Abū Ishāq Ibrāhim de Elvira

(llamado Ibrahim b. Masud b. Said al-Tuchibí, y tam­bién al-Ibiri, cuya kunia es Abū Ishāq). Nacideo en la arruinada ciudad de Elvira a últimos del siglo X, de noble familia perteneciente a la tribu de los Tuchib; m. en 1066.

Tuvo varios mentores, entre los cuales se distin­gue Ibn Abi Zamanin, el padre. En el 401 de la hégira (1010) se trasladó a Granada, la nueva capital ziri, una corte todavía ruda y muy lejos de ser la ciudad refinada que sería’ más tarde y en la que los prín­cipes reinantes, no fiándose de los árabes descontentos ni de los primitivos bereberes, habían entregado los asuntos de la administración a manos de los judíos, sobre todo de la familia Banu Negrella, con grave es­cándalo de la nobleza árabe, que veía bur­lada la ortodoxia musulmana con aquella inusitada privanza única en la historia de al-Andalus, y aun en toda la Edad Media.

Tales circunstancias políticas determinaban en Granada un ambiente de odios y ren­cores mal contenidos que se reflejan en toda la obra de este autor, que no es un poeta de amor, sino un poeta ascético, duro, fanático y sobre todo antisemita.

Sin em­bargo, A. I. debió verse obligado a con­temporizar durante algún tiempo con los odiados hebreos por cuanto ingresó como jatib o secretario de Abul-Hassan Abid Muhamet ibn Tawba, famoso cadí de Gra­nada bajo el reinado del príncipe Habus.

Por entonces, nuestro poeta simultaneó su empleo con la enseñanza de la obra de su famoso maestro Abi Zamanin y de la suya propia. En el año 448 de la hégira (1057). murió el gran visir judío Šĕmuel ha Nagid ibn Negrella, hombre al que incluso sus ene­migos los árabes reconocían dotes de man­do, y a poco, dos años después, en el 450 (1058) lo hizo ibn Tawba.

Sin las ataduras morales que lo contuvieran, A. I. dio de nuevo rienda suelta a su antisemitismo en forma de furibundas poesías, lo que motivó que el príncipe Habus lo desterrara a su nativa Elvira, mientras nombraba gran visir al judío José ibn Negrella, hijo del anterior favorito, pero carente de sentido de pon­deración y equilibrio de su padre.

Cum­plido el castigo y vuelto a la capital, A. I. encontró a Granada en plena efervescen­cia; el descontento de árabes y bereberes contra José ibn Negrella había llegado al paroxismo; sólo faltaba la tea que pren­diera el fuego, y fue ésta la famosa qaşīda política que lanzó a los cuatro vientos nues­tro poeta, en la que excitaba al pueblo Sinhacha contra el privado judío y contra todos los de su raza.

Su resultado fue el famoso «programa» granadino del 9 de asfar del año 459 de la hégira (30-XII-1066), en el que fueron asesinados José ibn Negrella y otros tres mil hebreos. En aquel mismo año fallecía nuestro autor, cumplidos los setenta años (v. Dīwān).

J. R. Manent