Oda en Tiempo de Duda, William Vaughn Moody

[An Ode in Time of Hesitation]. Poesía del norte­americano William Vaughn Moody (1869- 1910). Escrita, en forma tradicional, en 1900, cuando eran dudosas las relaciones de los Estados Unidos con las colonias ya ameri­canas (Cuba), bulle de sentido patriótico, expresado con ímpetu cerrado y caluroso.

Fue en su tiempo famosa también por ra­zones extraartísticas, y es todavía notable por la vena de ágil lirismo, que sabe hacer poesía hasta con las partes retóricas, por sus invocaciones, que recuerdan a otras de viejos poetas y por las conmovidas repeti­ciones; el final («¡Oh, vosotros, que nos guiais/estad en guardia !/podemos perdonar la ceguera, pero castigaremos la cobardía») está henchido de viva humanidad, regida por un ritmo encendido y pleno de pasión cívica y viril.

A. Camerino

Oda al Viento del Oeste, Percy Bysshe Shelley

[Ode to the West Wind]. Oda de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), publicada junto con el Prometeo liberado (v.) y otras poesías, en 1820. Son cinco estrofas, compuestas cada una de cuatro tercetos y de un dístico final (el segundo verso del último terceto rima con el pareado final).

La oda fue concebida y en gran parte escrita (1819) en un bosque junto a Florencia, en un día ventoso. El salvaje viento del Oeste, que sopla a través del bosque llevándose las hojas muertas, que arrastra las nubes y levanta las olas del mar, se posesionó de la imaginación del poeta, suscitando en él un intenso de­seo de libertad, el ansia de liberarse de los vínculos materiales impuestos por el cuerpo; querría el poeta ser una hoja, una nube o una ola, para seguir al viento en su curso desenfrenado.

Como esto no es posible, el poeta pide al viento que haga de él su propia lira, que lo haga capaz de expresar por su pecho de hombre el tumulto de su salvaje armonía, que lo convierta en su espíritu y difunda sobre el mundo adormecido sus pensamientos como chispas de un fuego in­extinguible, haciendo de sus labios la trom­ba de una profecía.

La oda es una de las más famosas composiciones de Shelley, y es muy citado su verso final: «If Winter comes, can Spring be far behind?» («Si viene el invierno, ¿podrá tardar mucho la primave­ra?»); es una de las obras en que la fantasía del poeta demuestra mejor su extraordinaria riqueza; véase el esplendor de las imágenes con que, en las primeras estrofas, sigue al viento en sus efectos sobre el bosque, sobre el agua y hasta en los abismos del mar.

Toda la composición, más que expresar un pensamiento preciso, nace de una especie de embriaguez producida por el viento, em­briaguez que se traduce en una visión si­multánea de hechos y lugares lejanos y en una necesidad de prorrumpir en canto. El tema es semejante a un pasaje de Monti (A S. Chigi) derivado de las Cuitas del joven Werther (v.), de Goethe: — «Oh, ¿por qué no puedo dejar de lado/toda mi dig­nidad de hombre y confundirme/con la tempestad que pasa, y sobre las plumas/del viento correr?, etc.»; a unos versos de Höl­derlin: «¡Oh, llevadme allá abajo, nubes de púrpura/ y que revivan en lo alto, en la luz y el espacio, mi amor y mi dolor!», y de Lamartine («L’Isolement»): «…Et moi, je suis semblable a la feulle flétrie;/Emportez- moi comme elle, ourageux Aquilons!»

A. Repací

Podía expresar a su gusto lo material indiferentemente, con términos de uno o de otro. Ningún poeta antes que él le igualó en este don, y difícilmente habrá otro que lo pueda igualar en el futuro; seguramente los hombres verán antes cómo el Juicio prometido pone su mano sobre el árbol del Cielo y sacude de él las hojas secas. (Thompson)

Oda Conmemorativa, James Russell Lowell

[Ode recited at the Harward Commemoration]. Oda patrió­tica del poeta y crítico norteamericano James Russell Lowell (1819-1891), leída por el autor en 21 de julio de 1865 en la ceremonia celebrada en la universidad de Harvard en memoria de los estudiantes caídos en la Guerra Civil (1861-1865).

