Periódico colombiano fundado en 1791 por don Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria (1758-1819), que hay que considerarlo como el primer periódico colombiano qué merezca tal nombre.
Con excepción del primer número del Papel Periódico que salió el miércoles 9 de febrero de 1791, todos los demás aparecían los viernes, y cada uno constaba invariablemente de ocho páginas en octavo, pocas veces con distintos tipos de letras en el mismo número. El último que salió fue el 265, aparecido el 6 de enero de 1797.
El periódico de Rodríguez parece inspirado en el Papel Periódico de la Havana, cuyo primer número salió el 24 de octubre de 1790, bajo la dirección del capitán Diego de la. Barrera. En sus seis años de existencia sólo tuvo una interrupción de seis meses, del número 85, que salió el 5 de octubre de 1792, hasta el 19 de abril de 1793, «por un casual incidente relativo a la imprenta».
Desde este número, que fue el 86, comenzó a imprimirse en la imprenta «Patriótica», que había establecido el precursor Antonio Nariño Álvarez en la plazuela de la iglesia de San Carlos. Los números anteriores se imprimieron en la imprenta de Antonio Espinosa de los Monteros.
El Papel Periódico de Santafé, según José M.a Samper Agudelo, «microscópica y sencilla expresión de la filantropía y’ el espíritu progresista del inolvidable bibliotecario de Santa Fe, fue, por decirlo así, el reflejo y el facsímile de la vida colonial. Se sentía vagamente, la aspiración del progreso, estimulada por dos o tres virreyes de espíritu elevado, sobre todo por el ilustre Ezpeleta, y tal aspiración trataba de manifestarse de algún modo.
Pero en realidad el Papel Periódico representaba un esfuerzo individual y no un anhelo colectivo. Allí faltaba el soplo social; y la vida, la animación y las palpitaciones del embrión de patria que se estaba formando. Sirvió apenas para hacer algunas publicaciones estadísticas, amén de las oficiales, y para estimular un tanto a los aficionados a la literatura, pues el estilo frío y prosaico de don Manuel del Socorro y su mediano talento, no podían ser muy eficaces colaboradores para su buena voluntad».
J. M. Pérez De Ayala

