Nació en Belley el 1.° de abril de 1755 y murió en París el 2 de febrero de 1826. Hombre honrado y pacífico hasta la indiferencia, y capaz de arriesgarse a la muerte por amor a la tranquilidad propia y ajena, el matiz de epicureísmo que parece caracterizar su aguda filosofía queda, empero, contrariado por la simplicidad de sus costumbres y la discreción de una existencia dedicada al ejercicio de la magistratura y a la afición a las letras, la música y las artes en general.
La gastronomía no fue para Brillat-Savarin sino una medida de gusto y una meditación no totalmente irónica (y vinculada aún al espíritu racionalista contemporáneo) sobre la ciencia del vivir. Conoció la Revolución, y mostróse adversario de ella, en particular durante el Terror; era entonces alcalde de su pueblo natal.
Forzado al destierro, se refugió primero en Suiza, y luego partió hacia América, donde vivió dos años en una extremada pobreza. Vuelto a Francia, se le confiaron importantes cargos políticos y militares en los que no se empeñó jamás a fondo con firmeza de criterio; de esta suerte, pudo conservar, a través de los más diversos regímenes de cuantos siguieron al revolucionario, su puesto de consejero del Tribunal de Casación.
Un año antes de su muerte, la obra que había de inmortalizar su nombre, Fisiología del gusto (v.), fue publicada anónima entre otras firmadas (Vues et projets d’économie politique, de 1802; Essai sur le duel, de 1819; Essai sur l’archéologie du département de l’Ain; Fragments sur l’administration judiciaire, de 1819), a las cuales ha sobrevivido el ingenioso tratado gastronómico para sugerir la imagen posiblemente más fiel del autor y sin duda la más popular.
G. Veronesi
