Anthelme Brillat-Savarin

Nació en Belley el 1.° de abril de 1755 y murió en Pa­rís el 2 de febrero de 1826. Hombre honrado y pacífico hasta la indiferencia, y capaz de arriesgarse a la muerte por amor a la tran­quilidad propia y ajena, el matiz de epicureísmo que parece caracterizar su aguda filosofía queda, empero, contrariado por la simplicidad de sus costumbres y la discre­ción de una existencia dedicada al ejercicio de la magistratura y a la afición a las le­tras, la música y las artes en general.

La gastronomía no fue para Brillat-Savarin sino una me­dida de gusto y una meditación no total­mente irónica (y vinculada aún al espíritu racionalista contemporáneo) sobre la cien­cia del vivir. Conoció la Revolución, y mos­tróse adversario de ella, en particular du­rante el Terror; era entonces alcalde de su pueblo natal.

Forzado al destierro, se refu­gió primero en Suiza, y luego partió hacia América, donde vivió dos años en una ex­tremada pobreza. Vuelto a Francia, se le confiaron importantes cargos políticos y mi­litares en los que no se empeñó jamás a fondo con firmeza de criterio; de esta suer­te, pudo conservar, a través de los más di­versos regímenes de cuantos siguieron al revolucionario, su puesto de consejero del Tribunal de Casación.

Un año antes de su muerte, la obra que había de inmortalizar su nombre, Fisiología del gusto (v.), fue pu­blicada anónima entre otras firmadas (Vues et projets d’économie politique, de 1802; Essai sur le duel, de 1819; Essai sur l’archéo­logie du département de l’Ain; Fragments sur l’administration judiciaire, de 1819), a las cuales ha sobrevivido el ingenioso tra­tado gastronómico para sugerir la imagen posiblemente más fiel del autor y sin duda la más popular.

G. Veronesi

Nicéforo Briennio de Adrianópolis

Nació en Adrianópolis en 1062 y murió en Constantinopla en 1140. Militar e historiador bizan­tino, su padre, llamado también Nicéforo, era general, y, como aspirase al trono, luchó victoriosamente contra Miguel VII Ducas; pero fue vencido, a su vez, por Alejo Comneno, entonces general del nuevo emperador Nicéforo Botaniates, quien ordenó qui­tarle la vista; aun cuando ciego, desempeñó importantes cargos durante el gobierno de Alejo I Comneno, al cual, debido a su des­gracia, no parecía ya peligroso.

También su hijo Nicéforo Briennio, de aspecto arrogante y poseedor de una gran cultura, ocupó elevados puestos, disfrutó de una gran reputación en la corte imperial y llegó a cautivar las simpatías del emperador, quien le dio como esposa a su hija Ana Comneno (v.).

En 1098 dirigió la defensa de Constantinopla contra el ejército cruzado de Godofredo de Bouillon; en 1108 concluyó el tratado de paz entre Alejo y el normando Bohemundo, y en 1116 contribuyó decisivamente, con un oportuno ataque, a la victoria obtenida contra el sultán de Konya. Aquel mismo año, y gracias a su intervención, llegóse a un acuerdo con los maniqueos muy favora­ble al Imperio.

Rara en los anales de Bizancio es la lealtad que guardó siempre tan­to a su suegro Alejo como a su cuñado Juan Comneno, la cual llevóle a rechazar y, en algunos casos, descubrir los manejos de la suegra y la esposa, que hubiesen que­rido colocar en sus sienes la corona impe­rial. En 1137 acompañó a su cuñado, ya em­perador, a una expedición contra Siria.

Tres años más tarde murió de enfermedad en Constantinopla. La muerte interrumpió la Historia de Alejo Comneno (v.), en la que trabajaba a instancias de su suegra Irene y a cuya composición dedicaba desde hacía ya varios años los ocios de la milicia y de la diplomacia; sin embargo, éstos no debieron de ser muchos, por cuanto la obra en cues­tión expone únicamente los preliminares del tema y se detiene en el año 1079, en el umbral del gobierno de Nicéforo Botania­tes, predecesor de Alejo I Comneno.

Y así, correspondió a la esposa de Briennio, Ana Com­neno, la prosecución y realización total del proyecto interrumpido.

B. Lavagnini

Robert Seymour Bridges

Nació en Walmer (isla de Thanet) el 23 de octubre de 1844 y murió en Oxford el 21 de abril de 1930. Poeta «laureado», estudió en esta última ciu­dad en el St. Bartholomew’s Hospital, donde se graduó en medicina.

Tras haber ejercido largo tiempo la profesión de médico en Lon­dres, abandonóla para dedicarse por com­pleto a la literatura. Escribió breves com­posiciones líricas, largos poemas, dramas en verso y estudios críticos, entre ellos un en­sayo sobre Milton (1893) y otro acerca de Keats (1895).

