El Pastor, el Rebaño y la Zampoña Desde el Himno a Satanás a la Laus Vitae, Enrico Thovez

[Il pastore, il gregge e la zampogna. Dall’lnno a Satana alia Laus Vita]. Es la obra más importante y orgánica, en prosa, de Enrico Thovez (1869-1925), publicada en 1910.

Consta de tres partes: en la primera, titulada «El pastor», combate el clasicismo amanerado, porque representa un anacro­nismo, un paso atrás frente a la reforma lírica leopardiana, que ya a principio de 1800 había unido la más severa dicción clásica a sentimientos y pensamientos com­pletamente modernos.

Carducci no supo captar el «germen de enseñanza progresiva oculto en la obra de Leopardi», puesto que su inspiración no es movida por un ideal humano universal, sino restringida a un ideal étnico y político que determinó una poesía de cultura, de imitación y de escuela, destinada a tener éxito en el género enco­miástico y celebrativo, pero no a alcanzar la cumbre de una lírica orgánica y univer­salmente humana.

En la segunda parte, «El rebaño», el autor se pregunta a sí mismo si D’Annunzio fue efectivamente un gran poeta. Su contestación es explícita: fue un prodigioso malabarista, un hombre provisto de un perfecto mecanismo mental y de muy refinado sentido estético; pero le faltaron corazón, alma y carácter.

De todos modos reconoce sus méritos artísticos cuando, sin superar los límites de su sensualidad ima­ginativa, alcanza nuevos y prodigiosos efec­tos de expresión, de visión fantástica y su­gestión sonora. La parte más importante del libro es indudablemente la tercera: «La zampoña», constructiva y lírica, en la que el autor nos expone su ideal poético.

Los primeros capítulos los dedica a los griegos, a los que evoca por su genio poético, su prodigiosa sencillez y su franca y ardiente humanidad. Y de la lírica griega parte para buscar las leyes de la moderna, examinando algunos poetas extranjeros que tradujeron la aspiración romántica de su siglo.

Rema­cha así las razones de su crítica contra la artificiosidad de la lírica de Carducci y de D’Annunzio, para volver a Leopardi como al único y verdadero gran exponente de la moderna lírica italiana; basándose en el verso libre de éste, nos explica las razones de su propia reforma rítmica, que aspira a liberar de las formas cerradas y de la rima a la poesía de sentimiento, la cual debe buscar leyes de más intrínseca musica­lidad.

La obra, que ocasionalmente peca de excesos de argucia juvenil y está limi­tada críticamente por un gusto demasiado exclusivo, lleva especialmente la huella de un carácter puro y de una segura fe en su ideal.

V. Lupo

El Pastor de Filida, Luis Gálvez de Montalvo

Novela pastoril de Luis Gálvez de Montalvo (15499-1591?), publicada en 1582. Es obra de gran interés y refleja en la historia literaria un avance hacia la novela cortesana propiamente di­cha.

En ella se narran los amores de Siralvo por Fílida, y de Mendino por Elisa. Como es frecuente en este tipo de obras, los nombres fingidos de los personajes encu­bren otros realmente históricos, y así es posible identificar no sólo a los héroes prin­cipales de la novela, sino a muchos otros que en ella aparecen.

En el «Canto de Erión», poema intercalado en el texto, se celebran las excelencias de las damas de la corte, que son citadas nominalmente, em­pezando por las princesas. La acción se desarrolla a orillas del Tajo, probablemente en las inmediaciones de Toledo y, aunque la convencionalidad del paisaje es idéntica a la de todas las obras de este género, algu­nas de las descripciones son verdaderamente interesantes y están bien logradas.

La prosa del conjunto está aliviada con frecuentes versos, bastante buenos algunos de ellos («¡Oh!, más hermosa a mis ojos/que el flo­rido mes de abril»), y aunque en ocasiones resulten ásperos y desiguales, las excelentes redondillas y versos cortos hacen olvidar las lagunas del resto. Es interesante tam­bién una égloga intercalada y representable, con ciertos rasgos de poesía realista, en que, con notable vigor, se describen algu­nas escenas de la vida rústica.

El estilo es amable y delicado, y el autor sabe huir del período largo y pesado que hubiera recargado excesivamente el tono de la novela; predomina en ella la cláusula de mediana extensión y no faltan verdaderos aciertos de construcción rápida y de vivaz intención.

A. Pacheco

Su ingenio era naturalmente conceptuoso, si vale la expresión; es decir, refinado y sutil, galante y amanerado. (Menéndez Pelayo)

Pastorales, Honoré de Beuil

[Les bergeries]. Dra­ma pastoril en cinco actos, del francés Honoré de Beuil, marqués de Racan (1589- 1670), publicado en 1625 y representado unos años antes con el título de Arthénice. Representa las peripecias de dos parejas de pastores que, después de muchas aven­turas, coronan su accidentado sueño de amor.

