Noticia Acerca del Clérigo Dídimo, Ugo Foscolo

[Notizia intorno a Didimo Chierico]. Ficción literaria con la que Ugo Foscolo (1778-1827) presentó por primera vez la traducción, también bajo dicho pseudóni­mo, del Viaje sentimental (v.) de Sterne, publicada en Pisa en 1813.

Después de una carta de Didimo a los lectores, fechada en 1805, en Calais, en elogio de la obra del párroco inglés, un desconocido, en una «Noticia» de tipo editorial, dice que conoció al traductor durante su servicio militar fuera de Italia y recibió de él algunos ma­nuscritos para publicarlos en su patria. Con fina discreción, velada de ironía al modo del autor traducido, Foscolo habla de su vida y de sus ideales de poeta y hombre.

Didimo, tras abandonar los estudios de clé­rigo por falta de vocación, no había to­mado las sagradas órdenes. Por desprecio hacia quien cambia de estilo de vida, con­tinuaba empero usando la tonsura y el vestido talar. Así, podía aún casarse o as­pirar a un obispado, pero añadía con amargura que, para quien no tiene patria, «no le está bien ser sacerdote ni padre». Dada su juventud, se complacía en la compañía de militares y en viajar; evitaba las sectas, las cofradías y las academias.

Apreciaba a las mujeres, a quienes decía que «la natu­raleza las había dotado más liberalmente de compasión y de pudor». Conversaba agradablemente y con reflexión. Recorría el mundo en busca de una cultura que ins­truyese sin corromper; benévolo ante los males del mundo, intentaba comprenderlo todo, con una sonrisa no exenta de triste­za; «estimaba entre las dotes naturales del hombre, en primer lugar, la belleza, luego la fuerza de ánimo y por último el ingenio».

De dicha actitud, Didimo sacaba motivo de «acciones sentencias dignas de risa»; celebraba como bienaventurado a Don Qui­jote por sus ilusiones, le repelían los gatos por taciturnos, pero los encomiaba porque eran al mismo tiempo sociables y solitarios; consideraba a los mendigos más elocuentes que Cicerón y más fisonomistas que Lavater.

Escribía siempre en prosa, hacía aren­gas cual «defensor oficioso de soldados cul­pables» y buscaba un justo equilibrio en­tre sus pasiones y las durezas de la so­ciedad. Era hermosa su actividad de lite­rato, humano y reflexivo pese a las extra­vagancias de su carácter, como indicaban los manuscritos inéditos, y sobre todo, ade­más de la traducción del Viaje sentimental, la nueva ficción del clérigo Didimo, la Hipercalipsis (v.).

La noticia también fue pu­blicada en 1815, con el texto latino del Hipercalipsis, tanto en la edición privada como en la corriente. Es probablemente un esbozo de la «Noticia» el fragmento de las Confesiones de Didimo clérigo, publicado por Giuseppe Chiarini en 1890 en el apén­dice a las Obras editadas y póstumas del poeta, narración autobiográfica en la que se hablaba ya del anciano párroco lom­bardo.

Entre los testimonios en torno a dicha ficción artística, la Noticia tiene un excepcional interés en la biografía foscoliana y puede interpretarse como un enlace entre la inspiración de los Sepulcros (v.) y la de ,1a llamada Gacetilla del mundo ele­gante (v.). Recientemente Mario Fubini lo ha completado con fragmentos inéditos. Hay notables diferencias entre el texto de la «Noticia» de 1813 y el añadido al Hiper­calipsis en la edición suiza de 1816.

C. Cordié

La Noticia de Obras de Dibujo, Marcantonio Michiel

[La notizia d’opere del disegno]. Obra del veneciano Marcantonio Michiel (1486-1552 aprox.), conocido bajo la denominación de «Anónimo morelliano» que le provino del abate Jacopo Morelli, primer editor de la Noticia (Bassano, 1800).

Incompleta hasta el punto de hacer suponer que el autor no la destinaba a la publicación, selecciona las obras de arte de las ciudades de Padua, Cremona, Milán, Pavía, Bérgamo, Cre­ma y Venecia, tomando también en consi­deración las colecciones privadas, numero­sísimas en el siglo XVI, particularmente en Venecia.

Constituye por ello una importan­te fuente de información para el arte de Lombardía y el Véneto, anterior a la de Va- sari, que la conoció. Michiel, que fue un ciudadano eminente, tanto por su naci­miento como por los altos cargos públicos con que la Serenísima le invistió, aparece en conjunto como personalidad de sólida cultura artística, apasionado por su tema, en relación personal y epistolar con mu­chos artistas y personajes de la época (Are- tino, Serlio, Riccio, Summonte, Celere, etc.); poco inclinado, en cambio, a dar a conocer lo que durante años fue meditando.

Sólo una obra suya fue publicada, viviendo él, en 1532: una descripción de Bérgamo (Agri et urbis Bergomatis descriptio anno 1516); no lo fue, en cambio, una recopilación de Vidas de pintores y escultores modernos [Vite de’ pittori e scultori moderni], cuya edición fue suspendida, se supone, por la aparición de las Vidas (v.) de Vasari.

