Varias, Aurelio Casiodoro

[Variae]. Célebre colección de cartas redactadas en latín, en parte por or­den de Teodorico, por su ministro Aurelio Casiodoro (490-583?), en doce libros [Variarum libri XII] y publicadas por el mismo autor en el año 537; el título indica la va­riedad de los asuntos políticos.

Los prime­ros cinco libros contienen los rescriptos de Teodorico; el VI y el VII, fórmulas de can­cillería, que son el primer modelo y sirvie­ron de ejemplo a todos los formularios me­dievales; los libros VIII y IX recogen los rescriptos de Atalarico; el X, los de Amalasunta, Teodato, Gudelina, Vitica; el XI y el XII los del propio Casiodoro en su calidad de prefecto del pretorio. Dadas ya a conocer por las publicaciones a cargo de Forenierius (París, 1574) y sobre todo por Mommsen en los Monumenta Germaniae Histórica (v., 1894), constituyen la fuente más impor­tante para la historia del siglo VI, y ponen de manifiesto la excepcional figura de Ca­siodoro en sus funciones de ministro del grande y discutido rey ostrogodo. La obra aporta una preciosa documentación sobre toda la compleja vida política y social de la Italia de su tiempo, tanto en las relacio­nes con otros pueblos como en los delicados contactos internos entre la población y la jerarquía militar, entre el viejo orden latino y el nuevo régimen bárbaro.

Un interés particular ofrecen las cartas que tratan de las difíciles relaciones con el emperador Zenón, y de la convivencia entre romanos y germanos y de modo particular entre godos e italianos. La obra, no obstante su lenguaje retórico adornado de elegancias escolásticas, demuestra un preciso sentido de la realidad, sobre todo en las considera­ciones de orden jurídico. Por ello constituye hoy el más vivo testimonio del grande y generoso proyecto de Teodorico y de su ministro de crear una sociedad nueva latino- germánica que, bajo el signo de la antigua Roma, estrechase los lazos del Occidente frente a las ambiciones hegemónicas del Imperio bizantino. Al poner de relieve la importancia de Teodorico en la civilización europea del siglo VI, estas Variae nos ex­plican en cierto modo el enorme prestigio de la figura del rey en la opinión popular de los siglos y en la leyenda.

C. Cordié

Varia Fortuna del Soldado Píndaro, Gonzalo de Céspedes y Meneses

Novela del autor español Gonzalo de Céspedes y Meneses (15859-1638), obra que al decir de los críticos significa el punto de transición entre la novela picaresca y la de aventuras. Lo fundamental de la obra son los «lances de amor y fortuna» del va­gabundo protagonista, lo genuinamente de aventura, mezclado a veces con las situaciones tópicas de la novela picaresca.

Alguna de sus escenas posee gran relieve, como la de la tormenta en la campiña, que tiene un sabor casi romántico. En esta novela se confunden el plano real con el sobrenatural y esto le proporciona un interés extraordi­nario; así las ventanas con bellas jóvenes que desaparecen a los ojos del soldado, y cuando este mismo se encuentra encerrado en un cuarto y tiene efecto la aparición de un «espantoso hombre». He aquí el pasaje: «estando en Granada el capitán Alonso de Céspedes, disponiéndose a salir contra los moriscos sublevados en las Alpujarras, acu­dió a la cita amorosa que le había dado una tapada, yendo hasta el cementerio in­mediato a la iglesia de San Cristóbal, en las afueras de la ciudad; vio en una ventana dos hermosas mujeres, subió por una cuerda y apenas entró en la misteriosa casa se juntó la pared con estrépito, sin dejar señal de puertas, mujeres ni cosa alguna.

Los muros y el suelo estaban revestidos de paños negros, y en medio, sobre un túmulo, se alzaba un ataúd tapado con negra tela y alumbrado con cirios. Céspedes, antes de buscar salida, quiso saber lo que guardaba el ataúd; apenas levantó la tela vio que salía de él, dando alaridos, un hombre en figura horrible, cubierto de heridas: era el varón Ampurde, a quien el capitán Céspedes, cegado de cólera, había matado en París un año antes, sin tener en cuenta que le pedía la vida, o al menos tiempo para con­fesarse». Nos muestra este episodio la in­ventiva del autor, su habilidad en dar vida y expresión a los personajes.

Variaciones Sinfónicas, César Franck

[Variations symphoniques]. Composición para piano y orquesta, estrenada en París en 1885. Figura entre las obras más signi­ficativas de la producción pianística de César Franck (1822-1890), de suma importan­cia en la actividad del gran músico belga, junto con el Preludio, coral y fuga (v.) y el Preludio, aria y final, para piano solo, con Les Djinns para piano y orquesta y con la Sonata para violín y piano (v.). Pero mientras el citado concierto para piano y orquesta, Les Djinns, inspirado en una de las Orientales (v.) de Victor Hugo, repre­senta una realización tan sólo aproximada de las intenciones del» autor, deseoso de confiar al piano un papel que, libre de ex­terioridades solistas, predomine, sin em­bargo, en la estructura de la composición, en las Variaciones sinfónicas el problema cabe decirse que queda resuelto en este as­pecto.

