Pastoral de la Ninfa Hercinia, Martin Opitz

[Schäferey von der Nymphe Hercinie]. Idi­lio pastoril, en prosa y verso, de Martin Opitz (1597-1639), compuesto en 1630 a imi­tación de la poesía bucólica italiana del siglo XVI, como la Aminta (v.) del Tasso, El pastor Fido (v.) de Guarini y la Arcadia (v.) de Sannazaro.

En un risueño valle de los Biesengebirge se reúnen en el tiem­po de la vendimia algunos pastores, que no son otros que nuestro poeta y sus ami­gos, para librarse a sabias disertaciones sobre el amor y su soberano poder.

Apa­rece la ninfa de la fuente de Zackenbach, Hercinia, que los guía a los secretos luga­res del Monte de la Nieve, enseñándoles las bellezas y las maravillas de la natura­leza y contándoles, durante el viaje, ex­trañas historias mágicas. La ninfa predice por fin las hazañas gloriosas que cubrirán de fama a una familia noble: los condes silesianos de Schaffgotsch; luego, saliendo de la gruta, los pastores siguen su viaje por la montaña, narrando la leyenda de Rübezahl (el hombre de la montaña).

La obra es el primer reflejo en alemania de la poesía pastoril, que se había puesto de moda en Europa desde finales del siglo XVI y durante todo el XVII, y de la que Opitz había ya dado a conocer unas muestras al adaptar para las escenas alemanas el me­lodrama Dafne (v.), de Rinuccini, y la Arcadia (v.), de Sidney.

Volvemos, pues, a encontrar los motivos idílicos y arcádicos, propios de aquella poesía que introducía a pastores y pastorcillas en un mundo platónico, para discutir sutilmente del amor y de sus ideales perfecciones. Llegado a manos de Opitz cuando ya había acabado la fase formativa del género, esta poesía se sirve de una forma y un lenguaje defi­nitivos. La prosa de esta obra es, en efecto, pulida y fluida, elegante y pura la versificación de las partes poéticas, grande la habilidad formal de este arte, que señala el paso del clasicismo renacentista al ba­rroco, o mejor dicho al prebarroco.

Crítico más que poeta, Opitz construye fríamente, sin sombra de inspiración, recordando a antiguos y modernos, como para ofrecer una aplicación práctica de la poética ex­puesta en el Libro de la poesía alemana (v.).

A. Cori

La Pastoral, Rémi Belleau

[La bergerie]. Obra poé­tica del autor francés Rémi Belleau (1528- 1577), cuya primera parte o «jornada» se publicó en 1565, y la segunda en 1572, junto con una refundición de la primera.

En una colección de poesías enlazadas por dis­cursos en prosa, se alaba la vida natural; los pastores sienten la dulzura de vivir entre las flores, de sonreír a las muchachas y tener el corazón libre de las perversiones de la sociedad.

Con un espíritu de huma­nismo tardío, que trataba de rivalizar con el ideal estético italiano expresado por Sannazaro en su Arcadia (v.), Belleau hace sentir el milagro de una existencia límpida y serena. Pero además de los dictámenes del grupo poético de la Pleyade, acentúa en un sutil manierismo su admiración hacia las bellas formas de la naturaleza.

Por esto algunos satíricos posteriores (como Charles Sorel en su Pastor extravagante, v.) destacaron la afectación de estos pastores, que hasta en las tapicerías se les dedican ins­cripciones encomiásticas de la sencillez. La segunda «jornada» contiene también poe­sías diversas y de ocasión, bastante ajenas a la intención primitiva.

Algunas composi­ciones de La pastoral se hicieron pronto fa­mosas: el bellísimo «Abril» [«Avril»] canta la despreocupación de la vida, la esplendi­dez de los prados y los suspiros de los céfiros; «Mayo» [«May»] rebosa de vida y lozanía, entre el despertar de la naturaleza y el deseo de amor; «El verano» [«L’esté»] canta una fecundidad y una opulencia que son señal de fuerza.

Bellísimas estrofas de las «Canciones» [«Chansons»] en honor de las mujeres galantes, de amigos y de la primavera; la viña, frondosa de pámpanos que se entrelazan alrededor de los arbolillos, evoca y hace pensar en el abrazo de la amada. Así los «Sonetos de amor» [«Son- nets d’amour»], fruto de imitación de otros poetas, y los «Besos» [«Baisers»] hablan del deseo de abrazar a una linda criatura y besarla con languidez hasta morir.

Estas poesías líricas son la flor y nata de La pas­toral, y en el movimiento que se remon­taba a Ronsard se hicieron notar por la pulcritud de sus motivos descriptivos más que por el admirado Los amores y nuevas metamorfosis de las piedras preciosas (v.). En ellas, por lo tanto, se basa la fama de Belleau, ya que dentro de la floje­dad de todo el conjunto son un feliz motivo de poesía.

C. Cordié

La Pastoral, Angelo Beolco

[La pastorale]. Com­posición dramática en verso de Angelo Beolco, llamado el Ruzzante (1502-1542), de Padua, en una mezcla de dialecto paduano y toscano. Pertenece al grupo de las comedias dialectales escritas entre 1520 y 1529.

Sigue inédita en la Biblioteca Mar­ciana de Venecia y es ciertamente uno de los primeros y aún no maduros escritos de Beolco; Alfred Mortier (Ruzzante, París 1925-26) asegura ser de los años 1517-18. Es sustancialmente una égloga dramatizada en la que con las vicisitudes mitológicas se mezclan cómicas escenas campesinas.

