Abraham Bar Hiyya

Matemático hebreo, nacido en Barcelona a principios del siglo XII, en cuya primera mitad alcanzó gran renombre. Se le conocía también como el Rabbi Hayya y Abraham el español, y firmó algunas de sus obras con el seudó­nimo árabe de Sāhib al-Šurta (Sabasorda). Ejerció cargos públicos de algún relieve por cuyos servicios le fue concedido el título de Nasi (príncipe).

Gobernando Provenza un conde de Barcelona, nuestro autor se tras­ladó a aquellas tierras para dirigir su parti­ción entre los campesinos, lo que le indujo a escribir Tratado de agrimensura y álgebra en lengua hebrea, en la que escribió el resto de su vasta producción, entre la cual figu­ran Cálculo de los astros, tratado de astro­nomía; El libro de la Intercalación, tratado de cosmografía en el que compara el calen­dario hebreo con el árabe y el cristiano, ambos editados por Filipowki en Londres (1851); Tablas astronómicas; Fundamentos de la Sabiduría y torre de la fe; Meditación del alma, publicado en Leipzig en 1860; Forma de la tierra, que tradujo al latín Sebastián Monster, y Enciclopedia científica (v.).

Como traductor, colaboró con Platón de Tívoli, que vertía al latín obras árabes y judaicas. Su obra, ya como autor, ya en calidad de traductor, tuvo gran resonancia, puesto que dio a conocer en Europa la ciencia árabe, de la cual había extraído sus conocimientos.

J. R. Manent

Khaciadur Abovian

Nacido en 1804 en Kanaker; se ignora la fecha de su muerte. Después de haber asistido a la escuela del convento de Ecmiazin y al seminario Nerses de Tiflis, se unió como guía, en 1829, a una misión científica al Arara dirigida por el profesor Parrot, de la Universidad de Dorpat.

Este profesor se interesó por él, e hizo que se inscribiera en la Universidad de Dorpat, donde siguió cursos de cultura alemana, profesados por alemanes, aunque en territorio ruso, y así se formó en la cul­tura europea.

Se casó con una alemana, y durante su estancia en Dorpat escribió sus Recuerdos de juventud, dedicados a von Hachsthausen. Su naturaleza sentimental sufrió entonces de un modo profundo la influencia del romanticismo alemán, que se refleja en sus Poesías.

Vuelto a su pa­tria en 1836, topó con la desconfianza y la hostilidad de los elementos conservadores, alarmados ante sus ideas, y de los ambien­tes eclesiásticos, preocupados por su forma­ción en la escuela de los protestantes ale­manes.

No habiendo logrado por ello obte­ner una cátedra en el seminario de Ecmia­zin, aceptó del Gobierno el cargo de ins­pector de escuelas, hasta que consiguió fundar en Tiflis un instituto privado de enseñanza, y en este período (1840-41) es­cribió la novela Las heridas de Armenia (v.), su obra maestra, publicada en 1858, después de su muerte.

Su actividad didác­tica y literaria alcanzó en 1848 pleno reco­nocimiento por parte del Katholikos (má­xima autoridad religiosa armenia), que le nombró inspector del seminario de Tiflis. Fue visto por última vez el 26 de abril de 1848; desde entonces no se tuvo más noti­cias de nuestro autor. Por ello se supone que debió ser muerto por los persas o que acaso se suicidó.

G. Bolognesi

Edmond About

Nacido en Dieuze (Meurthe) el 14 de febrero de 1828, m. en París el 16 de enero de 1885. Asistió a la Escuela Normal Superior, y en ella fue condiscí­pulo de Taine, Sarcey y Prévost-Paradol; más tarde, a la Escuela de Atenas, y de su permanencia en Grecia trajo La Grecia contemporánea (1854, v.). También es de tema griego la novela Le roi des montagnes (1856).

Este autor armó mucho ruido por haber sido acusado de plagiario en su novela Tolla (1855). Escribió, además, El hombre de la oreja cortada (1862, v.); Madelon (1863), Le roman d’un brave homme (1880); pero alcanzó sus mayores éxitos con La nariz de un notario (v.) y con las novelas cortas Los casamientos parisienses (v.) y Los casamien­tos en provincias (v.).

Probó también fortu­na en el teatro con escaso éxito (Guillery, 1856; Gaetana, 1862). En 1871 fundó Le XIXe Siècle. Periodista brillante, bonapartista primero y más tarde republicano, pero siempre anticlerical (de 1859 data la Cues­tión romana [v.] y de 1860 Roma contempo­ránea [v.], en las que ataca al poder tem­poral), representó con gran sagacidad e ingenio la oposición al Segundo Imperio. Fue admitido en la Academia Francesa en el año 1884.

