El Paraíso de los Alberti, Giovanni Gherardi

[Il Paradiso degli Alberti]. Con este título dado por el primer erudito moderno que lo publicó (tomándolo del nombre de la «villa» florentina de un personaje de la obra, Antonio degli Alberti) es denominada una pro­lija novela en prosa del pratense Giovanni Gherardi (nacido hacia 1367, muerto entre 1442 y el 1446) y que él, anciano ya, dejó probablemente incompleta.

La obra es más que otra cosa un documento muy intere­sante como crónica de su tiempo, de la vida cultural y política del primer Renaci­miento florentino. Después de varias ima­ginaciones mitológicas (como un fabuloso viaje a Creta y a Chipre, reino de Venus, en que se habla largo y tendido acerca de héroes y proezas de amor) es introducida en el desigual relato una placentera com­pañía de doctos que en el año 1389, entre bromas y varias diversiones, discuten de filosofía, de problemas diversos y de polí­tica.

Las reuniones se efectúan ya en Campaldino, en la villa del conde Carlo Poppi, ya en Florencia, en la mencionada en el título del libro. En su conjunto la obra, a pesar de algún episodio bastante vivaz y divertido, es harto monótona. Se sitúa en la gran tradición novelística que va a pa­rar al Decamerón (v.).

C. Cordié

El Paraiso de las Damas, Émile Zola

[Au bonheur des domes]. Novela de Émile Zola (1840-1902), undécima de la serie de los Rougon-Macquart (v.), que, publicada en 1883, resultó una de las menos obsesionadas por las intenciones doctrinarias, aunque también esté dominada por la clara inten­ción de ofrecer, a través de la sencilla tra­ma, un preciso cuadro de vida social.

Dionisia, jovencita sencilla y graciosa, por la inesperada muerte de sus padres se ve obli­gada a abandonar la nativa Valognes, donde su familia tenía una pequeña mercería, y se dirige a París con sus dos hermanos, Juan y José, a quienes hará en adelante de madre, confiando en la ayuda de su tío Baudu, también mercero, emigrado hace tiempo a la capital, donde se dice que ha hecho fortuna.

Pero no tarda en advertir que, por el contrario, su tío está al borde de la ruina: suerte general que espera a todos los nego­ciantes de los diversos géneros de mercería del barrio; todos quedarán inexorablemente arruinados por la despiadada competencia de unos nuevos grandes almacenes dirigidos y planeados con modernísima audacia e ideas grandiosas por un joven hombre de negocios meridional, Octavio Mouret.

Éste, atre­vido y despreocupado, ha pasado con des­envoltura casi cínica de un éxito a otro y está persuadido de que el porvenir del co­mercio radica en la organización en amplia escala: en las grandes empresas capaces de lanzar al mercado cantidades increíbles de artículos de moda a un precio cada vez más bajo, que capten con su variedad y facilidad al gran público femenino de París, con una mercancía cuyo brillante as­pecto sea a costa de la solidez tradicional.

Afortunado conquistador, Mouret aprovecha su mismo conocimiento de la psicología femenina y se procura también accionistas y aliados mediante dos amantes suyas; sin embargo, está dispuesto a abandonarlas cuando ya no le sirvan.

Después de algu­nas tentativas inútiles, la misma Dionisia se ve obligada a entrar, con gran dolor de su tío, como empleada, en el «Paraíso de las damas». Allí la ingenua provinciana, con su tímida gracia y su innato orgullo, sus­cita la simpatía de los hombres y los odios y rivalidades de las mujeres.

Pero lucha valerosamente y consigue al fin vencer en la dura contienda por su vida y la de sus hermanos. La mayor dificultad surge de su corazón; desde los primeros días ama y ad­mira a Mouret, quien sin saberlo es también presa de la inesperada finura y la so­berbia sencillez de la muchacha.

Cuando Mouret se dirige a ella con la acostumbrada franca brutalidad que adopta en casos similares, ella, a pesar de todo, encuentra la fuerza para rechazarlo, angustiada, no resig­nándose a la idea de ser para él sólo una aventura. El hombre sufre durante mucho tiempo y aquel sufrimiento le transforma y suaviza; admira cada vez más a Dionisia que, mientras tanto, se ha consolidado y al­canzado un alto cargo en el negocio, y la lucha larga y tormentosa termina felizmente con el casamiento.