El pastor Milesio, aunque anciano, se ena­mora de la ninfa Siringa, pero ésta le rechaza y el anciano se suicida.. Llega el joven pastor Mopso, que amaba a Milesio como a su propio padre y se echa sobre su cuerpo, abrumado por el dolor. Los pastores Arpiño y Lacerto se proponen enterrar a Milesio y Mopso, que parece muerto. Llega Ruzzante que, para sustituir a La­certo en el piadoso oficio, pide la ropa de Mopso. Pero mientras le desnudan se dan cuenta que sigue respirando. Llaman a un médico, que trata de despertar a Mop­so a puntapiés.

Ruzzante invita al médico a curar a su padre enfermo; siguen esce­nas ridículas a causa de ciertos enredados análisis de orina. Pero el padre de Ruzzan­te muere, Mopso recobra el sentido, y la pastoral acaba con el canto de alabanza al dios Pan y, como es de rigor en tales pie­zas, con una danza general.

M. Sansone

El Pastor, Hermas

Obra griega de carácter apocalíptico, compuesta por Hermas, escritor, por lo demás desconocido, que se dice ser esclavo liberto y que vivió en Roma, adonde había llegado tal vez desde Grecia y probablemente en la pri­mera mitad del siglo II d. de C.

Esta obra está constituida por tres partes distintas: en la primera la Iglesia, con ropas de matrona, se aparece al autor en cinco vi­siones sucesivas para mostrarle, en forma alegórica, la gravedad de los pe­cados de él y de los demás cristianos, e indicarles cómo Dios, en su infinita bondad, ante la ruina que se cierne sobre el mundo da manera de purificarse una segunda vez después del bautismo.

En la última visión de la primera parte y en toda la segunda, que contiene doce preceptos y tiene carácter predominantemente moral, un ángel se aparece a Hermas bajo el as­pecto de un pastor (de aquí el título de toda la obra) para explicarle mejor lo que él ha visto y debe enseñar a los demás; son examinadas las principales virtudes y los vicios que se oponen a ellas, para que los lectores siguiendo las primeras y guardándose de los segundos, se puedan sal­var.

En la tercera parte, en diez «parábolas» son presentados, siempre en visiones alegóricas, los preceptos del cristia­nismo, y es ilustrada la bienaventuranza del más allá, para quien sepa en la tierra vivir según la virtud. Esta obra tiene cierto carácter personal en cuanto se refiere a los vicios de los familiares de Hermas, antes que a los de los hombres en general.

Se ha discutido largamente la unidad de El pastor, pero sus desigualdades y alguna con­tradicción que en él se encuentran se ex­plican ahora pensando que no fue compuesto de un tirón, sino en un período bastante largo. A diferencia de los Apocalipsis (v.), que tienen resabios de influencia hebraica, El pastor no sólo trata del fin del mundo, sino con preferencia, en forma alegórica y más próxima en esto a las obras grie­gas, de problemas de la vida cristiana de su tiempo; por esto resulta muy inte­resante para el conocimiento de la comu­nidad romana de los primeros siglos.

Desde el punto de vista doctrinal es, sobre todo, notable, y ejerció también más tarde cierto influjo el concepto que Hermas introduce de la posibilidad de la segunda penitencia. Artísticamente no se puede negar en su lengua y en toda su representación un colorido popular, pero acerca de éste los críticos han insistido tal vez excesivamente.

La frase es sencilla y clara, su construcción bastante orgánica; su lengua es el griego común hablado entonces. Por su contenido moral y por los preceptos que daba acerca de la penitencia, El pastor obtuvo gran di­fusión y fue usado junto a los escritos canó­nicos hasta fines del siglo V, cuando fue definitivamente declarado apócrifo por el llamado «Decretum Gelasianum». [Trad. española por Daniel Ruiz Bueno con el tí­tulo El Pastor de Hermas en el volumen Padres Apostólicos (Madrid, 1950)].

E. Pasini

La Pastora Fiel, John Fletcher

[The faithful Shepherdess]. Drama pastoral del poeta inglés John Fletcher (1549-1625), representado en 1608-1609.

No extraña que, momentánea­mente privado de colaborar con el más moderado y sarcástico Beaumont, Fletcher intentase una imitación del drama pastoral italiano, mientras El pastor Fido (v.) de Guarini obtenía triunfos en toda Europa.

La trama es muy complicada, pero esto tiene poca importancia ya que sirve únicamente de pretexto al autor para componer can­ciones y diálogos poéticos, en una atmósfera arcádica que convenía a su verso muy mu­sical y a sus empalagosas fantasías invero­símiles. La «fiel pastorcilla» es Cloris, que conoce las hierbas y hechizos para curar toda clase de enfermedades físicas y morales.

Ha jurado eterna fidelidad a su amigo muerto, y vive, casta, cerca de su tumba. El pastor Thenot se ha enamorado de ella, por su hermosura y su fidelidad; el sátiro del vecino bosque la venera como a una diosa. Otro pastor, Perigot, ama, corres­pondido, a una cierta Amoret, y es amado por Amarilis, a la que ofende cruelmente con sus negativas.

Cloe, pastorcilla inquie­ta y audaz, intenta seducir a Dafnis, pero pronto se fastidia por su extático candor y acoge con alegría las ofertas del más atrevido Alejo. Amarilis se asegura la com­plicidad del pastor Melancólico y se baña en una fuente mágica de la que sale con el semblante de Amoret.

Y con esta y otras complicaciones, todas las aventuras se en­trelazan, en una fantasmagórica serie de riñas, duelos, reconciliaciones, etc., alrede­dor del inmóvil personaje de Gloris. Obra muy artificiosa, célebre por su extrema ex­travagancia, La pastora fiel es todavía hoy apreciada por los expertos, a causa de la suavísima gracia de ciertos fragmentos lí­ricos.

L. Krasnik