Papel Periódico Ilustrado, Alberto Urdaneta

Perió­dico colombiano fundado y dirigido por Alberto Urdaneta (1845-1887), cuyo primer número apareció en Bogotá el 6 de agosto de 1881. La publicación, de periodicidad quincenal, dejó de aparecer en abril de 1887.

La revista «estimuló el amor al estudio de la historia nacional — dice cierto críti­co —, de la arqueología, de la etnografía y de las bellas artes; hizo conocer innumera­bles retratos y biografías de personalidades oriundas de Colombia y otros países del nuevo hemisferio; divulgó valiosos docu­mentos históricos, que de otra manera ha­brían permanecido indefinidamente inédi­tos». En ella colaboraron Rufino J. Cuervo, Jorge Isaacs, Saturnino Vergara, etc.

J. M. Pérez de Ayala

Papel Periódico de la Ciudad de Santafé de Bogotá, Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria

Periódico colom­biano fundado en 1791 por don Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria (1758-1819), que hay que considerarlo como el primer periódico colombiano qué merezca tal nombre.

Con excepción del primer nú­mero del Papel Periódico que salió el miér­coles 9 de febrero de 1791, todos los demás aparecían los viernes, y cada uno constaba invariablemente de ocho páginas en octavo, pocas veces con distintos tipos de letras en el mismo número. El último que salió fue el 265, aparecido el 6 de enero de 1797.

El periódico de Rodríguez parece inspirado en el Papel Periódico de la Havana, cuyo primer número salió el 24 de octubre de 1790, bajo la dirección del capitán Diego de la. Barrera. En sus seis años de existencia sólo tuvo una interrupción de seis meses, del nú­mero 85, que salió el 5 de octubre de 1792, hasta el 19 de abril de 1793, «por un casual incidente relativo a la imprenta».

Desde este número, que fue el 86, comenzó a imprimirse en la imprenta «Patriótica», que había establecido el precursor Anto­nio Nariño Álvarez en la plazuela de la iglesia de San Carlos. Los números ante­riores se imprimieron en la imprenta de Antonio Espinosa de los Monteros.

El Papel Periódico de Santafé, según José M.a Samper Agudelo, «microscópica y sencilla expresión de la filantropía y’ el espíritu pro­gresista del inolvidable bibliotecario de Santa Fe, fue, por decirlo así, el reflejo y el facsímile de la vida colonial. Se sentía vagamente, la aspiración del progreso, esti­mulada por dos o tres virreyes de espíritu elevado, sobre todo por el ilustre Ezpeleta, y tal aspiración trataba de manifestarse de algún modo.

Pero en realidad el Papel Pe­riódico representaba un esfuerzo individual y no un anhelo colectivo. Allí faltaba el soplo social; y la vida, la animación y las palpitaciones del embrión de patria que se estaba formando. Sirvió apenas para hacer algunas publicaciones estadísticas, amén de las oficiales, y para estimular un tanto a los aficionados a la literatura, pues el estilo frío y prosaico de don Manuel del Socorro y su mediano talento, no podían ser muy eficaces colaboradores para su buena vo­luntad».

J. M. Pérez De Ayala

Papeles de Aspern, Henry James

[The Aspem Papers]. Novela del escritor norteamericano Henry James (1843-1916), publicada en 1888.

El protagonista, cuyo nombre no figura por­que la acción es narrada en primera per­sona, enterado de que Juliana Bordereau, la mujer en un tiempo amada por Jeffrey Aspern, el poeta por quien él se interesa, vive todavía y reside en Venecia, va allá con la esperanza de obtener las cartas de amor y otros documentos del poeta, persua­dido de que tales papeles se conservan, a pesar de la respuesta negativa de la vieja señora a las cartas insistentes de otro inves­tigador sobre Aspern.

Llegado a Venecia, el protagonista consigue en subarriendo de la anciana Bordereau algunas habitaciones en el palacio donde reside en compañía de una sobrina, Miss Tina, cuyo afecto no tarda en conquistar. La anciana señora, que ha intuido la secreta razón de que el prota­gonista se aloje en su casa a pesar del pre­cio excesivo y espera conseguir que se case con su sobrina, ya no demasiado joven, facilita las relaciones amistosas entre am­bos.

Un paseo nocturno en góndola por la laguna y algunos románticos encuentros’ en el jardín, acaban de ilusionar a Miss Tina, quien, tras la muerte imprevista de la tía, cortando por lo sano da a entender al pro­tagonista que, a pesar de los deseos de su tía, no destruyó los documentos de Aspern y está dispuesta a cedérselos si se casa con ella.