Protagonista es Arthénice, nacida bajo la protección de Diana, que, siendo todavía niña, fue prometida como esposa al pastor Lucidas. Ella ama por su parte a Tisimandre, a su vez amante de Idalia, que no le ama, porque prefiere a Alcidore, que muere de amor por Arthénice. La pri­mera en traicionar la voz del corazón es Arthénice, que, mostrándose más indulgente hacia Alcidore, suscita los celos de Lucidas.

De acuerdo con el mago Polisthène, Lucidas se cita con Arthénice junto a la choza de él, donde la niña encuentra a Tisimandre desesperado por la indiferencia de Idalia. Arthénice trata de ganarse al joven, espe­rando en vano sustraerle a su rival, cuando aparece Lucidas, que acompaña a la niña al antro del mago; éste, por medio de un espejo, le revela falsamente las intimidades de Alcidore y de Idalia.

Llena de dolor, Arthénice decide entonces retirarse con las muchachas consagradas al culto de Diana, y el rechazado Alcidore se refugia en la paz del convento. Pero cuando llegan a ella rumores de que Alcidore ha tratado de ma­tarse y que se halla en grave peligro de muerte, corre, turbada, hacia el joven; a la vista del amado, la muchacha no puede contenerse y se desvanece en los brazos de su padre, Silène.

Éste, turbado por la fuerza de la pasión de la muchacha, decide apresurar la boda de los jóvenes. Entre tanto, el padre de Idalia, al saber las im­puras e ilícitas intimidades de su hija y de Alcidore, quiere inmolar a Idalia en el altar de Diana.

Pero Tisimandre, vigilante, salva a la muchacha, que por fin es presa de un agradecido amor por el joven, y consiente en la boda. Hasta el último obstáculo creado por la oposición de Diana a los esponsales de Arthénice, por ser extranjero el esposo, queda por fin salvado, ya que Silène reconoce en Alcidore a un sobrino desapare­cido de niño durante una crecida del río.

Así, pues, al poeta no le resta más que celebrar la felicidad de los jóvenes pasto­res. La obra, en el desenvolvimiento y en las situaciones, es desmesurada e incohe­rente, pero Beuil logra hacerla viva con la sinceridad de su amor por la natura­leza, venciendo el frívolo convencionalismo del género pastoril, para llevar a la lite­ratura preciosa y mundana de su – tiempo una nota de aquel ingenuo naturalismo, que más tarde hallará pleno desenvolvi­miento en La Fontaine.

D. Zerboni

La Pastorcilla, Drimitinós

Idilio pastoril cretense, impreso por vez primera en Veneciá, en 1627, por Drimitinós de Apocorono (isla de Creta).

Se com­pone de 249 dísticos, formados por ende­casílabos que riman en pareados. Ha sido muchas veces reimpreso, y en varias islas del Egeo se encuentran ancianas iletradas que saben de memoria algunos fragmentos e incluso el poema entero, dando testimo­nio de una tradición oral. La lengua utili­zada es el dialecto occidental de Creta, en la forma que éste tenía hacia 1600. Un joven pastor encuentra a una bella pastora.

Se siente tan conmovido por su belleza que se desvanece. La muchacha le hace volver en sí y, fascinada por su juventud, lo conduce a la gruta que le sirve de habitación, en la que ella vive sola con su padre. Éste se halla temporalmente ausente.

Los dos jó­venes se cambian anillos de hojas y pasan algunos días felices, después de los cuales parte el pastor, quedando convenido que volverá al cabo de un mes. Pero una grave enfermedad lo retiene lejos, y la muchacha, creyendo que su amante la ha olvidado, entre tanto muere de dolor: Cuando el joven vuelve, al cabo de dos meses, encuentra vacía la gruta y oye de boca del padre el triste fin de la muchacha, que había falle­cido nueve días antes.

Desesperado, el pas­tor abandona el rebaño y la zampona, con­denándose a errar perpetuamente. Sólo lle­vará como compañero un cándido corderillo, que trajo consigo y que destinaba como re­galo a su amada.

El citado Drimitinós es sólo redactor del poemita, en el que resuenan ecos de la poesía pastoril italiana, pero que tiene méritos propios por la sencillez de la trama, por su frescura popular y por la desenvuelta versificación, que también deja sentir el influjo de los modelos italianos.

L. Lavagnini

Pastorales de Inglaterra, William Browne

[Britan­nia’s Pastorals]. Poema narrativo de William Browne (1591-1643), cuyo primer libro fue publicado en 1613, el segundo en 1616 y el tercero permaneció manuscrito hasta 1852. Se cuenta en ellos la historia de los amores de Marina, Redmond y Celand, pero la trama tiene poca importancia y sirve sólo de pretexto y de enlace para cantar las alabanzas y las bellezas de Inglaterra, y particularmente de Devon.

Hay cuadros de vida campestre, de verdadera y fresca naturalidad. Hay en este poema, en dísticos a veces artificiosos, una gran ca­pacidad para la observación de la natura­leza, que a veces está representada con feliz simplicidad, como en las descripciones de espectáculos naturales, cazas, conciertos de pájaros, etc. Browne se confiesa discípulo de Spencer, y no deja escapar ninguna ocasión de declararse su admirador; deriva también, aunque en menor grado, de Sidney.

A. Camerino