Un constante y feliz equilibrio en la distribución de la materia musical, entre el piano y la orquesta, va acompañado aquí de la perfección de la forma, que es la misma de las «variaciones» amplificadoras de que Beethoven había ofrecido ejemplos magistrales y a las que Franck sabe dar un sello personal. El diálogo entre el solista y la orquesta se mantiene siempre vivo, variado y expresivo; la sucesión de los epi­sodios se produce sin rellenos instrumenta­les o virtuosistas; desde el comienzo a la conclusión esta obra se desenvuelve en una atmósfera intensamente sugestiva, como magnífico ejemplo de la posibilidad de ob­tener, en una forma como la del «concierto», en la que parece obligada una cierta apa­riencia externa, la comprensión y la apro­bación por parte del público sin rebajarse a concesión alguna, sino más bien mante­niéndose fiel a la propia estética y al pro­pio credo artístico.

L. Córtese

Variaciones Goldberg, Johann Sebastian Bach

[Goldbergsche Variationen]. El verdadero título de esta composición de Johann Sebastian Bach (1685-1705) es Aria con diversas variacio­nes para clave de dos teclados. Fue pu­blicada en 1742.

Es una de las obras más notables del gran maestro de Eisenach; consta de un tema en forma de «sarabanda» y fue escrita para su discípulo Goldberg por expreso deseo del conde Kayserling, embajador de Rusia. Kayserling, protector de Goldberg, padecía de insomnio y pasaba las noches escuchando música: Bach se aplicó, pues, a escribir una obra de grandes proporciones con el intento de ofrecer a aquel señor un largo pasatiempo y una distracción placentera. Le resultó una obra de inmenso valor artístico, con más de una anticipación al gusto musical que hallará desarrollo muchos años después en los compositores románticos.

Esta obra requiere una grandísima preparación por parte del ejecutante, el cual, para una exacta repro­ducción de aquel trabajo, deberá servirse únicamente del instrumento requerido por Bach, esto es, el clave de dos teclados, que por la diversidad de timbres y por la disposición de sus teclas permite un juego técnico mucho más vasto que el teclado normal de piano. Para este último instru­mento existe una transcripción de Ferruccio Busoni (1866-1924), la cual, aunque notable, es insuficiente para reproducir con exactitud la obra de Bach. Las variaciones se desprenden gradualmente del tema «andante», bastante tranquilo, para formar trozos muy diversos y volver luego a otros tranquilos; algunas (VI, IX, XII, XV, XVIII, XXI, XXIV, XXVII) son cánones en los cuales se muestra y se afirma la gran maestría contrapuntística de Bach; otras (VII, IX, XVI) están casi en forma de dan­za, o tienen forma de «pastoral», de «bar­carola», de «largo», etc.

Algunas son tam­bién curiosas como documentos de gustos diversos: la XVI, en forma de obertura de gusto francés y de gran moda en aquel tiempo, conserva su carácter algo pomposo; la XXX es un «quodlibet», forma en uso desde el siglo XV y que consistía en improvisar sobre cantos populares o muy cono­cidos, verdaderos trozos contrapuntísticos con palabras bufonescas, etc. En esta últi­ma, sobre el bajo constituido por el tema, se enlazan dos partes que son canciones populares de aquel tiempo, cuyas palabras eran bastante burlescas. Las Variaciones Goldberg son raramente ejecutadas por su dificultad técnica y por su gran extensión, que llena casi toda una sesión.

R. Malipiero

Bach, al reanudar el arabesco, supo ha­cerlo todavía más ágil y fluido y — a pesar de la severa disciplina que el gran maestro imponía a la Belleza — supo también guiar sus movimientos con libre fantasía, siempre renovada, que aún causa asombro en nues­tros días. (Debussy)

Cyriel Buysse

Nació el 21 de septiembre de 1859 en Nevele, cerca de Gante, y murió el 26 de julio de 1932 en los alrededores de esta ciudad.

Escritor flamenco, inició su ac­tividad literaria como seguidor de Zola y de C. Lemonnier, y describió con un vio­lento naturalismo la vida de los obreros y campesinos de la comarca situada entre Gante y Brujas (El derecho del más fuerte [Het Recht van den Sterkste, 1890]).

Muy pronto, empero, su interpretación de la exis­tencia de los humildes se hizo menos uni­lateral y acercóse a la de Maupassant. Junto con Vermeylen, De Bom y Prosper Langendonck fundó en 1893 la revista Van Nu en Straks, casi tan importante para la cultura flamenca como lo ha sido Nieuwe Gids res­pecto de la holandesa.

Algunos años des­pués separóse del grupo, y fundó en Ho­landa, con L. Couperus y Van Nouhuys, la revista Groot Nederland. Entre sus novelas cabe citar La vida de Rosa de Dalen (v.), La pélotita [Het Bolleken, 1906], El borrico [Het Ezélken, 1910].

Escribió también para el teatro; frecuentemente sus comedias son refundiciones de novelas: tal ocurre con María (1900), basada en el argumento de El derecho del más fuerte. La familia de Paemel [Het Gezin van Paemel, 1902] es considerada el más intenso drama social fla­menco.

Otras obras teatrales de este autor son La justicia [Het Recht, 1908], Jan Bron (1921) y El defensor [De Plaatsvervangende verdediger, 1930]. El teatro de B. presenta matices intensos y un diálogo conciso; no obstante, la acción no siempre resulta bien construida.

A. H. Ltujdjens