La Noticia, aunque en estado de esbozo, mues­tra una información segura, inspirada casi siempre en fuentes directas, bien compro­badas, orientadas según un juicio libre y un agudo espíritu de observación que se manifiesta incluso a través de la particular exactitud y precisión del lenguaje.

Son es­pecialmente notables las referencias a las colecciones particulares; referencias rela­tivas, algunas veces, a obras de artistas de gran renombre, algunas llegadas y otras no, hasta nosotros. Coleccionista él mismo, Michiel alude en cierto lugar a unas pin­turas de Giorgione que él poseía; la con­dición de coleccionista contribuye por otra parte a hacer más completa esta figura de señor y «dilettante culto en el mejor sen­tido goethiano de la palabra» (Schlosser).

La primera edición de la Noticia es debida al ya citado abate Jacopo Morelli, que se sirvió del manuscrito de la Marciana, al que añadió un largo comentario; la se­gunda (Bolonia, 1884), corrió a cargo de Gustavo Frizzoni, que completó las notas de Morelli con adiciones sacadas del manuscrito original, desconocido por Morelli.

El de la Marciana fue publicado de nuevo por Teodoro Frimmel, en Viena, en 1888, en las «Eitelbergers Quellenschriften», y traducido al alemán; está precedido de un erudito prólogo que reproduce la introduc­ción de la edición de Morelli. También exis­te una traducción inglesa de Williamson, ilustrada (Londres, 1903). .

M. Pittaluga

Noticia de la California, Andrés Marcos Buriel

Obra del sabio jesuita español Andrés Marcos Buriel (1719-1762), según demostraron los estudios de los PP. Uriarte y Fita.

Sin haber tenido un contacto directo con el país y utili­zando como fuente principal la Historia manuscrita del P. Miguel Venegas, el autor comienza por ofrecer una detallada des­cripción geográfica de California, en la que ya casi queda por completo demostrado que ésta forma parte del continente, y no es por tanto una isla, como hasta entonces se había creído.

A continuación brinda una detallada pintura de los indígenas, para entrar después en el estudio de .la acción colonizadora de los españoles en aquellos apartados rincones. Una cuarta y última parte contiene los interesantes apéndices allegados. Escrita con un estilo fluido y atrayente, esta obra tuvo muy buena aco­gida, siendo traducida a varias lenguas ex­tranjeras. Es curiosa la total compenetra­ción del autor con un país que sólo co­noció a través de varias lecturas.

De par­ticular interés es la semblanza que traza de los indígenas californianos, que supera en verismo y en profundidad a las restantes descripciones de visu legadas por la his­toriografía indiana. Animado del mayor pa­triotismo, Buriel no vacila en sacar a re­lucir los abusos cometidos y para cortarlos de raíz propone la adopción de varias me­didas por parte de las autoridades respon­sables.

J. Regla

Notas Sobre el Teatro, Jakob M. Reinhold Lenz

[Anmer­kungen übers Theater]. Publicadas sin nom­bre de autor, al cuidado de Goethe, en septiembre de 1774, un año después de que Herder y el mismo Goethe habían enun­ciado en los «Blätter für deutsche Art und Kunst» los principios de un arte nacional, estas Notas de Jakob M. Reinhold Lenz (1751-1792), que son la elaboración de una serie de conferencias dadas entre 1771 y1773 en la «Deutsche Gesellschaft» de Es­trasburgo, fueron acogidas por los «Stürmer und Dränger» con unánime entusiasmo, como manifiesto y proclama del nuevo tea­tro, tal como ellos lo soñaban, libre de toda constricción de reglas, creación original y espontánea del genio germánico resucitado a nueva vida.

El ataque que Lessing había lanzado aún al amparo del «verdadero» Aristóteles contra el falso aristotelismo dra­mático de los franceses y de sus imitadores, se transforma aquí en un asalto arrollador, que no perdona al mismo maestro ni a los cánones fundamentales de su Poética (v.); del esfuerzo de conciliar la estética clásica de la imitación con la prerromántica de la intuición, nace la exigencia de una forma totalmente espiritual de «mimesis», gracias a la cual el poeta toma una posición «suya» frente al mundo y representa al objeto tal como lo ve y lo penetra con los ojos de su alma, en su realidad efectiva y esencial, con plena adecuación a su más íntima vida.

En efecto, las teorías dramáticas de Lenz se basan esencialmente en el principio de libertad. Mientras en la interpretación que Herder nos da del drama shakespeariano aún se oculta un resto determinista, mientras Goethe, en, su Discurso para la onomástica de Shakespeare (1771), nos ha­bla de la «pretendida libertad» del hombre, Lenz reconoce, en cambio, en el drama nuevo, tal como ha brotado de la visión cristiana de la vida, la celebración de la reconquistada libertad moral. Esclavos de un inescrutable destino, los hombres an­tiguos no podían considerar la vida más que como una necesaria cadena de acon­tecimientos, por lo que también el drama fue tomando la forma de una aventura es­cénica en la que, conforme a la definición aristotélica, el elemento más importante es la acción y no el carácter.