El protagonista se aleja aterrado ante semejante proposición y va errando por la laguna; cuando a la mañana siguiente se presenta ante Miss Tina, dispuesto quizás al sacrificio con tal de obtener los docu­mentos anhelados, se entera de que los ha quemado durante la noche y no obtiene del desaparecido poeta más que una miniatura.

Sin ser una novela en clave, en el poeta Jeffrey Aspern se ha querido representar a Shelley y en la vieja Juliana Bordereau a la hermanastra de Shelley, Claire Clairmont, que acabó sus días, viejísima, en Florencia, donde un investigador americano había sido su pupilo con la esperanza de obtener docu­mentos de Shelley, aunque terminó igual­mente defraudado. [Trad. de Eduardo Warshaver (Buenos Aires, 1947)].

B. Cellini

Del Papa y de su Clericalla, Nikolaus Manuel

[Vom Papst und seiner Priesterchaft]. Es­pectáculo precuaresmal (Fastnachtspiel, v.) del escritor suizo alemán Nikolaus Manuel (14849-1530), estrenado en 1522 y pu­blicado en 1524.

Representa al Papa, que es llamado Entchristelo (Anticristo), mientras forma consejo con sus secuaces, cuando pasa por en medio de ellos un ataúd. Toda la reunión eclesiástica estalla en gritos de jú­bilo por las ganancias que el clero sacará del muerto.

Pero otros gritos se mezclan con aquéllos, los del pueblo que echa en cara a los purpurados el renegar de la doctrina de Cristo; se añade también la entrada en escena de un Caballero de Rodas que en vano pide al Papa ayuda en la guerra con­tra los turcos, mientras aparece un turco que disfruta con la negativa del Papa a la súplica del rodés.

Mientras tanto el pue­blo profiere toda suerte de reproches por los engaños y el mercado de indulgencias que la Iglesia efectúa; incluso Pedro y Pa­blo aparecen en el fondo para echar en cara al Papa sus riquezas y sus preocupaciones mundanas. Pedro declara que las llaves del Paraíso están en el corazón de todos los fie­les y entonces el Papa amenaza con deste­rrarlo.

Al fin el Papa se aleja en medio de sus secuaces para ir a preparar otras intri­gas, mientras un piadoso predicador eleva a Cristo su plegaria de que se restablezca entre los hombres el verdadero espíritu evangélico. El libro constituye un ejemplo destacado de la tremenda pasión anticató­lica despertada por el protestantismo en al­gunos sectores de la sociedad alemana del siglo XVI.

M. Pensa

Papá Lebonnard, Jean Aicard

[Le pére Lebonnard]. Drama francés en cuatro actos, en alejandrinos, de Jean Aicard (1848-1921), estrenado en 1889.

El matrimonio Lebonnard tiene dos hijos, Roberto y Juana. La mu­chacha debe casarse con el doctor André, mientras que para su hijo la madre desea un casamiento aristocrático.

Durante una lucha política, un escándalo provocado por sus adversarios, revela que el doctor André es hijo adulterino; por dicho motivo la se­ñora Lebonnard, afectada de manía de grandezas, se opone a la boda de su hija, favorita del marido.

De carácter tímido, éste siempre se ha sometido a -su mujer, aunque su conciencia de honrado relojero que gracias al trabajo ha llegado a conse­guir una situación desahogada, le haya he­cho tolerar mal las ostentaciones señoriales; ahora, al ver en juego la felicidad de su hija, reacciona en la forma más inesperada.

Papá Lebonnard ha sabido siempre que su mujer le fue infiel y que Roberto no es su hijo; sin embargo, ha querido al muchacho hasta el punto de considerarlo como propio; pero ahora habla, y la revelación de esta paternidad ideal que contrasta con su ver­dadera paternidad, da a la figura del prota­gonista un relieve dramático y una nobleza moral que lo elevan por encima de los de­más personajes.

El drama termina felizmente con las bodas de Roberto y las de Juana. El hijo hereda así las riquezas de su verda­dero padre que, al morir, las había dejado con dicho fin a un amigo, que es ahora el suegro de Roberto. Semejante reconocimien­to póstumo es propio del carácter clásico que Aicard quiso dar al drama en el ori­ginal francés.

Papá Lebonnard fue tradu­cido en prosa italiana por Ermete Novelli, quien quitando todo empaque a dicha obra hizo con su interpretación una comedia atractiva por la profundidad y la sencillez de sentimientos y la simplicidad de la ex­presión. [Trad. de F. Elguera, Madrid, s. a.].

M. Ferrigni