Fundó la «Society for Puré English», y en 1924 dio diversas conferen­cias en América. Amigo del jesuita G. M. Hopkins, encargóse, en 1918, de la publi­cación de sus poesías. En sus obras Poemas breves (v.), Poetical Works (1898-1905), Oc­io ber and other Poems (1920), New Verse (1925) y El testamento de la belleza (v.), reveló un profundo conocimiento de los clásicos, en particular de Lucrecio y Milton, y una exquisita sensibilidad para la técnica del verso, cuya prosodia reformó. Compuso ocho dramas, entre ellos Aquiles en Esciro (v. Aquileidas) y The Retum of Ulysses.

F. Mei

Eugène Brieux

Nació en París en 1858 y murió en Niza en 1932. Hijo de un obrero eba­nista, dedicóse primeramente al comercio.

Tras haber iniciado sus actividades, en 1880- 81 y en colaboración con Salandri, con dos breves composiciones teatrales (Bernard Palissy y Le bureau des divorces), pasó al periodismo. Sin embargo, diez años después intentó de nuevo y solo el teatro, en el que Ménages d’artistes (1890) y, sobre todo, Blanchette (1892, v.) le valieron repentina­mente una amplia fama, no desmentida por las obras posteriores (M. de Rebouval, 1892; L’engranage, 1894; Les bienfaiteurs, 1896; Les trois filles de M. Dupont, 1897) y con­firmada en 1900 con un verdadero triunfo: La robe rouge.

A partir de entonces no dejó de conocer el éxito. En 1909 se le abrieron también las puertas de la Academia Fran­cesa. Parece explicar en gran parte una ca­rrera tan afortunada la circunstancia de que las tesis tratadas por Brieux — ya de carác­ter moral o social— resultan extremada­mente triviales y ortodoxas, y son presen­tadas en un estilo fácil, sin profundidad.

Constituyen a este respecto un hecho sinto­mático los dos finales opuestos (uno más grato a los teatros subvencionados) que el autor había preparado para Blanchette, re­presentada en el «Théâtre Libre».

Entre las obras posteriores a La robe rouge cabe ci­tar Les remplaçants (1901), Les avariés (1902) Maternité (1903), Los abejorros (v.), La foi (1909), La femme seule (1912), Les bourgeois aux champs (1914), Les Améri­cains chez nous (1920), Trois bons amis (1921), L’avocat (1922), L’enfant (1923), Pier­rette et Galaor (1923) y La famille Lavolette (1926).

C. Falconi

Otokar Břézina

Seudónimo del poeta checo Václav Ignác Jebavý, que n. el 13 de septiembre de 1868 en Počátky (Bohemia meridional) y murió en Jaromĕřice nad Rokyt- nou el 25 de marzo de 1929.

Tras sus estu­dios en Telč fue maestro en las escuelas comunales del occidente de Moravia. Deci­siva para su desarrollo espiritual resultó su estancia en Nová Říše durante los años 1888- 1901. Influyeron considerablemente en él su amistad con el maestro Fr. Bauer, dedicado a la música, y el afecto de Anna Pammrová (1860-1945), seguidora de las tendencias teo- sóficas.

A partir de 1901 enseñó en la es- r cuela de Jaromérice nad Rokytnou, y aquí permaneció hasta la muerte en una refle­xiva soledad interrumpida solamente por es­casos viajes a Chýnov, junto al escultor Fr. Bílek, y a Tasov, para ver al poeta Jakub Deml.

Con el seudónimo V. D. Danšovský empezó a publicar prosas de carácter psico­lógico y versos de tono realista. El extenso Poema de Eduard Brunner [Román Eduarda Brunnera], compuesto en 1890-91 y según el estilo del naturalismo analítico entonces de moda, fue destruido por él mismo. Luego, en otoño de 1892, y gracias a la influencia de los poetas franceses y la estética de Schopenhauer, inclinóse hacia el simbolismo.

Bajo el nombre de Břézina dio a la prensa en 1895 la colección Lontananzas misterio­sas (v.), cuyos versos están forjados con un doliente pesimismo que en algunos momen­tos se eleva hacia místicas visiones. En la siguiente colección, Alba a Occidente (v.), el poeta parece liberarse del mundo de los sentidos para buscar, en el movimiento dra­mático del universo, una serena fraterni­dad con los seres que sufren.

En un am­biente de espiritualidad sitúa Břézina su tercer libro Vientos de los polos (v.), en el que la creación aparece cual un misterioso acuerdo de todas las sustancias. Un matiz de pesimismo oscurece, en cambio, el cuar­to libro, Los constructores del templo (v.), en el que el poeta presta una renovada aten­ción a las voces de la realidad, el clamor de los sentidos y las vacilaciones de la ma­teria, y simboliza a los seres en algunos tipos esquemáticos de «profetas», «demen­tes», «mártires», «ciegos» y «constructores de templos».

En el último volumen, Las ma­nos (v.), reaparecen las notas de solidari­dad cósmica y de optimismo evolucionista. Břézina es también autor de un valioso libro de ensayos titulado Música de las fuentes [Hud- ba pramenu, 1903].

A. M. Ripellino