Abū-L-Baqā’ Salih

Poeta hispanoára­be que floreció en el siglo XIII, famoso por su Qaşīda (v.) que ha llegado hasta nos­otros, en la que con motivo de la caída de Córdoba y Sevilla en poder de San Fer­nando, profetiza en bellos versos la cercana consunción del poder musulmán en España.

Don Juan Valera tradujo el poema de nues­tro autor, adaptado al mismo método de pie quebrado empleado por Jorge Manrique en sus famosas coplas a la muerte de su padre, de lo cual quedó evidenciado un sorprendente parecido entre dichas coplas y la obra del poeta árabe, que invitaba a deducir si el poeta castellano se había ins­pirado directamente en el hispanoárabe.

No obstante, no se ha hallado el menor indicio de que Jorge Manrique conociera la len­gua árabe, por lo cual debe desecharse toda idea de imitación o plagio deliberado.

J. R. Manent

Abū-L-Fidā’

Historiador y geógrafo árabe, nacido en Damasco en 1273, m. en Hamat el 26 de octubre de 1331. Pertenecía a una rama lateral de la dinastía de los eyubitas y era sobrino del príncipe de Hamāh.

Educado en el ejercicio de las armas, combatió con su tío contra los cruzados; más tarde, a la muerte del príncipe, pasó al servicio de los mamelucos de Egipto, de quienes obtuvo en 1310 el principado de Hamat.

Mantúvose en este cargo en años sucesivos, ganando títulos y honores y me­jorando el estado de la ciudad mediante nuevas construcciones. Atendía al mismo tiempo a sus trabajos literarios, en los que se distinguió por la concepción de la his­toria, universalista en él tiempo, analista y cronicista en el contenido, que fue propia de los árabes.

Su Compendio de la historia de la Humanidad [Mukhtasar tarikh al-bashar] fue considerado de gran importancia en Europa, hasta que la publicación de los anales de Ibn al-Athir, de los cuales cons­tituye en gran parte un epítome, y más aún de los de Tabari, le restaron mucho inte­rés.

La concepción enciclopédica, caracte­rística de su cultura, general entonces, le indujo a ocuparse también de geografía, describiendo analíticamente en Taqwīm al- buldān (v.) los países conocidos en su tiempo. Fue espíritu escasamente original, pero serio y paciente recopilador de noti­cias.

S. Moscati

Pedro Simón Abril

Humanista y gra­mático español. N. en Alcaraz (Albacete) en 1530?, m. en 1595? Maestro de Gramática en Tudela, en Alcaraz (1578) y en la Uni­versidad de Zaragoza (1583) por espacio de más de veinte años.

Contribuyó mucho a extender el gusto por el estudio de las len­guas antiguas. Tradujo las Seis comedias de Terencio, epístolas y discursos de Cice­rón, algunos diálogos de Platón, la Medea de Eurípides, Aristófanes, Esopo y las obras completas de Aristóteles.

Escribió una Gra­mática griega y un tratado de lengua la­tina. En el Apuntamiento de cómo se deben reformar las doctrinas y la manera de ense­ñarlas expone su método pedagógico, que se basa en la claridad, la facilidad y la sen­cillez. Sostenía la conveniencia de enseñar las ciencias en lengua vulgar.

Abū-L-Atāhiya

Nacido. en Kufa en 748, m. en Bagdad en 826. Su verdadero nombre era Ismail ibn al-Qāsim, y Abū-l-Atāhiya es sólo un sobrenombre («el loco», o quizá mejor «el pisaverde, el elegante»).

De hu­milde origen, y no de sangre árabe pura, medró en el Irak bajo los primeros cali­fas abasidas, haciendo prontamente un oficio de la poesía. Su producción juvenil, dedi­cada sobre todo al amor, fue olvidada por el tipo de poesía que llegó a constituir su especialidad en la edad adulta, es decir, la poesía ascética y sentenciosa (v. Dīwān).

