el amor le persigue la ironía del destino; desde la infancia está ligado, por un acuerdo tácito convenido en el lecho de muerte de la mu­jer que fue para él casi una madre, con la hija de ésta, Linda, que le ama con el feroz exclusivismo de una naturaleza auto­ritaria.

Pero Nostromo no la ama, sino que prefiere a su hermana, la dulce Gisela, que le corresponde con idéntico fervor. Y la novia, al descubrir la intriga, arma contra el hombre a quien ama la mano de su pa­dre. Así muere Nostromo, al volver de una cita de amor con Gisela, llevándose bajo tierra el secreto del tesoro maldito.

El sentido trágico que, en las obras de Conrad, pasa fácilmente de las cosas y del ambiente al hombre, encuentra en el com­plejo drama de Nostromo su expresión qui­zá más completa; la riqueza y la variedad de los personajes que rodean al protago­nista, la ión que eleva el pai­saje a significación simbólica, el sentido de fatalidad que pesa oprimente sobre la na­rración, hacen de Nostromo una de las obras más elevadas y significativas de este escritor. [Trad. de Juan Mateos de Diego en 2 vols. (Barcelona, 1923)].

G. Alliney

El Notario del Pueblo, József Eötvös

[A falu jegyzöje]. Es la mejor novela del húngaro József Eötvös (1813-1871), publicada en 1845. Escrita con la intención de revelar lo absurdo de la Constitución aristocrática de aquel tiempo y proponer remedios, expone en el relato y en la descripción de los per­sonajes la posición política del autor: en lugar de las reducidas autonomías provin­ciales que impiden el progreso, quiere un gobierno central y propugna la abolición de los privilegios nobiliarios.

La acción se desarrolla en una provincia imaginaria, so­bre la que confluyen todos los males. Uno de los poderosos de la provincia, el pretor Nyuzó, impulsa al asesinato al honrado Vio­la, que se ve obligado a lanzarse al monte y hacerse bandolero, como tantas otras víc­timas de la absurda administración que entonces prevalecía. Su familia es acogida por el notario Tengelyi, a quien sus ene­migos han robado los documentos que com­prueban su nobleza. Sin dichos documentos Tengelyi está perdido.

Viola consigue de­volvérselos, pero a costa de un homicidio; las sospechas recaen sobre el notario, que es encarcelado. Finalmente, la confesión de Viola moribundo lo aclara todo. El relato da al autor ocasión para hacer varias tris­tes revelaciones, no sólo sobre las costum­bres de los poderosos señores de provincia, sino también sobre las horribles condiciones de las cárceles. Sus defectos son los de todas las novelas de tesis: la tendenciosidad y la exageración de las tintas. Semejantes obras quedan olvidadas en cuanto han con­seguido su objetivo y, por tanto, perdido su actualidad. Eötvös hizo el sacrificio cons­cientemente.

Sin embargo, supo introducir en la obra suficientes elementos artísticos y humanos para asegurarle la duración. József Szigeti (1822-1902) sacó de la novela un drama titulado Viola, representado en 1872, en cuyo centro se halla la figura del simpático bandido. Trad. italiana de D. V. con un prefacio de Ignazio Helfy (Verona, 1856).

M. Benedek

Nosotros, Evgenij Ivanovič Zamjatin

[My]. Novela de Evgenij Ivanovič Zamjatin (1884-1937), sólo publi­cada en las traducciones sueca (1927), fran­cesa (1929) e inglesa, y no en el original ruso.

Se trata de la característica novela utópica, cuya acción se desarrolla en el futuro, transcurridos por lo menos mil años, cuando todo el globo terrestre «se halle en poder del Estado único», y los hombres sean simples números en una or­ganización matemáticamente perfecta, don­de, sin embargo, «alguien» o «algo» puede fallar, aun a pesar de la precisión de los cálculos.

Todo el mundo es una sola má­quina manejada por sincrónicos inquisido­res, que controlan cualquier pensamiento de cada uno de los seres, partículas del todo, en el que cada cosa tiene su hora, incluso el amor, y en donde la temperatura es mantenida constante por medio de una cúpula abocada sobre la ciudad. «Nosotros realizamos — dice en una ocasión cierto personaje — el viejo sueño del paraíso.

Re­cordad, si no: en el paraíso no se conocen ni el deseo, ni la piedad, ni el amor; en el paraíso los santos han sido transforma­dos: les ha sido quitada la imaginación, y es sólo por esto que conocen la beatitud». Si «algo» falla, es debido, a pesar de todo, a la existencia de algún ser cuya imaginación no ha sido anulada y que fundamenta su felicidad en el deseo, la piedad, el amor, en el sentido actual de la palabra, es decir, según los antepasados de los hombres-nú­mero del año 3000.

Era inevitable que seme­jantes conceptos fueran considerados en la Rusia soviética como una sátira del socia­lismo. Desde el punto de vista literario, la novela de Zamjatin es semejante a las no­velas de Wells, a Un mundo feliz de Huxley y a las obras utópicas de Capek: La Krakatita (v.) y R.U.R. (v.).

E. Lo Gatto