Aristarco de Samos

Astrónomo griego que vivió aproximadamente entre el 310 y el 230 a. de C. Perteneció a la escuela de Alejandría, adonde, después de la época de Aristóteles, se había trasladado desde Grecia el centro de los estudios bajo Alejandro el Grande, alrededor del 332 a. de C.

Realizó  observaciones astronómicas, como la refe­rente a los solsticios, y es famoso por haber sido de los primeros en sostener, juntamente con Heráclides Póntico, la opinión del mo­vimiento diurno de la Tierra en tomo a su eje, al mismo tiempo que giraba alrededor del Sol inmóvil en el centro del mundo, y asimismo defendió la tesis de que la Tierra gira alrededor del Sol siguiendo el círculo oblicuo del Zodíaco, de modo que la inclinación del eje rotatorio de la Tierra con respecto al plano de dicho círculo ex­plicaba las variaciones de las estaciones (v. Hipótesis).

Fue acusado de impiedad por Clemente Estoico «por haber turbado el reposo de Hestia», es decir, de la Tierra, considerada entonces por la mayoría como el centro del Universo. Aristarco había adelantado la hipótesis de que el Sol fuera mucho mayor que la Tierra, y estimó que su diá­metro sería unas siete veces mayor y su volumen unas trescientas veces, llevándole esto a pensar que la Tierra, siendo más pequeña, debía girar en torno a la «lumi­naria del Universo».

A. ideó, además, un método para determinar las distancias rela­tivas del Sol y de la Lima, que geométrica­mente es correcto y genial, pero con el que no se consiguen resultados aceptables dada la poca precisión de las observaciones de Aristarco, llevadas a cabo sin instrumentos.

G. Abetti

Arístides Ateniense

Apologeta del si­glo II, autor de una Apología (v.) para los cristianos, de la que queda el testimonio de Eusebio, considerada después como per­dida hasta su hallazgo a finales del si­glo XIX: de la inscripción de la versión siria descubierta por R. Harris en 1889, se deduce el origen ateniense de Arístides  y el des­tinatario de su apología, que era el empe­rador Adriano (según otros, Antonino Pío). No poseemos ninguna otra noticia sobre su vida.

G. C. Martini

Helio Arístides

(Publio Helio Arístides Teodoro Eudemón). N. en Adriani (Misia) en 117 o 129 d. de C., m. en 189; fue el más célebre sofista de su siglo. Estudió en Pérgamo y en Atenas, viajó largo tiempo por Egipto y tuvo escuela en Asia Menor y en Roma.

En el 156, durante un viaje, cayó enfermo en Esmirna, enfermedad que padeció muchos años. Quedan de él 55 dis­cursos, que comprenden simples ejercicios, varias Oraciones sacras, elogios al empera­dor, el célebre Encomio de Roma (v.), el Panatenaico (v.), sobre la historia y gran­deza de Atenas, y una Monodia, a Esmima, compuesta después del terremoto que des­truyó esta ciudad en 178.

En las obras de Arístides, redactadas en el más puro estilo ático, culmina la elocuencia de la segunda es­cuela, de sofistas.

F. Codino

Cesare Arici

Nacido en Brescia el 2 de ju­nio de 1782, m. el 2 de junio de 1836 en su ciudad natal, donde residió de una manera constante. Realizados los estudios de dere­cho, ejerció durante algún tiempo de escri­bano; pero su nombramiento de profesor en el Liceo de su ciudad, cambió por com­pleto su vida.

Como poeta, se había reve­lado ya en 1805 con un poema didáctico: La coltivazione degli olivi. En 1810 escribió el segundo poema didáctico, Il corallo, al que siguió, cuatro años más tarde, La pastorizia, el más inspirado juntamente con L’origine delle fonti. Aparece evidente en todos estos poemas su carácter mimético: resuenan en ellos frecuentemente Parini, Monti y Foscolo.

Sin embargo, el supremo modelo de A. fue constantemente Virgilio, al que tradujo totalmente al italiano. Con­secuente siempre con su natural mimetismo, intentó con escasa fortuna la épica y los himnos. Su más auténtica inspiración es idílica y campestre, y por ella fue admi­rado por los mejores de sus contemporá­neos. Son notables también sus poemas en versos libres Il viaggio malinconico y Sirmione (v.).

C. Falconi

Giovanni Sabadino degli Arienti

Nacido a mediados del siglo XV (se ignora la fecha exacta) en Bolonia, m. en la misma ciudad en 1510.

Escribano público y secretario du­rante muchos años de Andrea Bentivoglio, señor de su ciudad, frecuentó también la corte de Este en Ferrara, donde en 1491, a la muerte de su protector, abrió despacho y recibió en los últimos años de su vida el cargo de corresponsal y consultor lite­rario de Isabel de Este Gonzaga.

Terminada en 1468 la redacción de 61 cuentos, los imprimió en Bolonia en 1483, con el título de Las porretanas (v.); en ellos imagina tomar parte en cinco jornadas transcurridas en 1475 en los baños de la Porretta, lugar de cura y distracción, donde se exhiben caballeros y damas de la corte de su duque.

Los cuentos, narrados según el esquema tradicio­nal dado por Boccaccio, refieren hechos y episodios de la vida boloñesa de su tiempo, entre los que intercala bromas y procaci­dades, y que carecen casi siempre de trama y de ímpetu narrativo.

No inferiores, aun­que menos conocidos, son los 33 retratos, escritos según el modelo de las Mujeres ilustres (v.) de Boccaccio, en los que narra la biografía de mujeres famosas en la his­toria y en la leyenda: desde la Doncella de Orleáns hasta la condesa Matilde de Toscana, desde Ippolita Sforza hasta Ginevia Sforza Bentivoglio, cuyo nombre da tí­tulo a la obra: Gynevera, de le clare donne.

Habiendo quedado inéditas hasta 1888, fue­ron publicadas por Cornelio Ricci y Anto­nio Bacchi della Lega. También es autor de una Vita di Andrea Bentivoglio e incluso se le atribuye una Historia di Piramo e Tisbe, extraída de Ovidio y todavía inédita. Más que como novelista, A. interesa por el preciso testimonio que da de la sociedad y la cultura de Bolonia y Ferrara en la se­gunda mitad del siglo XV y por su lenguaje, al mismo tiempo docto y popular, aunque elaborado con escasa originalidad artística.

G. Titta Rosa