La descripción del gran almacén, que quisiera ser el tema del libro, si bien conducida con penetrante inteli­gencia, resulta algo mecánica y pesada, aun­que variada por las muchas figuras y aven­turas secundarias. Pero la parte más viva de la novela es la sencilla historia de amor de Dionisia, figura captada y tratada con ex­trema delicadeza, con una sencillez de . sen­timiento que nunca degenera en sentimen­talismo.

M. Bonfantini

El Paraíso Edén, Àbdîsho bar Berîkhâ

Título de una co­lección de cincuenta poesías en lengua si­ríaca del escritor siriaco nestoriano Àbdîsho bar Berîkhâ (o Ebediesu, m. en 1318), compuesta en 1290-91.

La colección se divide en dos partes. Ha sido comentada, presen­tando no pocas dificultades para su recta comprensión, por el mismo escritor en un comentario terminado en 1316. El autor se revela en esta obra poética imitador de las Maqamāt (v.) del poeta árabe al-Harirī, sorbre todo por la artificiosidad del estilo que caracteriza estas poesías. Edición de Cardahi (Beirut, 1889).

G. Furlani

Los Paragreens en París, Giovanni Ruffini

[The Paragreens on a visit to Paris]. Narración humorística de Giovanni Ruffini (1807-1881), publicada en Edimburgo en 1856.

El autor nos narra las aventuras de una simpática familia inglesa que llega a Francia en agos­to de 1855 para visitar la primera Exposi­ción Universal de París. El padre, Mister Sylvester Paragreens, negociante retirado después de haber hecho una gran fortuna en el comercio del corcho, es un excelente hombrecillo sin pretensiones; su mujer, Dora, por el contrario, enérgica e irascible pero de excelente corazón, imita en el ha­blar y en el vestir las maneras de una clase más alta.

Con sus cuatro hijos, dejan su tranquila villa de Peckham para emprender un viaje a París. En la ciudad, desbordante de gente, empieza la búsqueda de un aloja­miento; la obsesión de los Paragreens de juzgarlo todo — ya todos — equivocadamen­te, unida a su ignorancia e inexperiencia, provoca una serie de equívocos y ridicu­leces, que soportan con alegría, en especial Sylvester. Por otra parte, ,su deseo de co­dearse con gente de elevada posición les hace vivir diversas aventuras, y varias ve­ces son estafados por oportunistas.

Final­mente la añoranza de su tranquilo hogar gana la partida, y París es abandonado sin pena. Muy distinta por su naturaleza y forma de las principales novelas de Ruffini, esta obra se enlaza con aquéllas por la serenidad y sencillez de alma del escritor, que se refleja tanto en ésta como en las otras.

Es una sátira que bromea benévola­mente con los obstinados prejuicios de la burguesía inglesa, sobre el predominio de su «yo». Por su estilo fresco y espontáneo, por su claro sentido del «humor», Ruffini debe mucho a Dickens.

A. S. Casalegno

Paráfrasis Sobre los Siete Salmos, Pietro Aretino

[Parafrasi sopra i sette salmi]. Obra ascética de Pietro Aretino (1492-1556), pu­blicada en Venecia en’ 1536 y dedicada a Antonio de Leva, con carta al arzobispo de Chieti (Aretino se mostraba de este modo agradecido a dos personajes a un mismo tiempo).

El título completo es Paráfrasis so­bre los siete Salmos de la Penitencia, de Da­vid. Si bien no es más que una refundición del texto bíblico, hecha con el acostumbrado estilo ruidoso de Aretino, esta obra se ven­dió mucho y fue leída: posteriormente fue reimpresa unas diez veces o más. A pesar de estar prohibidas las obras ascéticas de Aretino, las volvió a publicar, junto con todas sus demás obras de carácter religioso, Ginammi, el avispado editor veneciano, el cual cambió las dedicatorias y redujo el nombre del autor al anagrama tan recono­cible de Partenio Etiro.

Después de la ter­cera década del siglo XVII no se habló más de las obras de carácter religioso de Are- tino, sobre las cuales se extendió el olvido más profundo.

E. Allodoli