Franz von Baader

Nacido el 27 de marzo de 1765 en Munich, donde m. el 23 del mismo mes de 1841. Luego de haber estu­diado medicina, ciencias naturales y téc­nica en dicha ciudad y en Ingolstadt, fue nombrado director de minas de Baviera y profesor honorario de filosofía y teología especulativa en la Universidad de Munich.

Aun cuando sin alejarse del catolicismo ni oponerse a la teología católica, procuró, empero, introducir en su doctrina y en sus enseñanzas ideas procedentes de su conoci­miento de la ideología de Schelling y de los místicos alemanes, singularmente de Jakob Bohme.

Fue un autodidacto y un soli­tario, y no llegó — ni tampoco lo preten­día — a formular un sistema filosófico pro­pio: juzgaba más útil suscitar el afán de conocer, en la seguridad de que nuestra ciencia no es sino un reflejo de la divina (v. Fermentos de conocimiento). S

e interesó también por las relaciones de la filosofía de Hegel con la fe cristiana: Revisión de los filosofemas de la escuela hegeliana [Re­visión der Philosophemen der hegelschen Schule]. En Lecciones sobre la dogmática especulativa (v.) ofreció una clara expo­sición de sus ideas religiosas.

G. V. Amoretti

Mariano Azuela

Escritor mexicano n. en Lagos de Moreno (Jalisco) en 1873 y m. en 1952. Es la primera figura de la nove­lística mexicana en la primera mitad del siglo XX.

De formación universitaria (mé­dico), se incorporó a la revolución de 1910 y estuvo expatriado en los Estados Unidos de 1915 a 1917; de orientación liberal y am­plia cultura, sus ideas no le impidieron ser lo que fue: un narrador objetivo y un pro­fundo observador; un artista en cuyas manos los hechos se jerarquizan con arreglo a su significación y verdad.

Fue esencial­mente novelista; sus aspectos de autor dra­mático (también algunas novelas suyas han sido adaptadas para el teatro posteriormen­te) y de crítico (Cien años de novela mexi­cana, 1947) son secundarios.

Su trayectoria como novelista tiene tres etapas perfecta­mente definidas: la primera nos presenta al narrador realista que parece prepararse para la etapa revolucionaria en María Luisa (1907), Los fracasados (1908) y Mala yerba (1909, v.).

En la segunda surge el escritor vigoroso, profundo, maestro de un neonaturalismo de características singulares en el que la interpretación psicológica objetiva está por encima de las ideas y las orienta­ciones políticas; obra maestra de esta etapa es Los de abajo (1916, v.), motivo determi­nante del Premio Nacional de Literatura con que fue galardonado su autor en 1949; pero también son trabajos de primer plano La malhora (1925), La luciérnaga (1930) y Pedro Moreno el Insurgente (1933), que cie­rra este espléndido y fecundo período del gran novelista e inicia el siguiente.

La ter­cera etapa de Azuela es más costumbrista y social, influida a veces por las corrientes de última hora, pero más serena y personal, quizá menos objetiva, y desemboca en Sen­das perdidas (1949) y en La maldición (1955, pòstuma).

Otros títulos de obras suyas son: Los caciques, Las moscas, El camarada Pan- toja, Las tribulaciones de una familia de­cente, Nueva burguesía, Regina Lauda, Avanzada, Andrés Pérez, maderista, Sin amor, Los precursores, San Gabriel de Val­divia, La mar chanta y La mujer domada. Artista conciso y vigoroso, que escribía so­bre temas reales para desahogarse, como él mismo nos confiesa, Azuela es un novelista nacional de perfiles continentales.

J. Sapiña

Aloisio Azevedo

Nacido el 14 de abril de 1857 en Sao Luis (capital del estado de Maranháo) en Brasil, m. el 21 de enero de 1913 en Buenos Aires. Es uno de los más notables representantes de la literatura naturalista brasileña.

Hijo de un portugués, vicecónsul en Maranháo, y de una brasi­leña, se dedicó muy joven al comercio, que abandonó más tarde para dedicarse al es­tudio. Aspiraba a señalarse en la pintura y recibió las primeras enseñanzas de este arte, en la ciudad natal, de un italiano, Domenico Tribusi. Muerto éste, marchó a Río de Janeiro, donde se dio pronto a cono­cer cuando asistía a la escuela de Bellas Artes como caricaturista.

Volvió a Sao Luis en 1879, a la muerte de su padre, e intentó inútilmente obtener una beca de estudio para Italia, mientras iniciaba y desarrolla­ba la actividad literaria con la colaboración en varios periódicos y con las primeras no­velas.