En el drama mo­derno, en cambio, tal como se ha desarro­llado en los pueblos cristianos, todo el in­terés está dirigido hacia el hombre, que es el libre artífice de la propia vida y del propio destino, por lo cual la acción está subordinada, necesariamente, al carácter. De aquí, en las Anmerkungen, el violento ataque contra la tragedia francesa, que Lenz juzga superficial, retórica, desprovista de contenido humano y sustancialmente antirreligiosa. Pero no es la servil obe­diencia a los cánones aristotélicos lo que le molesta en la obra de los franceses, sino más bien la visión angosta, la falta de sen­tido histórico, la uniformidad del desarrollo basado en el choque de opuestas pasiones, que son siempre las mismas, y, refiriéndose de una manera particular a Voltaire, el espíritu negativo y el lenguaje blasfemo.

La emoción que despierta en nosotros el acontecimiento trágico se resume, según Lenz, en una sola palabra: «Schauer», re­ligioso temblor, como delante de un mis­terio. El drama es concebido por él como el sagrado rito de una evocación heroica, por el que los grandes muertos del pasado vuelven a nosotros después de un silencio de siglos, para revivir en una luz de gloria, en «verklärter Schöne», sus hazañas y su pasión. Y es precisamente en esta corres­pondencia de amorosos sentimientos entre los muertos y los vivos, en el vínculo de «cordial afecto» que nos une a los héroes resucitados, que Lenz ve la esencial lírica de la tragedia.

La historia, por lo tanto, y no ya el mito o la fábula antigua, será la musa de los nuevos poetas, así como fue ella la que inspiró a Shakespeare sus obras más importantes. En ella el poeta, liberado finalmente de todo límite de espacio y de tiempo, y ya ni siquiera trabado por la unidad de acción, con el único propósito de representar con alucinante ilusión de realidad la jornada terrena de unas gran­des almas tanto en sus victorias como en sus derrotas, encontrará una variedad in­finita de argumentos, de motivos y de ca­racteres humanos.

Tal es, a grandes rasgos, el programa que Lenz proponía a sus con­temporáneos para la restauración del tea­tro, programa que sufre de discontinuidad y desigualdades en la desordenada exposi­ción, y que también tiene, indudablemente, como ha puesto de manifiesto la crítica, muchos puntos de contacto con las ideas dramáticas de Lessing, de Gerstenberg y de Herder, pero que representa, con todo, por su inspiración religiosa, una síntesis nueva y original. Exaltando el Goetz de Berlichingen (v.) como expresión de un titanismo cristiano y exhortando al drama alemán a volver a sus orígenes, Lenz pre­para el camino a la renovación schilleriana y romántica.

C. Grünanger

Notas Sobre Virginia, Thomas Jefferson

[Notes on Vir­ginia]. En su breve Autobiografía, fechada el 16 de marzo de 1784, el estadista norte­americano Thomas Jefferson (1743-1826) re­cuerda que antes de abandonar América, en 1784, había recibido de M. de Marbois, de la Legación francesa en Filadelfia, la petición de ciertas informaciones sobre el estado de Virginia, ya que el gobierno francés se interesaba en recoger datos so­bre todos los estados de la Unión norte­americana.

Jefferson recopiló entonces los apuntes que paulatinamente iba tomando sobre las condiciones naturales y sociales de su país y los puso en orden, respon­diendo de ese modo a 23 preguntas formu­ladas por Marbois. Como varios amigos le pedían copias de la obra, trató de editarla en privado, pero encontró que el coste hu­biera sido excesivo; apenas llegado a Pa­rís, hizo imprimir doscientos ejemplares; de esta primera edición pronto se hizo una edición francesa, revisada por el autor, pero muy imperfecta; el texto inglés fue editado más tarde en Londres, en forma correcta y ampliada, en 1782.

Las Notas describen sumariamente, pero en forma lú­cida, lisa y algunas veces penetrante, la geografía, la flora, la fauna y las condi­ciones sociales, culturales, religiosas, econó­micas o políticas del estado. Era difícil decir más cosas en menos páginas y con mayor claridad y objetividad. El autor en­cuentra manera de exponer, además de las realidades de su patria, los problemas esenciales inherentes a su devenir, a su agi­tado pero profundo proceso de desarrollo. Algunas veces polemiza contra opiniones corrientes en la época; por ejemplo, la de que la especie humana, como parece poder deducirse de la fauna indígena, está desti­nada en América a un menor desarrollo físico (algunos decían que también espiri­tual y moral) que en otros continentes y especialmente en Europa.

En el capítulo relativo a los indígenas, reproduce la fa­mosa carta de paz que el jefe indígena Logan envió al gobernador inglés lord Dunmore y muestra los altos sentimientos vi­riles de que eran capaces aquellas pobla­ciones autóctonas. La mejor edición actual de las Notas se encuentra en el vol. III de los Escritos de Jefferson, editados por P. L. Ford (Nueva York y Londres, 1894) y ocupa 210 páginas de texto.

C. Pellizzi