Está formada por doce estrofas de diversa longitud, con ver­sos de diferente medida y rima; la sexta estrofa, bellísima evocación de Lincoln, fue más tarde añadida por el poeta. El autor exalta a los que combatieron por el elevado ideal de la unión. Muchos son los que no regresaron, pero si es necesario que su fama perezca en el eterno cambiar de las cosas, su sacrificio aportó a la humanidad impe­recederas conquistas ideales.

El fervoroso patriotismo de Lowell vibra en la invoca­ción a la patria con que concluye la oda y en otros pasajes de alta inspiración lírica. Un poco trabajada y desigual en la forma, la composición pone de relieve las felices cualidades de dicción y de ritmo que ha­llamos también en otras poesías del autor, y quedará siempre como una noble expre­sión del Lowell poeta y patriota.

L. Jacchia

Oda al Señor de Montgolfier, Vicenzo Monti

[Ode al signor di Montgolfier]. Oda de Vicenzo Monti (1754-1828), compuesta en el año 1784, con ocasión del audaz experimento de los hermanos Montgolfier, que en 1783 ele­varon el primer globo de aire caliente.

La oda de Monti, leída en la «Arcadia» en 1784, tiene la forma y el ritmo de la can­ción arcádica, aunque está empapada de es­píritu moderno. Parte de una similitud (la expedición de los argonautas y la ascensión del globo) para lanzarse volando por los cielos de las conquistas humanas; está do­minada por un franco asombro frente a los progresos del talento humano y el entu­siasmo por las conquistas del hombre, que arranca a la naturaleza sus secretos.Los prodigios del hombre hacen temblar el cielo, mientras la tierra calla inmóvil, estupefacta. El emocionado himno a la ciencia enumera los milagros de los descubrimientos, desde el pararrayos a la gravitación universal, del telescopio a la descomposición de la luz solar; día vendrá en que al hombre ya no le quedará más que vencer la muerte.

La oda, que mezcla ciencia con mito y filosofía con poesía, concluye de este modo la tra­dición poética del siglo XVIII, exaltadora de la ciencia y el progreso.

M. Maggi

Es en verdad un poeta del oído y de la fantasía, pero nunca del corazón. (Leopardi)

Oda a la Patria, Bonaventura Caries Aribau

[Oda a la Patria]. Así se ha venido generalmente designando la poesía catalana de Bonaventura Carles Aribau (1798-1862) que en rigor se titula: La Patria, Trovas [La Patria, Trobes].

Se publicó en el número del 24 de agosto de 1833 de la revista literaria barcelonesa «El Vapor». En 1933 se descubrió una copia autó­grafa, junto con una carta, fechada en Ma­drid el 10 de noviembre de 1832, en la que Aribau ruega a un amigo suyo en Barce­lona, el autor dramático Francisco Renart, revise los «informes alejandrinos» que un compromiso le ha forzado a componer, y los lleve a la imprenta de Bergnes de las Casas.

El hallazgo permitió restablecer un texto más genuino y quitó todo valor a ciertas conjeturas y dudas a que algunos críticos se inclinaban acerca de la génesis y contenido de las trovas y aun acerca de la sinceridad de Aribau. Constaba que éste las había escrito para felicitar los días de su patrón y paisano el banquero Gaspar de Remisa, establecido en Madrid.

La referida carta precisa que los empleados de Remisa habían acordado felicitarlo en varios idiomas: a Aribau le correspondió el catalán. El tono, el tema y el movimiento de las trovas quedan explicados por este detalle. Para contender eficazmente con otras len­guas más felices, Aribau hace la apología de la suya y la eleva a la pureza y dignidad con que fuera antaño cultivada.

En la len­gua nativa, viene a decir el poeta, se le hace presente la Cataluña alejada, no sólo en el espacio, sino también en el tiempo: paisajes familiares que quizá no volverá a ver, afectos enraizados en la infancia que dejó atrás, glorias históricas, tradiciones pe­rennes; usándola, un catalán bien nacido se encontrará siempre a sí mismo, en la más auténtica forma de su pensar y su sentir, experimentará, no ya sólo un consuelo a sus nostalgias, sino un orgullo para sus realizaciones y asegurará inmortalidad a lo que exprese.

Tales conceptos flotaban en el am­biente barcelonés, penetrado por el roman­ticismo; las trovas de Aribau los conden­saron con suma energía poética y en un idioma concebido de nuevo según una idea absoluta de su perfección. Así, desde que se divulgaron, la juventud renacentista cata­lana tuvo con ellas un manifiesto, un punto de partida y un modelo.

C. Riba