En un lenguaje sencillo y muy próximo al habla popular, que lo distinguía del estilo convencional y artificioso empleado por la mayor parte de los poetas contemporáneos, puso en verso los tópicos de la ascesis oriental, la caducidad de la vida, la inevitabilidad de la muerte que todo lo nivela y acaba, los horrores de la descomposición del cuerpo la contrición del pecador y la esperanza en la misericordia divina.

Coin­cidían en estos temas la piedad musulmana y la cristiana, y la poesía de nuestro autor es por ello la menos específicamente mu­sulmana, la más conforme a un módulo general de sentenciosidad y ascetismo inter­confesionales. Es significativa, a este res­pecto, la popularidad que alcanzó este poeta en el ambiente árabe-cristiano.

Desde el punto de vista literario, la claridad de su lenguaje y su preferencia por la métrica postclásica hacen de este poeta una de las más interesantes figuras de la primera poesía abasida.

F. Gabrieli

Abū Ishāq Ibrāhim de Elvira

(llamado Ibrahim b. Masud b. Said al-Tuchibí, y tam­bién al-Ibiri, cuya kunia es Abū Ishāq). Nacideo en la arruinada ciudad de Elvira a últimos del siglo X, de noble familia perteneciente a la tribu de los Tuchib; m. en 1066.

Tuvo varios mentores, entre los cuales se distin­gue Ibn Abi Zamanin, el padre. En el 401 de la hégira (1010) se trasladó a Granada, la nueva capital ziri, una corte todavía ruda y muy lejos de ser la ciudad refinada que sería’ más tarde y en la que los prín­cipes reinantes, no fiándose de los árabes descontentos ni de los primitivos bereberes, habían entregado los asuntos de la administración a manos de los judíos, sobre todo de la familia Banu Negrella, con grave es­cándalo de la nobleza árabe, que veía bur­lada la ortodoxia musulmana con aquella inusitada privanza única en la historia de al-Andalus, y aun en toda la Edad Media.

Tales circunstancias políticas determinaban en Granada un ambiente de odios y ren­cores mal contenidos que se reflejan en toda la obra de este autor, que no es un poeta de amor, sino un poeta ascético, duro, fanático y sobre todo antisemita.

Sin em­bargo, A. I. debió verse obligado a con­temporizar durante algún tiempo con los odiados hebreos por cuanto ingresó como jatib o secretario de Abul-Hassan Abid Muhamet ibn Tawba, famoso cadí de Gra­nada bajo el reinado del príncipe Habus.

Por entonces, nuestro poeta simultaneó su empleo con la enseñanza de la obra de su famoso maestro Abi Zamanin y de la suya propia. En el año 448 de la hégira (1057). murió el gran visir judío Šĕmuel ha Nagid ibn Negrella, hombre al que incluso sus ene­migos los árabes reconocían dotes de man­do, y a poco, dos años después, en el 450 (1058) lo hizo ibn Tawba.

Sin las ataduras morales que lo contuvieran, A. I. dio de nuevo rienda suelta a su antisemitismo en forma de furibundas poesías, lo que motivó que el príncipe Habus lo desterrara a su nativa Elvira, mientras nombraba gran visir al judío José ibn Negrella, hijo del anterior favorito, pero carente de sentido de pon­deración y equilibrio de su padre.

Cum­plido el castigo y vuelto a la capital, A. I. encontró a Granada en plena efervescen­cia; el descontento de árabes y bereberes contra José ibn Negrella había llegado al paroxismo; sólo faltaba la tea que pren­diera el fuego, y fue ésta la famosa qaşīda política que lanzó a los cuatro vientos nues­tro poeta, en la que excitaba al pueblo Sinhacha contra el privado judío y contra todos los de su raza.

Su resultado fue el famoso «programa» granadino del 9 de asfar del año 459 de la hégira (30-XII-1066), en el que fueron asesinados José ibn Negrella y otros tres mil hebreos. En aquel mismo año fallecía nuestro autor, cumplidos los setenta años (v. Dīwān).

J. R. Manent