Vuelto a Río en 1881, cansado de desempeñar oscuros empleos en la capital y en el Estado, sin interrumpir su activi­dad literaria (en 1885 publicó su novela más interesante, El hombre, v.) y mante­niendo agrias polémicas, sobre todo con el clero, entró en la carrera diplomática; reco­rrió el ancho mundo, de España a Italia, del Japón a la Argentina, con lo que pudo satisfacer las exigencias de su temperamen­to inquieto y exuberante.

Recordemos de Azevedo, además, las novelas O mulato, Urna la­grima de mulher, Mysterio de Tijuca, a las que el tiempo no ha quitado todavía su lozanía.

G. C. Rossi

Prospero (Luigi) Taparelli d’Azeglio

Nacido el 24 de febrero de 1793 en Turín, m. el 21 de septiembre de 1862 en Roma. Her­mano mayor de Massino d’Azeglio, dejó a éste los privilegios del título nobiliario y entró en 1814 en la Compañía de Jesús, que había sido restablecida hacía poco por Pío VII, cambiando su nombre de bautismo de Próspero por el de Luigi.

Aunque de delicada salud, se dedicó por completo a los estudios y a su actividad eclesiástica; todavía joven, en 1820, fue nombrado rector del Colegio Romano; enseñó más tarde en Nápoles y en Sicilia, en el Colegio Máximo: de este período siciliano (1843) es el Ensayo teorético de derecho natural apoyado sobre los hechos (v.) que, impreso en varias edi­ciones, dio a conocer a su autor y confirmó su fama en los estudios jurídicos y filosó­ficos.

Fue llamado a Nápoles en 1850 para dirigir la Civiltà cattolica, fundada enton­ces allí, y hasta su muerte fue su animador y su más distinguido colaborador en el campo de la filosofía social. El objetivo de Azeglio consistía en conciliar los dictámenes de la Iglesia con las disciplinas jurídicas que en aquel tiempo, como la economía polí­tica, comenzaban a asentarse en el plano de la vida social.

Sin embargo, aunque en los primeros tiempos Azeglio pareció inclinarse al movimiento neogüelfo, adoptó en seguida •una posición decididamente opuesta a cual­quier expresión de liberalismo, criticando sus principios y sus aplicaciones y postulan­do un retomo a los principios tomistas, de los cuales fue decidido defensor.

Entre los escritos de Azeglio, contenidos en su mayor parte en la Civiltà cattolica, son dignos de re­cuerdo el Examen crítico de los regímenes representativos de la sociedad moderna (1854, v.) y Chiesa libera in libero Stato (1862). Su ingenio versátil le llevó también a ocuparse de bellas artes, de pintura y de música, donde se distinguió por el in­vento de un nuevo instrumento que él llamó «violicémbalo».

P. Fadda

Alvares de Azevedo

Poeta brasileño de la escuela romántica, n. en Sao Paulo el 12 de septiembre de 1831, m. prematura­mente en Río de Janeiro el 25 de abril de 1852, a los veintiún años, a consecuencia de una tuberculosis galopante.

Fue un genio precoz cuya creación literaria hubo de coin­cidir con sus años universitarios y a quien su corta vida no impidió legar a la poste­ridad una producción, si no muy abun­dante, sí suficiente para dejar patente su notable calidad, muy personal, aun cuan­do en ella afloran las influencias de Musset, Heine, Hoffmann, Leopardi, Espronceda y Byron, de todos los cuales vino a ser una réplica brasileña.

Inicialmente publicó sus escritos en Ensaios Litterarios de Athenen Paulista, revista que se editaba en Sao Pau­lo; y sus inquietudes en pro de las letras le llevaron a ser fundador de la sociedad académica , Ensaio Philosophico Paulitano.

Sus obras son: Lira de veinte años (v.), su obra maestra, formada por una colec­ción de poemas líricos donde alcanza su más alta y singular inspiración; O poema de frade, Poesías diversas y Spleen echarutos.

También fue maestro en prosa, como lo evidenció en Cartas; Análisis crítico del poema Robla, de Musset; Análisis crítico de Aldo, de George Sand; diversos discursos académicos y oraciones fúnebres; Comenta­rios a Lucano; una carta en la que analiza el teatro brasileño; Puff, acerca de la litera­tura dramática; Macario, composición filo­sófica; los cuentos A noite na Taberna, donde más clara se muestra la influencia de Byron, y Estudios Literarios, comenta­rios a la literatura portuguesa.

A su muer­te, muy sentida en el Brasil, sus obras com­pletas fueron editadas en tres volúmenes en Río de Janeiro.

J. R. Manent