M. Pasquáli

Abercio

Obispo de Hierápolis en Fri­gia, en el siglo II, sólo conocido durante mucho tiempo por una Vida de carácter evidentemente legendario, redactada con toda probabilidad en el siglo V. Se refie­ren en ella muchos milagros obrados por él en Frigia y en diversas ciudades de Siria y de Mesopotamia.

El obispo se habría dirigido también a Roma para librar de un demo­nio a la hija del emperador Marco Aurelio. Antes de morir habría dictado un epitafio que debía ser grabado en su propia tumba.

El descubrimiento realizado por Ramsay, en 1881, en las ruinas de Hierápolis, de la estela de un tal Alejandro, del 216, que reproducía el Epitafio (v.), y en 1883 de dos fragmentos del Epitafio original, ha permitido compro­bar la realidad histórica del personaje y de su viaje a Roma.

Podría identificarse al autor con Avircio Marcello, a quien se dedicó un tratado antimontanista del que Eusebio cita algunos fragmentos. Esta posi­ble identificación y los caracteres de la inscripción permiten fecharla alrededor del último decenio del siglo II, suministrando así una base segura para datar otras ins­cripciones de Frigia.

Éstas pueden clasifi­carse en dos categorías: una, en la que la confesión de cristianismo es declarada y que puede considerarse montañista; otra, católica, en la que la profesión cristiana aparece velada y que recuerda por ello el lenguaje plenamente simbólico del Epi­tafio citado.

Niels Henrik Abel

Nacido en Findö el 25 de agosto de 1802; m. en Froland, cerca de Arendal, el 6 de abril de 1829. De 1821 a 1825 asistió a la Universidad de Cristianía; pero fue ante todo un autodidacto, estudiando principalmente las obras de Euler y de Lagrange.

En 1825 obtuvo una beca bienal de estudios en el extranjero. Perma­neció seis meses en Berlín, donde trabó amistad con Crelle, que publicaba por en­tonces su conocido periódico de matemáticas, el Journal de Crelle, y que imprimió diversos trabajos suyos.

De allí marchó a Friburgo, donde inició sus brillantes investi­gaciones acerca de las funciones elípticas, que constituyen uno de los mayores méritos de este autor, y a continuación a París, donde residió hasta diciembre de 1826.

Pero aquí le faltaron los apoyos que había tenido en alemania, especialmente por parte de Cauchy, tanto que una de sus memorias más im­portantes, Sur quelques propriétés générales d’une certaine sorte de fonctions trascen­dentes, que Cauchy habría debido presentar a la Academia de Ciencias, quedó largo tiempo olvidada.

Dicho trabajo no se pu­blicó hasta 1841 a instancias de Jacobi y a consecuencia de la presión que ejerció Holmboe, que había sido profesor de A. y que reconoció sus méritos publicando sus trabajos: Œuvres complètes de N. H. Abel, par Holmboe, 2 vols., Cristianía, 1839 (v. Investigaciones sobre las funciones elípticas).

En diciembre de 1826, A. abandonó Paris y, tras una breve estancia en Berlín, regre­só a su patria en la mayor indigencia. Algu­nas clases que allí obtuvo le permitieron vivir difícilmente. La obra de A. es fun­damental en la matemática del siglo XIX.

Cultivó la rama del análisis matemático re­ferente a la teoría de las funciones multiperiódicas o trigonometría superior. Su nom­bre ha quedado vinculado, juntamente con el de Jacobi, a uno de los más importantes descubrimientos en dicho campo: ambos ma­temáticos llegaron a las funciones «theta», que constituyen una parte importante de las funciones elípticas.

A. estudió también por primera vez ciertas entidades matemáticas que fueron llamadas más tarde «funciones abelianas» y cuya teoría ha sido investigada por muchos estudiosos modernos. El teore­ma en que demuestra sus proposiciones fue calificado por Lagrange de «monumentum aere perennius».

Descubrió, además, un cri­terio en el campo de las series y demostró por primera vez el teorema relativo a la imposibilidad de formas resolutivas para las ecuaciones de 5.° grado, teorema enunciado por primera vez en 1798 por Pablo Ruffini. Los méritos de A. fueron reconocidos demasiado tarde, cuando él había muerto ya. a la temprana edad de 27 años y en la más absoluta miseria.

R. Fedriani